Teresa Claramunt Creus, maestra de la vida (Por Laura Vicente )

Hoy día 4 de junio, hace 149 años, nació Teresa Claramunt Creus. He escrito muchas veces sobre esta mujer: dos libros, muchos artículos, pequeños textos. He dado múltiples conferencias sobre ella, a veces hablando solo de su biografía personal y social, otras veces como pionera dentro de la genealogía del feminismo anarquista y, en otras ocasiones, comparando su trayectoria con la de otras mujeres.

La biografía que hice sobre ella fue el inicio de un largo camino en mi manera de entender la investigación histórica que llevo recorriendo desde entonces. Aunque conocemos muy pocos datos sobre su vida personal, despuntan algunos aspectos que me gustaría recordar en este aniversario.

Teresa Claramunt fue una niña obrera que conoció los talleres y las fábricas textiles desde los diez años. Esos espacios de trabajo poco higiénicos, agotadores, llenos del ruido de los telares de lana que soltaban polvo en suspensión irrespirable, se encarnaron, como no podía ser de otra forma, en ella. Siempre integró en su cuerpo los sufrimientos, los dolores, el cansancio y, también, los saberes que germinaron en su constitución de mujer rebelde.

Muy pronto fue consciente que las mujeres sufrían una explotación peculiar y diferenciada de sus compañeros y, a la vez, que los hombres no las consideraban relevantes en la lucha sindical, como mucho, obreras subalternas que era mejor que permanecieran calladas. Por eso, desde muy joven contribuyó a constituir espacios sindicales de cordialidad, no mixtos, donde encontrarse con otras obreras para vivir la experiencia de la lucha igualitaria en una sociedad de clases y patriarcal desigualitaria.

Desde su incipiente anarquismo creció como oradora y propagandista de la mano de su pareja, Antonio Gurri. Su popularidad creció en el contexto de los 1º de Mayo revolucionarios con el referente de los Mártires de Chicago que la convencieron de la pertinencia de su lucha. Ella hablaba desde su cuerpo de obrera, desde su vida, desde su existencia y entre sus palabras encontraba a otras mujeres y hombres enamorados de la idea de la emancipación humanitaria.

Construyó una «familia» peculiar formada por amigas con las que recorría los barrios hablando de librepensamiento, de la opresión de las mujeres, de la explotación de hombres y mujeres, de anticlericalismo, de educación, de autonomía, de la anarquía. Sus palabras volaban y se convirtió en una mujer peligrosa: empezaron las detenciones, la cárcel, la tortura, Montjuïc, la expatriación, la exclusión de una sociedad que no tenía hueco para mujeres como ella. Y todo este caudal de experiencias seguía siendo encarnado mientras perdía a sus hijos/as (hasta cinco) por la alimentación deficitaria, los trabajos mal pagados, las estancias en la cárcel, la precariedad.

Fue una entusiasta del amor libre y lo practicó por consecuencia con sus sentimientos y sus ideas cuando la mayoría de los hombres no entendía qué quería aquella mujer con su eterno moño de tejedora aunque ya no pisaba las fábricas de telares. Cuando su cuerpo vulnerable ya no le permitió trabajar, vivió en casa ajenas (aunque de compañeros/as de ideas) a cambio de ayudar y educar a sus hijos/as, ella que no era maestra de oficio sino maestra de la vida.

Hace 159 años de su nacimiento, sin embargo estos trazos de su vida son tan actuales en el siglo XXI que nos desconciertan. Dejemos que esta mujer nos descoloque y nos haga pensar en la necesidad de que buceemos en su postura ante la vida que supo vivir con consecuencia, es decir, asumiendo también sus muchas contradicciones y sus errores.

Laura Vicente

http://pensarenelmargen.blogspot.com/

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