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Coronavirus, cuestionamiento y oportunidad

Artículo de Txema Berro, militante de CGT-LKN Nafarroa

Estamos asistiendo a una nueva etapa de la crisis/colapso del modelo social capitalista. La entrada en recesión, tras un breve periodo de crecimiento, venía siendo reiteradamente anunciada. Esa fase regresiva, digámosle “normal” dentro de los ciclos económicos, ha sido irrumpida por el coronavirus para ser llevada a unas dimensiones no previstas en anteriores pronósticos y difíciles de prever todavía en la situación actual.

De haberse producido sin el coronavirus, esa fase regresiva que calificaba de “normal” hubiera sido ya de por sí una alarmante anormalidad: crisis cada vez más profundas en ciclos cada vez más cortos, representables gráficamente no por una curva aceleradamente descendente, sino por una espiral o torbellino. Esa fase descendente en espiral de la “normalidad” viene a recordarnos que estamos asistiendo a un agotamiento de este “nuestro” modelo social. No lo olvidemos.

El coronavirus viene a plantearnos que esa profundización inexorable va a estar acompañado de sobresaltos (saltos cualitativos bruscos que producen alarma y miedo), colapsos provocados por imprevistos previsibles. Hasta ahora veíamos como agentes más posibles de esas disrupciones a factores como el rebasar la curva del petróleo, el agotamiento de recursos, la acumulación de residuos, el cambio climático, un accidente o una guerra nuclear, explosiones sociales…. El coronavirus ha venido a presentarse: “¡Hola, soy yo, el coronavirus. Encantado de conocerles. Y tengo numerosos hermanitos y primitos!”.

Pero es necesario no perder de vista que el coronavirus se añade, solo se añade, a esa normalidad implacable del agotamiento del modelo; y que él mismo no es un “accidente” sino el hacerse presente uno de los numerosos factores de riesgo que nuestro modelo viene acumulando. La presencia de cualquiera de esos factores de riesgo previsibles va a ir generando esas disrupciones o colapsos parciales hasta un colapso más total y definitivo.

Es importante, por tanto, que no nos lo vendan como un accidente, como cosa de mala suerte que “entre todxs superaremos”, manteniendo la promesa de un futuro halagüeño. Ellos saben que no es así y porque lo saben actúan como vienen actuando en esta situación. Todo el tratamiento que están dando a la “crisis del coronavirus” no es sino un ensayo preparatorio para otras situaciones de colapso parcial que irán presentándose. Citaré, solo citaré, algunas características del tratamiento que nos están aplicando:

  • Las decisiones políticas las están disfrazando de decisiones científico-técnicas.

  • El protagonismo otorgado a los militares y el tratamiento de la situación como una guerra.

  • El manejo de la información como transparencia total compatible con una desinformación absoluta.

  • El protectoralismo que viene a sumarse a un securitarismo ya establecido, que no asegura el uno ni el otro protege.

  • La suma de voluntades en tropel de famosos, famosetes, protagonistas aupados a héroes y una multitud anónima pasivamente heroica.

  • El quédate en casa como mantra ritual exculpatorio, sabia combinación de medidas racionales y arbitrarias de aislamiento personal y de desaparición de toda forma de actuación social.

  • El carácter punitivo de las medidas adoptadas y el alarde de medios desplegados de control y vigilancia.

Cualquiera de esas medidas sería susceptible de un tratamiento más amplio, aquí es importante destacar su constitución de un todo, un entramado que gesta un Gran Hermano de dimensiones insospechadas. Destacar también su carácter premonitorio, de ensayo para su implantación en situaciones similares, pero de mayor hondura y duración, que se presentarán.

Pero de nada sirven los análisis que no aterrizan en propuestas, propuestas siempre en riesgo de quedar insuficientes o estar directamente equivocadas. La primera a formular seguramente llega con retraso, las otras lo son a futuro.

