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COVID19, el sindicalismo y la prisión de cristal (Por Ermengol Gassiot)

Cuando hace casi cuatro semanas el gobierno español decretó el Estado de alarma, todo el sindicato se puso en marcha. Vimos sistematizar la recopilación de información sobre la situación y en especial de los cambios normativos que iban cayendo uno tras otro. Cada día páginas y páginas de BOE y algunas de DOGC, junto a otros documentos. Lo procesamos y lo explicábamos a nuestra gente y en los centros de trabajo. Nos preparábamos para hacer sindicalismo en una situación inédita pero que intuíamos que no sería nada fácil. De repente, se extendió un estado de pánico general a una enfermedad sobre la que de vez tomamos conciencia de su proximidad.El miedo y un torrente de medidas de los distintos gobiernos empezaron a ir de la mano. Mientras, como quien pesca, los dueños de las empresas comenzaron a maquinar cuál era la mejor forma de sacar provecho a la nueva situación . O, como mínimo, de limitar los costes.

En este contexto, intentamos hacer sindicalismo. Yo diría que fue una respuesta unánime de nuestra organización y probablemente también de otros sindicatos. Con un par de frases del estado de alarma había eliminado algunas de las herramientas esenciales de la lucha obrera. No podíamos hacer asambleas ni reuniones de ningún tipo, aunque paradójicamente continuaba pudiéndose amontonar en centros de trabajo, en oficinas o en fábricas diversas . No podíamos salir a la calle a manifestarnos, aunque si era para ir al trabajo no había ningún problema para que lo hiciéramos y entráramos a unos trenes, metros o buses menudo todavía llenos. Sin embargo, nosotros nos empapamos de datos, de análisis de múltiples situaciones, abríamos canales para resolver dudas, intentábamos que aunque fuera telemáticamente los trabajadores / as se organizaran.

La primera semana cayó un auténtico bombardeo de ERTE, la gran mayoría de fuerza mayor. De hecho, pocos días antes las patronales y CCOO y UGT ya habían preparado el terreno con otro de sus pactos. Un pacto que el gobierno, bien disciplinado, elevó a real decreto ley. Aunque en los ERTE por fuerza mayor no hay ningún tipo de negociación, desde el sindicato formulábamos alegaciones a la administración e informamos a la administración pública. En este escenario donde militares y policías cada vez acompañan más a los responsables políticos en unas ruedas de prensa donde se habla en lenguaje bélico, los medios de comunicación parece que también han entrado en una dinámica de guerra. Y todo el mundo sabemos que en una guerra la prensa básicamente es propaganda. En definitiva que, salvo alguna rendija inicial, las noticias de vulneración de derechos laborales en una situación de crisis sin precedente han dejado de ser noticia. Alucinante cuando un 25% de los y las asalariadas de Catalunya han ido a parar en paro, ya sea de forma temporal o definitiva.

En medio de este ataque sin precedentes, desde el sindicato hemos recurrido al único espacio que nos ha mantenido la administración. Presentamos alegaciones al Departamento de Trabajo y la respuesta es silencio. Presentamos denuncias a Inspección de Trabajo y la respuesta nuevamente es la falta de respuesta . Escribimos a los responsables políticos de Trabajo y nuestros correos desaparecen quien sabe qué cajón. Prácticamente las únicas noticias que recibimos de las administraciones competentes es que no podemos detener centros de trabajo, aunque quienes trabajan se encuentren en riesgo de contagiarse del COVID-19. Noticias que vienen acompañadas del recuerdo constante de las restricciones para acceder al espacio público: prohibido moverse y prohibido reunirnos, excepto si es para trabajar y generar beneficios los que siempre han mandado.

Mientras, los trabajadores y trabajadoras vamos a trabajar demasiado a menudo sin medidas de protección. Y los empresarios y gerentes nos siguen enviando a la calle. O nos obligan a coger vacaciones. O nos imponen jornadas maratonianas de teletrabajo, de lunes a domingo. Todo ello sin apenas respuesta, porque la respuesta se ha silenciado por decreto.

Yo no he vivido la época en que los sindicatos estaban formalmente prohibidos. Ahora en ningún momento nadie ha planteado una medida como ésta. Pero la realidad es que el estado de alarma ha sido una buena excusa para sacarnos las herramientas que siempre han sido nuestros medios de lucha: asambleas, huelgas y acción directa . Y la pequeña zanahoria que nos han dejado, recurrir a los espacios institucionales, no aporta ninguna respuesta. Es, en realidad, una zanahoria que, como el asno, por mucho que caminamos no llegamos nunca. Junto con las restricciones, el silencio es la otra cara de la ley.

Alrededor del sindicalismo el estado de alarma ha levantado una prisión de cristal . No la vemos. Costa intuir su existencia. Pero es bien real y efectiva, como aquellas cadenas que no notamos pero nos atan bien corto. Neutraliza nuestra capacidad real de respuesta a unas agresiones que hacía décadas que no sufríamos. Una prisión de vidrio que sólo abre sus puertas para que, disciplinadamente, vamos de nuevo a trabajar. En definitiva, el sueño eterno de la patronal.

* Ermengol Gassiot, Secretario General de la CGT de Catalunya

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