Inicio Economía Chulería con el chuletón (Por Antonio Pérez Collado)

Chulería con el chuletón (Por Antonio Pérez Collado)

por CGT-LKN EuskaL Herria

Desde que cualquiera de los padres de la patria, con sueldos públicos que multiplican por diez el salario de muchos trabajadores, puede aparecer en la pantalla de nuestros televisores diciendo parecidas barbaridades a las que escuchamos en los programas basura (¡y cuál no lo es en estos tiempos!) ya no es admisible seguir asombrándose del bajo nivel del debate político en nuestro país.

Cada hornada de profesionales de la política (o lo que sea eso que practican) supera a la anterior en ineptitud y carencia de valores; de tal forma que nos van a forzar a que añoremos a cargos públicos ya desaparecidos de la escena mediática que, en su momento, tampoco es que fueran muy brillantes pero al menos eran capaces de articular algún discurso y argumentar una propuesta sin necesidad de insultar al contrario y justificar los fallos propios con el “y tú más”.

Pero cuando ya piensas que lo has visto todo en meteduras de pata y declaraciones penosas, va el mismísimo presidente del gobierno progresista – que no era muy habitual en este campo del chascarrillo fácil y la puya sin gracia – y comete la torpeza de pretender ridiculizar a su ministro de Consumo, precisamente cuando Garzón acaba de realizar unas afirmaciones respaldas por una larga serie de organismos y especialistas en nutrición y salud.

Nada más escuchar a Pedro Sánchez responder con su ya famosa frase de “un chuletón al punto es imbatible» a la campaña lanzada por el ministerio de Alberto Garzón para recomendar la reducción del consumo de carne, la duda que nos queda es si el presidente es así de simple o si, por el contrario, ha sido la pugna interna entre los dos partidos del gobierno de coalición la que ha provocado que Sánchez comete el error de desautorizar a un miembro de su propio equipo. En esta ocasión, callado (o contestando con evasivas, como suelen hacer los políticos a diario) el presidente no solo hubiera estado más guapo sino mucho más acertado.

Pero la polémica desatada por este cruce de declaraciones podría tener la virtud de abrir en nuestra sociedad un debate imprescindible que se viene retrasando intencionadamente desde hace años. Que la emisión de unos anuncios, recomendando comer menos carne de la mucha que ingerimos a diario, haya generado tal polvareda nacional y puesto en plan de ataque a lo más representativo de la industria cárnica española viene a confirmar los grandes intereses económicos que se mueven alrededor del mercado de las carnes y sus derivados.

Lo cierto es que en nuestro país se ha disparado la producción y el consumo de productos cárnicos en la últimas cuatro décadas. Veníamos de una época, la dictadura franquista, en la que a la hambruna de la posguerra le sucedió una larga etapa de escasez y pobreza, donde la carne era un producto casi de lujo que, salvo las familias ricas, solo se consumía en contadas y especiales ocasiones. Con la llegada del desarrollismo el nivel de vida subió considerablemente y la carne pasó a ser un alimento frecuente en nuestras mesas. La publicidad televisiva y el modelo de vida norteamericano fueron cambiando los hábitos gastronómicos del país, hasta el extremo de que hoy día el 70% de la población ha abandonado la sana y recomendable dieta mediterránea.

El crecimiento de la ingesta de productos cárnicos ha sido tan acelerado que en la actualidad España ocupa el primer lugar de la UE en consumo de carne (más de 50 kg anuales por habitante) y, en consecuencia con esa alta demanda, también estamos entre los cuatro principales productores de este boyante negocio. Aunque las recomendaciones de los nutricionistas sitúan el consumo aceptable de de carne entre 250 y 500 gramos semanales, muchos españoles cuadruplican esas cantidades.

Pero el consumo excesivo de carne no sólo es un riesgo para la salud de las personas (y sobre esa peligrosidad no creemos que Pedro Sánchez tenga nada de objetar) con el consiguiente incremento del gasto sanitario, sino que también es un problema – y no menor – para el medioambiente. En efecto, el sector ganadero es responsable del 15% de los gases lanzados a la atmósfera (efecto invernadero, cambio climático, etc.) con porcentajes tan alarmantes como el 31% del total de emisiones de metano y el 67% de amoniaco que genera el sector porcino. Por otro lado y no menos preocupante la actividad ganadera es un gran depredador de recursos naturales; tengamos en cuenta que un kilo de vaca precisa de 15.000 litros de agua, y que la ganadería consume ⅓ de la producción total de cereales. No es sostenible, por tanto, una actividad ganadera intensiva cuando se anuncia una escasez creciente de agua para consumo humano y mientras millones de personas siguen padeciendo hambre en el mundo.

En definitiva y con independencia de la credibilidad que nos merezca la presencia en el gobierno de Unidas-Podemos, después de ver el retraso que llevan cambios tan anunciados como la derogación de la ley Mordaza, las reformas laborales y de pensiones, los desahucios, etc. lo que no podemos negar es que el debate sobre los malos hábitos en la alimentación es oportuno y necesario. Y que no nos engañen diciendo que los que recomendamos más verdura, fruta, huevos, pescado y lácteos en nuestra dieta estamos atacando al pequeño ganadero de la España vaciada; porque es al revés: es la poderosa industria cárnica, los grandes distribuidores, los que arruinan con su política de precios a las familias que cultivan la tierra y crían animales con métodos tradicionales, de forma extensiva.

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