Hace casi un siglo un pensador italiano, de nuevo de moda, Antonio Gramsci, identificó el pensamiento hegemónico como esa visión de la realidad que espontáneamente hace suya la mayoría social.
Un siglo antes, en 1801, un autor hoy menos popular, Antoine Destutt de Tracy, había dejado escrito que las ideas dominantes de una época son las de la clase hegemónica, que consigue con ellas hacer pasar por ordinarias e indiscutibles, lógicas y naturales, las relaciones de subordinación de unos individuos respecto de otros.
En los dos casos, además de advertirse sagazmente la trastienda de la realidad, se formulaba una propuesta de acceso al poder que no pasara inevitablemente por la vía revolucionaria sino por la capacidad paciente y hábil para imponer las ideas propias a la mayoría social, hasta hacer que esta confundiera lo que es normal con lo que le ha vendido esa corriente política.
Alguno de los nuevos grupos políticos ha devuelto a la peana intelectual a Gramsci, a pesar de que no resultó muy eficaz cuando en los años setenta los padres de los de ahora echaron mano de él para dar vida a experimentos como el eurocomunismo.













Poder probar tu situación de falso autónomo es fundamental para que salga adelante una demanda contra la empresa que te tiene (o haya tenido) en esta situación fraudulenta. Con unas pruebas que demuestren a las claras que trabajas por cuenta ajena y que realmente no eres un autónomo pese a que lo ponga en tu contrato mercantil (si es que lo tienes), tu relación tiene muchas posibilidades de pasar a ser laboral y por tanto contar con los derechos reconocidos a todos los trabajadores tanto por el Estatuto como por el Convenio en tu sector.
