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Octavio Alberola se despide de Stuart Christie

Stuart Christie, el compañero, el amigo

La noticia del fallecimiento de Stuart Christie me la comunica por teléfono, antes de ayer a media tarde, el compañero René después de preguntarme si estaba enterado de la nueva mala noticia y tras contestarle yo bruscamente: ¿quién ha muerto? Pues, por el tono de su voz, intuí enseguida que debía tratarse de la muerte de alguien cercano.

Su respuesta me dejó de piedra; porque, a pesar de haberme confirmado Stuart una semana antes que seguía afónico por el cáncer y que los resultados de los exámenes médicos no eran muy alentadores, en ningún momento había pensado en un final tan rápido para él. A mi alrededor son varios los compañeros y compañeras -más o menos de mi edad- que no están en muy buen estado de salud, y lo «normal», a mi edad (pronto noventa y tres años), es pensar que es a ti que el tiempo te está contado…

Por eso, en el caso de Stuart, ¿cómo pensarlo siendo diez y ocho años menor que yo? Además, los dos estábamos en proyectos comunes y decididos a seguir participando en los combates contra el mundo del poder y de la explotación.

Para mí, su muerte no es pues solo la pérdida de un compañero, de un amigo, es el fin de una colaboración de muchos años en acciones e iniciativas comunes para denunciar las injusticias del mundo en el que vivimos y luchar por otro más justo y libre. Un mundo posible y para todos, que no hemos cesado de anhelar e intentar construir a través de la práctica consecuente de la solidaridad revolucionaria activa e internacionalista.

Muchos años de relación fraternal desde nuestro primer encuentro, en ese mes de agosto de 1964, hasta este de 2020. Más de medio siglo de estar nuestras vidas vinculadas, de una manera o de otra, a una causa común a pesar de las fronteras… Puesto que, pese a estar centrada en los avatares políticos y sociales del pueblo español, primero bajo la dictadura de Franco y luego bajo esa falsa democracia parida por la Transición/Transacción, esa lucha se enmarcó siempre en una perspectiva revolucionaria internacionalista.

La prueba, para él, sus vivencias carcelarias en España e Inglaterra, y para Brenda, su compañera, en Alemania, y para Ariane y yo en Bélgica y Francia. Vivencias que testimonian de aquellas luchas sin fronteras, por ser conscientes de que la condición de la libertad es la de ser de todos y todas.

Cómo, pues, no sentir la necesidad de recordarlo en estos momentos en que esa confraternización con Stuart termina con su muerte. Y también por el fallecimiento hace pocos días de la compañera alemana Doris Ensinger, la compañera de Luis Andrés Edo, con el que Stuart también compartió vivencias carcelarias y confraternización en las luchas; pues es obvio que la desaparición de Doris también significó para mí, de cierta manera, el punto final fin definitivo de mi confraternización en las luchas con Luis. Un final comenzado unos años antes con su muerte.

El hecho es que también con Doris me quedé de piedra, sorprendido por la noticia de su fallecimiento que me comunicaba Manel; pues hacia apenas una semana que ella nos había enviado, a Tomás y a mí, un correo para anunciarnos que le habían llamado del hospital súbitamente y hecho un transplante… Que ya estaba en su domicilio y se sentía bien…

O sea que una vez más me veo confrontado a la provisionalidad de nuestra existencia y a la necesidad de preservar la memoria de lo que hemos intentado ser y hacer hasta la muerte.

Perpignan, 17 de agosto de 2020

Octavio Alberola

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