La que va a toro pasado se refiere a que si consideramos que el indiscutible “la salud lo primero” exige la paralización de toda actividad laboral no imprescindible (planteamiento que personalmente no acabo de tener claro, tampoco el contrario), CGT debiera haber convocado una huelga general indefinida; quizá todavía el tiempo no se ha pasado del todo y se mantiene vigente el que es mejor tarde que nunca. Por el contrario, si consideramos que el abordaje del coronavirus debe compatibilizarse con el mantenimiento de la actividad social y laboral, habría que haber propuesto el mantenimiento de todas las actividades, con las reconversiones posibles, de producción de bienes necesarios para cualquier persona en cualquier punto del planeta.

Las consideraciones a futuro -siempre teniendo en cuenta que lo importante es lo que consigamos hacer, no la redondez de nuestros planteamientos-, teniendo en cuenta que el levantamiento del confinamiento nos lo van a administrar sin prisa y gradualmente, el primer planteamiento tiene que ser que el que nosotrxs sí tenemos prisa por recuperar nuestra actuación en plenitud. El miedo paralizante lo tenemos todxs, pero tenemos que vencerlo.

En segundo lugar, debemos sacar conclusiones del hecho de que la actual situación ha obligado a poner todas nuestras potencialidades sanitarias y productivas en un funcionamiento coordinado bajo mando único. Sin llegar a la nacionalización, ha sido una especie de confiscación parcial y provisional (y seguramente bien pagada) de los recursos, lo que pone en evidencia la importancia de “lo público”. La defensa de lo público deberá ser uno de los ejes de actuación, no solo en sectores en que ya existe: sanidad, educación, pensiones, dependencias…, en estas hay que profundizarlas mordiendo nada suavemente en el sector privatizado. Pero también hay que extenderlas a otros sectores que responden a necesidades básicas: farmacia, transporte, comunicaciones, energía, vivienda, alimentación, banca… Seguramente cada uno de esos sectores merecerá un tratamiento diferenciado; no sé si la palabra adecuada para definirlo es nacionalización, pero sí tiene que haber una reversión u otro tipo de ajuste que los sitúe como bienes de primera necesidad garantizables por los sistemas públicos. La satisfacción de las necesidades básicas no puede quedar al albur del mercado.

Por otra parte, el conjunto de nuestra producción debe orientarse hacia la satisfacción de necesidades reales y la desaparición de buena parte de las superfluas. Todos los gastos encaminados a fomentar la movilidad, las infraestructuras de todo tipo, los mega-proyecto y mega-eventos, la turistificación, por supuesto la industria armamentística, pero también el vómito de cantidades ingentes de coches electrodomésticos, ropa…, todos esos gastos tienen que ser muy aminorados, algunos hasta su desaparición total. Sería una orientación que girase del MÁS hacia el MEJOR. Esa orientación hacia determinados aminoramientos tiene que estar regida no solo por la persecución de nuestro “buen vivir”, sino por el buen vivir de todas las personas en cualquier punto del planeta.

Además, esa orientación decrecentista o como queramos llamarle, tiene que ir acompañada de la consecución de unos niveles grandes de igualdad o niveles de desigualdad mínima. Nuestra opción por el MÁS no ha evitado un crecimiento incesante de las desigualdades; nuestra opción por el MEJOR tiene que conseguirlo, y la única forma de hacerlo es poniendo tope a los ingresos máximos, topes salariales, topes en las pensiones… y una política de impuestos drástica que ajuste todos los ingresos a esos topes establecidos. Nuestro problema no es la pobreza, es la riqueza. Es la riqueza la que asfixia las posibilidades de vivir con el salario o la pensión mínima, la renta básica…

Tendremos que plantearnos cómo y con quién vamos a impulsar estas medidas. No es nada fácil, pero es algo que ya no cabe en este ya demasiado largo artículo. Si quisiera hacer dos consideraciones finales.

Lo aquí planteado no es nada fácil, pero la alternativa es esperar a que nos llegue el siguiente escalón del colapso. Es seguro que vendrá, y probablemente no se hará esperar.

La segunda consideración viene implícita en el haber estado hablando todo el tiempo de crisis o colapso del “modelo social capitalista”, algo que abarca mucho más que el “sistema capitalista”. Parte de las poblaciones del mundo rico estamos dentro y reforzando ese modelo. Cualquier actuación social o sindical que, a la vez que combate el modelo, no nos vaya sacando paulatinamente de él será insuficiente.

Salud y fuerza.

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