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Manifestación contra la Supersur y en defensa del valle del Bolintxu: Sábado 29 a las 18,00 desde el Arriaga

TODAVÍA ES POSIBLE PARAR EL PROYECTO

Bolintxu Bizizik Supersur ez

Han pasado dos años desde que asociaciones y particulares pusieran en marcha la Plataforma Contra la Ampliación de la Supersur “Bolintxu Bizirik”, dos años exponiendo nuestra posición ante esta obra y su impacto en el Valle del Bolintxu, por medio de acciones en el mismo valle, en las calles, en las aulas, en las Instituciones y en los Tribunales.

También, han sido 2 años en los que la Diputación Foral de Bizkaia (DFB) ha defendido el proyecto de forma incoherente cuando no generando noticias falsas. Hemos tenido que escuchar por parte del Diputado General, Unai Rementería, y del Diputado de Desarrollo Económico y Territorial, Imanol Pradales, que no se iba a tocar el valle del Bolintxu y que el impacto ambiental en la zona de obras sería poco relevante. A día de hoy ya se han destruido 15 hectáreas de bosque y campiña del entorno de Seberetxe, incluidos hábitats de Interés Comunitario, como el bosque de ribera. Si el proyecto no se consigue paralizar, en menos de un año llegará al Valle del Bolintxu.

A día de hoy es un proyecto que resulta difícil de justificar, y más después de los sucesivos cambios introducidos en la estimación de la demanda para poder justificar las fuertes inversiones realizadas. En el 2005 las previsiones eran de 41.000 vehículos diarios; al inaugurar el primer tramo, sin ninguna explicación, la previsión se redujo a 24.000 vehículos diarios. En el 2018 la media fue de 12.000 vehículos y en algunos meses no se llegó ni a 10.000 vehículos diarios (de enero a marzo). Tampoco ha servido la Supersur, para conseguir uno de los objetivos de su construcción: resolver el problema de los atascos en la A8. Cualquier usuario o usuaria de la A8 puede dar fe de ello.

Por el momento, las únicas beneficiadas serán las promotoras y constructoras adjudicatarias, que se embolsarán 187 millones de dinero público, a esto habría que sumar los 821 millones de euros invertidos en la construcción de la obra.

Al déficit económico acumulado por su construcción y explotación hay que añadir dos temas relevantes.  El proyecto estimula el uso del coche privado en un momento que en el que el debate sobre la emergencia climática adquiere un carácter de urgencia. Los desplazamientos en coche son la segunda causa de emisión de GEI (Gases Efecto Invernadero) en la Comunidad Autónoma del País Vasco. Por otra parte, el proyecto genera un impacto muy importante en el macizo Pagasarri, especialmente en el Valle del Bolintxu. El Bolintxu es un enclave reconocido en el Plan Especial del Pagasarri como la zona de mayor riqueza en valores naturales y ecológicas en el municipio de Bilbao.

El Estudio de Impacto Ambiental elaborado por la Diputación reconoce que incluso después de haberse aplicado las medidas correctoras las afecciones que genera el proyecto son importantes, especialmente sobre las aguas del arroyo sobre la red de drenaje del valle así como, sobre la flora (bosques alisos, brezales y argomales y prados pobres de siega y fauna (halcón peregrino, carbonero garrapinos, azor, avión zapador, musgaño patiblanco, gato montés…) .

A esta situación tenemos que añadir la contaminación acústica y lumínica que generan los 12.000 vehículos diarios que atraviesan el valle. Se necesitará que transcurran un número importante de años para que el valle se recupere parcialmente.

Nos encontramos con un Estudio de Impacto Ambiental caducado en el 2017, y recurrido ante los Tribunales en el año 2018. A día de hoy no tenemos una sentencia emitida, mientras las obras siguen para adelante, incluso después de solicitar una paralización cautelar (2019). En un breve espacio de tiempo nos podemos encontrar con un proceso irreversible antes de que la sentencia se emita.

Desde la Plataforma queremos transmitir que aún estamos a tiempo de detener la obra. Los daños causados en Bolintxu no son irreversibles, a nuestro favor juega la conciencia que los bilbaínos y bilbaínas tienen sobre el valor ecológico que tenemos que proteger y defender. Es un legado de nuestros mayores, que lo conocieron y disfrutaron desde principios del siglo XX y transmitieron su bello influjo a las generaciones que siguieron, hasta hoy.

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