El pasado 22 de marzo una marea humana de dignidad surgida de todos los pueblos y naciones del estado puso el punto de partida a una lucha que reclama el fin de un sistema corrupto que antepone los intereses del capital al de las personas, con el grito de pan, trabajo y techo. La forma llana y sencilla de reclamar unos derechos básicos no debe esconder la realidad de unas exigencias de mayor alcance, estas reivindicaciones vienen ligadas a las de fuera los gobiernos de la Troika, no al pago de la deuda ilegítima, y no a los recortes.
Este 21 de junio la dignidad se pone de nuevo en marcha. La lucha no debe ceñirse a una acción o una manifestación puntual, debe convertirse en una movilización continuada que logre sumar a una mayoría social dispuesta a exigir una vida digna y un cambio radical de las políticas económicas. Una exigencia necesaria porque vivimos una situación de auténtica emergencia social, una situación que nos muestra datos de malnutrición infantil, pobreza, exclusión social y desempleo masivo que además de ser alarmantes son inaceptables.
















