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Socializar la estupidez: coronavirus, geolocalización y Semana Santa (Por Rafael Cid)

Los Estados, los gobiernos, el patrón, las autoridades todas, se rigen por el principio de la ley del embudo: ancho para ellos y estrecho para el resto. En román paladino eso significa históricamente que se lleven los beneficios mientras nosotros cargamos con las pérdidas. Esa ha sido la norma suprema de nuestra devotio ibérica, impasible el ademán. Como dice la letra de Atahualpa Yupanqui: <<Las penas y las vaquitas van por la misma senda / las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas>>. Y tiene su predicamento original en el modelo económico dominante. Mejor dicho, hegemónico. Porque hoy todo cristo lleva tatuado en su calavera el virus del capitalismo insolidario y depredador.

Pero junto a este troquelado, existe otra patología que poco tiene que ver con el manido trágala de la <<mano invisible>>. Además del consabido mutualizar pérdidas y privatizar ganancias y pérdidas, el otro vestal que nos hace aún más inútiles (en el sentido de los griegos antiguos, el individuo del <<ande yo caliente…>>), consiste en la socialización de la estupidez, el avasallamiento del sentido común. Y este butrón casi siempre se perpetra en la modalidad de acto auto-infligido. Fruto de la obediencia debida y su zona de confort.

Los ejemplos son de todos los géneros y colores. No se salva ni Dios. Fenotipos en ristra que abarcan desde el síndrome tóxico y ese <<bicho que si se cae de la mesa se mata>> con UCD; hasta las armas de destrucción masiva y la trola del 11-M del PP; la <<España va bien>> en versión del PSOE frente al <<catastrofismo>> de la crisis financiera que se nos venía encima; y terminando (toquemos madera) con el actual tsunami de la pandemia del coronavirus con el gobierno bicéfalo Sánchez-Iglesias. En todos estos casos, con más o menos éxito, el poder (que por definición es un mando único e integral, como ahora) entonó idéntica letanía: <<nadie lo vio venir>>. Ni ellos, vigías ciegos a cargo del faro de Alejandría.

Con la precisión de un macabro conjuro, la crisis que ahora nos aflige vuelve a poner de moda la centrifugación de la responsabilidad. Lo vemos en las comparecencias del presidente del Gobierno y en las paralelas de esa junta científico-militar. <<Todos somos soldados>>, y puesto que la sociedad civil ha pasado a peor vida, estamos bajo la autoridad competente, militar por supuesto, otra vez. Así, en consecuencia, somos clónicamente equivalentes. La jerarquía, el verticalismo y el autoritarismo piramidal de arriba-abajo deviene en conectividad igualitaria cuando vienen mal dadas para el poder. El relato, la narración del <<todos para uno y uno para todos>>, se convierte en otra trampa saducea (que decía el innombrable que preñó la parida de la transición como <<intelectual orgánico>>).

El diario El País (siguiendo la línea común en todos los medios, más gubernamentales que nunca porque sin las generosas ayudas oficiales demandadas – quien se mueve no sale en la foto- están condenados ante el desplome de la publicidad) lo ha retratado con fruición en un titular del domingo 29 de marzo del siguiente tenor literal: <<Relato de una pandemia que nadie vio venir>>. Como hizo Diario 16, un panfleto de fake news al servicio del socialismo rociero, el 9 de marzo, 24 horas después de la piñata del 8-M, para trastear al <<alarmismo>> rampante:<<El coronavirus se cobra 26 vidas en España frente a la gripe que provoca ya 6.500 muertes>>. O, ya en un plano de alta reflexión intelectual, en lo que el progresista CXT proclama: <<En plena pandemia, Brasil está en manos de un psicópata>>. ¿Aporta algo nuevo el digital radical, o simplemente nos conforta en la pretendida asimetría? Ni lo uno ni lo otro, aunque lo busque torticeramente, porque sabido es que Bolsonaro es un perfecto canalla. Y el consuelo desfallece cuando si a México lindo y querido con un <<rojo>> López Obrador promocionando amuletos y estampitas para exorcizar al coronavirus. Todo eso cuando el último fin de semana arroja un pico de pandemia que eleva a 6.528 los fallecidos, 838 los muertos en un día, y el mayor número de sanitarios afectados del mundo (cuatro veces más que lo registrados en el epicentro de China). Cuéntame cómo pasó.

De nuevo, el statu quo prolonga su sombra adormidera socializando la estupidez. Exculpatio nom petita…<<Todos somos soldados>>, ergo, desfilemos marcialmente como un solo hombre, a la voz del mando de la UME (2.500 millones de presupuesto consolidado en detrimento de la verdadera protección civil). Juego de patriotas. Y así de tumbo en tumba, vamos de victoria en victoria hasta la ceguera total. Que la ministra comunista de Trabajo, Yolanda Díaz, afirma que <<quedan prohibidos los despidos>>, Santas Pascuas, aunque la cosa vaya solo de subir la tarifa del brutal puntapié. Que Interior recomienda a la policía emplear la ley mordaza <<por ágil>> frente a los que burlen el confinamiento, normal cuando funciona en la práctica un <<estado de excepción>> excretado como <<estado de alarma>> para que la pifia no sea tan descarada. Que la Generalitat catalana y un grupo de 70 científicos solicitan con inusitada diligencia un control más riguroso del trasiego en la vía pública, es cosa de separatistas que buscan derribar el régimen del 78, aunque ocho días después el presidente Sánchez decrete esa misma medida para <<anticipar la Semana Santa>> hasta el 9 de abril. Eso sí, ¿Y digo yo, no fue esa <<ley mordaza digital>> la que aprobó el gobierno de coalición de izquierda al día siguiente de tomar posesión con nocturnidad y alevosía?

¡Todo por la patria en esta casa-cuartel que se llama Estado español! La ciudadanía confinada; los trabajadores deslocalizados; los partidos hibernados; los sindicatos menguantes. Estamos en buenas manos, dejadlos solos. No hay nada que al mando se le resista, por sus logros los conoceréis. Como bien dijo el general de la guardia civil en el penúltimo parte de la rueda de portavoces poli-mili (usted pregunte lo que quiera que nosotros contestamos lo que nos dé la real gana), varios números de la Benemérita coronaron con éxito un servicio en una gasolinera para suministrar a un hospital cercano cinco bolsas de cubitos de hielo. ¡Qué nivel Miquelarena! Menos mal que el Comisario General de la Policía tuvo dignidad de negar la mayor reconociendo que desde el 23 de enero, por indicación de Sanidad, llevan intentando adquirir mascarillas y guantes para sus dotaciones… infructuosamente.

¡Si hubiéramos sabido que el poder era esto!

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