Europa ha promovido y participado a lo largo de su historia en guerras y saqueos de diversos continentes y pueblos. Paradójicamente, los cientos de miles de personas que salieron de Europa buscando refugio en terceros países fueron acogidas por estos, permitiéndoles así, iniciar una nueva vida.
Hoy en día, quienes huyen hacia Europa, sólo obtienen desprecio, criminalización y represión por parte de los estados miembros de la UE. Desprecio a estos seres humanos con una historia personal difícil y la universal necesidad de buscar un lugar donde desarrollar su proyecto vital en paz.
El marco de esta situación es el acuerdo criminal entre la UE y Turquía. Se les expulsa a este estado autoritario, que reprime toda disidencia interna y masacra al pueblo kurdo, para que haga el trabajo sucio a cambio de 6.000 millones de euros. Desde enero han llegado, según Naciones Unidas, más de 200.000 personas, las cuales, según Amnistía Internacional están en riesgo de indigencia, cuando no de perder su vida.
Mención especial merece la doble victimización de mujeres y criaturas. Además, cabe recordar que se han ahogado en el mar más de 2.500 personas y que, cerradas las entradas por Turquía y Grecia, esta cifra irá en aumento por las nuevas rutas hacia Italia.

















