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¿Obrar desde la base o acatar órdenes de supuestos sabios?

I Bakunin (casi anarquista) y la organización

Los tiempos eran muy apretados para Bakunin que debía estar en alerta para una eventual y espontánea insurrección, tanto en Italia como en España, sin hablar de Rusia (la  parte propiamente rusa y la parte polaca) o en los Balcanes.

Y el documento que tenemos -una carta a Serguey Nechayev, una especie de Lenin- Trotsky-Stalin1 que les influyó con creces- (http://www.fondationbesnard. org/article.php3?id_article=644) pertenece de lleno a esta fase de precipitación probable de los eventos. Por eso se nota una propensión (ver más lejos) de Bakunin a pesar sobre el pueblo, que él mismo Bakunin rectificó tras la Comuna de París ( marzo-mayo de 1871). En efecto el texto es de junio de 1870, unos diez meses antes.

Creo que la lectura atenta de la carta a Serguey Nechayev nos aporta una serie de elementos valederos en las circunstancias actuales.

Una primera enseñanza de esta relación entre Bakunin y Nechayev es que, por una hipotética eficacia mayor en un grupo, es imposible tolerar a individuos que usan la doblez y las intrigas. Y los aspectos afinitarios (todos los aspectos latentes en Bakunin para con Nechayev de homosexualidad o añoranza de paternidad que no realizó), también se deben apartar, si están ausentes en un militante el respeto y la sinceridad para con los demás.

La segunda es el análisis frío de una realidad penosa y de las insuficiencias existentes (Hay periodos en la historia en que las revoluciones son totalmente imposibles; otros existen en que ellas son ineluctables.).

Y de admitirse que estamos en un momento de tensión social, debemos permanecer en la horizontalidad, lo que supone e impone la negativa de “un fanatismo, no ajeno al misticismo”, “una revolución otra que la revolución espontánea, o sea popular y social […] sería deshonesta, dañina y mortal para la libertad y el pueblo, porque le aseguraría una miseria nueva y una nueva servidumbre.”

Este tipo de revolución espontánea, para Bakunin, es la única salida al dilema de la superioridad en armamento del aparato represivo “ La centralización y la civilización, los ferrocarriles, el telégrafo, los nuevos armamentos y la nueva organización del ejército, en fin la ciencia administrativa, es decir la ciencia de la supeditación y de la explotación sistemáticas de las masas, la ciencia de la domesticación de todo tipo de sublevaciones populares, está tan cuidadosamente elaborada, […] que todas las tentativas artificiales, los complots secretos fuera del pueblo, los ataques y los asaltos por sorpresa vendrían a estrellarse contra esta fuerza que sólo podrá ser vencida y destruida por la revolución espontánea, popular y social.”

Para el siglo XIX, Bakunin demuestra una excepcional lucidez. Casi 150 años después, los mismos obstáculos señalados por Bakunin son más difíciles de soslayar, y efectivamente una sublevación colectiva puede lograrlo, como sucedió en 1979 en el Irán del Sah y de la CIA.

La horizontalidad bakuninista significa “liquidación total del mundo estatal y jurídico y de la llamada civilización burguesa por una revolución popular espontánea, invisiblemente dirigida de ninguna manera por una dictadura oficial, sino por la dictadura anónima y colectiva de los amigos de la emancipación completa del pueblo de cualquier yugo, sólidamente aunados en una asociación secreta y actuando siempre y por todas partes con un único objetivo y un programa único.”

Este grupo secreto tiene como único objetivo “despertar, agrupar y organizar las fuerzas populares espontáneas. En estas condiciones, el ejército de la revolución, el único capaz y real, no está fuera del pueblo, es el mismo pueblo. […] Todas las asociaciones secretas que quieren de verdad obrar por ella [la revolución], deben primero dejar todo nerviosismo, toda impaciencia. No deben dormirse, al contrario, deben mantenerse dispuestas en lo posible en cualquier momento, estar por tanto en alerta y siempre capaces de agarrar toda ocasión favorable. […difundir las noticias censuradas] y así despertar en el pueblo ruso el sentimiento de su poder; en una palabra, aunar las múltiples revueltas campesinas en un levantamiento popular. […] Uno de los medios importantes de alcanzar ese objetivo, de acuerdo a mi profunda convicción, es y debe ser valerse de […] la multitud de nuestros vagabundos (los santos y los otros), […] los ladrones y los bandoleros, todo ese amplio y clandestino mundo, que desde siempre está protestando contra el Estado y el estatismo y contra la civilización knutogermánica [=jerarquizada y autoritaria].

