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Huelga General en Francia el martes 12 de septiembre contra la reforma laboral

La reforma laboral pretende flexibilizar lo más posible el mercado laboral francés. Y esto se intenta de varias maneras. Una de ellas es facilitar los despidos. Con esta ley, por ejemplo, las indemnizaciones de despido “abusivo” tendrán un tope máximo, lo que permitirá a las empresas calcular con anticipación el costo de los despidos.

Además, se va a hacer más complicado el recurso a los tribunales laborales para determinar el carácter arbitrario o no de un despido. De hecho, los patrones no estarán más obligados a explicar el motivo de un despido a su empleado como es hoy en día. De ahora en adelante es el trabajador quien deberá exigir al patrón que explique el motivo del despido.

Las multinacionales también saldrán beneficiadas por otras vías: para justificar los despidos por dificultades económicas no se tomará más en cuenta la actividad mundial de la empresa sino solamente sus actividades en el suelo francés. Así, las empresas podrán por ejemplo modificar su contabilidad en Francia para justificar pérdidas, al mismo tiempo que podrán tener ganancias millonarias a nivel del grupo en su conjunto.

Otras disposiciones van a permitir reducir la representatividad sindical de los trabajadores en las pequeñas y medias empresas; se aplicarán contratos para “misiones” específicas de trabajo, una forma de legalizar la precariedad del trabajo temporal. En definitiva, como se dice aquí, se trata de la “uberización” de la sociedad y del mercado laboral.

Este es el primer enfrentamiento de la clase trabajadora contra el gobierno de Macron y la patronal que esta vez cuenta con el apoyo de varios sectores de la burocracia sindical. Mientras  que la CGT, Solidaires y las organizaciones juveniles convocan a manifestar, hay varias secciones de otros sindicatos que no están llamando a movilizarse, como la CFDT y Force Ouvrière (FO), o que mantienen un silencio inaceptable, como el principal sindicato de los trabajadores públicos, la FSU.

Las manifestaciones del 12 de septiembre van a ser muy importante porque es la primera movilización masiva contra el violento plan de recortes y contra reformas de Macron. Si bien no se puede garantizar que la manifestación del próximo martes tenga la magnitud que otras movilizaciones y movimientos tuvieron en Francia los últimos años, sí hay varios sectores, tanto en la juventud como entre los trabajadores, que expresan sus ganas de luchar y resistir.

El presidente y su gobierno se muestran agresivos, lo que es una muestra de nerviosismo. En un discurso pronunciado desde Atenas esta semana, Macron declaró que no retrocederá ante “los vagos, los cínicos y los extremistas”. Un lenguaje que más que amedrentar podría aparecer como una provocación y tener el efecto de provocar que mucha más gente se manifieste el martes que viene.

El problema que se plantea para Macron, su gobierno y la patronal, es que solo se trata del comienzo. Como declaró esta semana la ministra del trabajo al Financial Times, la reforma laboral es solo una pieza de un esquema que prevé reconfigurar el conjunto del modelo del “Estado benefactor” francés creado en la postguerra. Un proyecto ambicioso, desde un punto de vista capitalista. Pero muy peligroso también.

Todo el mundo se pregunta en el fondo si la reforma de Macron no va a provocar otro movimiento como el de 2016 contra Hollande. Evidentemente que es necesario un movimiento masivo contra estos ataques duros. Pero como 2016 mismo lo demostró, no son manifestaciones y huelgas aisladas lo que logrará detener los planes de este “gobierno de combate” pro patronal. Sacando estas conclusiones, varias voces empiezan exigir más claridad sobre el plan a seguir después del 12 de septiembre.

Las organizaciones convocantes consideran que es necesario construir la unidad la más amplia posible entre los trabajadores del sector privado, los principales afectados por la reforma laboral, con los del sector público, que ya están en la mira del gobierno, pero también con la juventud precarizada en las universidades, colegios y los jóvenes de los barrios periféricos azotados por el desempleo, la exclusión y, en gran parte, el racismo de Estado.

Desde el fin de las elecciones, la CGT y el movimiento de Mélenchon, la France Insoumise, habían entrado en una competencia absurda alrededor de la oposición a las contrarreformas de Macron. A tal punto que ambos llamaban a manifestaciones, con el mismo objetivo de oponerse al gobierno, pero en días distintos, dividiendo las fuerzas de la juventud y de los trabajadores frente a un gobierno dispuesto a llevar a cabo un verdadero “golpe de estado social”.

Sin embargo, en estos últimos días hubo un cambio en la política de Mélenchon y de Martinez, el líder de la CGT. Mélenchon afirmó incluso que todos los diputados de su movimiento participarían de la jornada del 12, al mismo tiempo que llama a manifestar el 23 de septiembre cuando la ley sea adoptada en el parlamento.

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