Luz al final del túnel (sobre la discriminación energética) Por Rafael Cid

<<Las grandes eléctricas esperan captar 53.000 millones de los fondos europeos>>

(De la prensa)

No sabemos si es por empacho ideológico o por espíritu de superación mal entendido. Pero lo cierto es que el actual ministro de Consumo acaba de enmendar la plana al mismísimo Lenin, el revolucionario ruso de su predilección que proclamara <<comunismo es el gobierno de los soviets más electricidad>>. Pata negra del PCE, Alberto Garzón ha demostrado que es capaz de ver luz al final del túnel donde la gente corriente solo ve todo negro.

Salvo que su peculiar praxis implique transformarnos en topos. Esa es la triste condición a que pueden verse abocados muchos ciudadanos (de entrada 10,7 millones de hogares del mercado regulado) con la entrada en vigor de las nuevas tarifas de la luz. Un tipo-marco que desplaza el gasto de energía en los hogares al túnel nocturno y los fines de semana. Si se quiere abaratar su precio, que en los últimos meses alcanzó cotas históricas, y sin contar con el bochornoso apartheid de La Cañada Real.

La discriminación horaria a la que Garzón ha dado el visto bueno, en concurso con sus pares de Economía y Transición Ecológica, es una disparatada ocurrencia que avergonzaría el mismísimo Fray Gerundio de Campadas, alias Zotes. Solo el ciudadano-topo que robe horas al descanso para las labores domésticas se verá agraciado con un descenso en el recibo de la luz. Un método de eficiencia energética a pedales que se da de bruces con la incentivación del teletrabajo casero como nuevo hallazgo productivo promovido por empresas y autoridades. Porque de seguir concentrándose el consumo particular e industrial en las mismas franjas de actividad, los apagones podrían estar a la orden del día. Tan deficiente y obsoleta es la red eléctrica nacional.

Otra vez la misma treta, llueve sobre mojado: socializar pérdidas y privatizar ganancias. Pero ahora con el aval de un gobierno de izquierdas. Las grandes compañías del sector (y las corporaciones bancarias que las controlan) postergan esas multimillonarias inversiones hasta aprovechar el maná de los fondos europeos a coste de saldo. Y mientras, el gobierno PSOE-UP continuará con ese confiscatorio 21% de IVA aplicado en la factura de la luz, uno de los más más altos de la Unión Europea (UE). Truco o trato, quedaría por saber qué saca de este infame bodrio Unidas Podemos (UP). Máxime cuando en el programa de gobierno pactado entre Iglesias y Sánchez el 13 de noviembre de 2019, apartado 3.2, se prometía <<Modificar la factura eléctrica […] de forma que el coste a pagar por las personas consumidoras por los primeros Kw/h sea inferior a los siguientes>>.

La anunciada progresividad energética por nivel consumo a favor de los menos pudientes, de momento ha quedado en una flagrante desigualdad social con nocturnidad y bobería. Pocas luces.

Rafael Cid

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