Quico Sabaté, el último guerrillero urbano ( Por ANGELO NERO / DE NUEVA REVOLUCIÓN)

Fue el máximo exponente de la guerrilla urbana antifranquista en Cataluña, y combatió al fascismo hasta su muerte, en 1960. Se llamaba Quico Sabaté, era anarquista, y se convirtió en leyenda. Había nacido en L’Hospitalet de Llobregat, en 1915, y su espíritu rebelde se manifestó ya desde la infancia, antes de los 17 ya se había afiliado a la CNT, y fundó el grupo de acción directa «Els Novells”, los novatos, en el seno de la FAI, con sus hermanos y un puñado de amigos, con el que realizó las primeras expropiaciones, para ayudar a las familias de los presos anarquistas.

     El Quico siempre fue un hombre de acción, y durante la guerra civil combatió con la Columna de los Aguiluchos de la FAI, en el frente de Aragón, y posteriormente en la 26ª División de la Columna Durruti, dirigida, a la muerte de este, por Ricardo Sanz. A pesar de ser confinado en un campo de concentración francés, con la derrota republicana, el compromiso anarquista y sus ganas de combatir al fascismo no menguaron, y tras su liberación, y después de una breve estancia en Angoulême, dónde trabajó en una fábrica de explosivos, se asentó con su familia en Coustouges,  a menos de un kilómetro de la frontera, para estudiar las rutas de entrada a España, con intención de continuar la lucha.

    Cinco años después del fin de la guerra civil española, Quico Sabaté cruzó la frontera, para formar una partida de maquis, que expropiaban bancos y requisaban dinero a los empresarios franquistas, con el objeto de financiar actividades de propaganda anarquista, organizar las redes sindicales y realizar sabotajes contra los intereses del régimen en Barcelona, llegando a atentar contra el comisario jefe de la Brigada Social, mientras mantenía su refugio en Francia, donde llevaba una vida aparentemente normal. También atentaron contra los consulados de Perú, Brasil y Bolivia, para protestar contra el voto de estos países a favor del reconocimiento del régimen franquista por la ONU.

    Sin embargo fue descubierto por las autoridades francesas y tuvo que buscar refugio en París, en casa del anarquista Lucio Urtubia, otro personaje de leyenda, que acabaría por poner en jaque, en los años setenta, al mayor banco del mundo, al que robó, mediante la falsificación de cheques de viaje, más de 20 millones de dólares. Sin embargo esto no impidió que, en 1949, Quico Sabaté fuera encarcelado por tenencia de explosivos y confinado durante varios años en Dijón.

    Eludiendo su confinamiento, volvió a la clandestinidad y retomó la actividad guerrillera, por lo que fue señalado por los medios españoles como “el enemigo público número uno del régimen” franquista. Aunque también tuvo fuertes discrepancias con la dirección, en el exilio francés, de la CNT-AIT, por negar su colaboración con grupos armados comunistas yugoslavos o argelinos. Con quien si colaboró, incluso emprendiendo acciones conjuntas, fue con otros grupos anarquistas en Cataluña, como los liderados por Marcel•lí Massana y Josep Lluís Facerias.

    A mediados de los años cincuenta, la actividad guerrillera en Cataluña se había reducido drásticamente por la represión, y prácticamente solo quedaba operativo el grupo de Quico. La resistencia libertaria en Barcelona había sido aniquilada prácticamente a principios de la década, cuando decenas de maquis fueron detenidos y muchos de ellos asesinados en enfrentamientos con las fuerzas franquistas o fusilados, como pasó con su hermano mayor Josep, abatido por la policía en 1949, o con su hermano pequeño, Manuel, fusilado en 1950.

   Sin el apoyo de las organizaciones libertarias, Quico regresó a Barcelona en 1955, con otros cuatro compañeros, decidido a luchar hasta el final, y expropiaron varios bancos, llevándose suculentos botines que sirvieron para editar el diario El Combate, y continuar con diversas acciones de propaganda, como la realizada con motivo de la visita de Franco a la capital condal, en la que inundó de octavillas anarquistas el centro de la ciudad, utilizando un bazoka artesanal. Cuando estaba a punto de finalizar el año siguiente, su grupo realizó un atraco a una empresa para llevarse la paga de navidad, llevándose un millón de pesetas.

   Buscando refugio en Francia, fue detenido por la gendarmería, condenado a ocho meses de prisión y volvió a ser confinado en Dijon, aunque volvió a eludir el confinamiento, y regresó a Cataluña en diciembre de 1959, acompañado de cuatro jóvenes anarquistas, pese a no contar con redes de apoyo, y ya en el punto de mira tanto de las fuerzas policiales francesas como de las españolas.

    En los primeros días del año 1950, Quico Sabaté y sus compañeros fueron acorralados en una masía, en las montañas entre Gerona y Bañolas, y solo él consiguió escapar del cerco, después de abatir a un guardia civil. Herido de bala en partes no vitales, inició una huida desesperada, perseguido por decenas de fuerzas policiales franquistas, e incluso se hizo con el control de dos trenes, saltando del segundo en marcha en San Celoni, donde intentó procurar ayuda médica. Allí fue asesinado por un miembro del somatén, un cuerpo parapolicial de protección civil, creado por Primo de Rivera, a las ocho de la mañana de un cinco de enero.

Quico Sabaté tenía entonces 44 años, pero ya se había convertido en inmortal.

https://canarias-semanal.org/art/31185/quico-sabate-el-ultimo-guerrillero-urbano

Comparte:
Share