(…) Esta magnífica herramienta precisaba de la intervención de una única persona al frente de unos sencillos mandos de control, sobre todo para vigilar que todo funcionaba bien como siempre había sucedido desde su puesta en marcha.
En el sistema capitalista que había conseguido hacerse con el control de todo el mundo, aquello suponía una terrible desgracia: el paro se extendería en breve a toda la población mundial, la única persona trabajadora no podía siquiera dormir porque corría el peligro de perder el único puesto de trabajo existente en el mundo: el de la empresa propietaria de la máquina, única viable a nivel mundial.

















