El debate decisivo que lo iba a decidir casi todo no decidió casi nada pero tuvo una frase que puede ser definitiva. La dijo Pablo Iglesias en su alegato final: no olviden. Parece que esta campaña de futbolín, carreras de coches, viajes en globo, bailes, canciones y charlas de cuñao en casa de Bertín, quiere hacernos olvidar lo que ha pasado los últimos años en este país. No dramatice, aplauda, ríase, lo peor ya ha pasado y si ve que algo va mal, cambie de canal. La diversión televisada quiere sumirnos en la amnesia colectiva.
Es lo que conviene al bipartidismo y especialmente al PP que gobierna: que cuando vayamos a votar sólo nos acordemos de lo campechano que es Rajoy en las distancias cortas y no de los desahuciados, parados, dependientes, inmigrantes, emigrantes, mujeres, jóvenes, médicos, profesores y precarios a los que ha abandonado durante la legislatura. La oposición cometerá un error si sigue jugando a ganar el concurso de simpatía. En unas elecciones en las que nos jugamos casi todo, quieren que juguemos a la nada.











