Parece ser que la desviación presupuestaria de las grandes infraestructuras como lo sucedido en el canal de Panamá con la empresa española Sacyr, en el País Vasco no se da. Pero la línea 3 de metro Bilbao que tenía previsto la finalización de las obras para mediados de 2014 y con un presupuesto de 153 millones, ahora nos tocará pagar 279 millones, es decir 126 millones más, casi el doble.
En este País no se piden explicaciones. Tanto los partidos políticos como los medios de comunicación se contentan con la explicación del Diputado General José Luis Bilbao, para el cual el desvío presupuestario ha sido por: «las dificultades técnicas y otras que no pensaban encontrar». Una actitud, que deberá ser investigada por la fiscalía, ya que la ley vigente establece que debe ser un recurso excepcional.
Esta actitud contrasta con la posición del Gobierno Panameño que parece no estar dispuesto a asumir los sobrecostes que el consorcio ha declarado. La estrategia de las grandes empresas constructoras y de los políticos en el poder, que tradicionalmente ha sido una de las fuente de la corrupción, es el de dar la concesión a las empresas amigas, a un presupuesto más bajo de lo habitual.