Y Bakunin expone los problemas relacionados con ese ámbito de marginales y ladrones ¿Quiénes ignoran que los vagamundos, de presentarse el caso, se convierten fácilmente en ladrones y bandoleros? ¿Y quién, entre nosotros, no es bandolero o ladrón? ¿Acaso no lo es el Gobierno? ¿Nuestros especuladores y negociantes estatales y privados? ¿Nuestros latifundistas y comerciantes? Por mi parte, no soporto, no admito ni el bandolerismo, ni el robo, ni cualquier otra violencia contra la gente. Pero reconozco que si tengo que elegir entre el bandolerismo y el robo desde el trono, el valerse de todos los privilegios, entre el robo o el bandolerismo del pueblo, sin la menor vacilación tomo el partido de éste […]. Existe una poderosa protesta contra la base principal de toda perversión, contra el Estado, por eso es una posibilidad de porvenir. […]

Allí no se puede ser puro. Quien quiera preservar su pureza ideal y virginal, que se quede en su gabinete, que sueñe, piense, escriba sus reflexiones o versos. Pero quien quiera ser un auténtico militante revolucionario […], que tire sus guantes, porque no existen guantes que puedan protegerle de la incalculable suciedad […] generalizada. […] Quien tema los horrores o el fango que se aleje de ese mundo y de esa revolución; pero quien desee servirla, sabiendo lo que le va a suceder, que consolide sus nervios y esté dispuesto a todo.

[…]

Valerse del mundo de los bandidos como instrumento de la revolución popular, como medio de vínculo entre las sublevaciones de masas aisladas, es una tarea difícil. Admito que es necesaria, pero al mismo tiempo sé que soy del todo incapaz de dedicarme a ella. Para emprenderla y llevarla a cabo, es preciso tener nervios sólidos, una fuerza colosal, convicciones apasionadas y una voluntad férrea. […] Ir entre los bandoleros no significa hacerse uno mismo un bandolero y sólo un bandolero. Esto no significa compartir sus pasiones, sus miserias, sus móviles a menudo detestables, sus sentimientos y sus actos. Esto significa darles un alma nueva y despertar en ellos la necesidad de un objetivo diferente, de un objetivo popular. Esta gente salvaje y dura hasta la crueldad tiene una naturaleza fresca, fuerte, intacta y en plena vitalidad, y por consiguiente abierta a una propaganda viviente, siempre que una propaganda por supuesto viviente y no doctrinaria se atreva y pueda acercarse a ellos. […]

Marx ostentó una posición del todo contraria “no concebía al desocupado como sujeto, ni siquiera como miembro de la clase, ya que profesaba una concepción del mundo que hacía centro en torno de las relaciones sociales de producción.2” De ahí el término de “lumpenproletariat” (literalmente proletariado andrajoso, sucio) forma una masa bien deslindada del proletariado industrial. Esta capa es un centro de reclutamiento para rateros y delincuentes de todas clases, que viven de los despojos de la sociedad, gentes sin profesión fija, vagabundos, gente sin patria ni hogar […]3. Noto en el estilo de Marx dos rasgos: una diferencia artificial entre el obrero industrial y el desocupado venido a menos (por ser rebelde a los capataces y quedar en las listas negras patronales, por discapacitado tras un accidente laboral, despedido por viejo, etc.). Y por otra parte, veo una repulsión de Marx por los que sobreviven como pueden en la miseria capitalista, muy próxima al sentido derechista de “chusma”.

Engels es más claro y directo4: El lumpemproletariado”, esa escoria integrada por los elementos desmoralizados de todas las capas sociales y concentrada principalmente en las grandes ciudades, es el peor de los aliados posibles. Ese desecho es absolutamente venal y de lo más molesto. Cuando los obreros franceses escribían en los muros de las casas durante cada una de las revoluciones: “Mort aux voleurs! 5” ¡Muerte a los ladrones!, y en efecto fusilaban a más de uno, no lo hacían en un arrebato de entusiasmo por la propiedad, sino plenamente conscientes de que ante todo era preciso desembarazarse de esta banda. Todo líder obrero que utiliza a elementos del lumpemproletariado para su guardia personal y que se apoya en ellos, demuestra con este solo hecho que es un traidor al movimiento6.

Y sigue el texto de Bakunin:

El mismo pueblo, ya lo vimos, por su ignorancia y desunión, no está en condición de formular este programa, sistematizarlo y unirse en su nombre. El pueblo necesita…

Se adjunta el texto completo

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