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Cientos de miles de personas toman las plazas contra la corrupción en Rumania

Los rumanos han protestado por ocho días consecutivos en primer lugar contra un decreto ley que despenalizaba algunos delitos de corrupción. Este decreto reduce las penas por abuso de poder, que pasan de un máximo de siete años de cárcel a tres e introduce un límite mínimo un de 44.000 euros de perjuicio para lanzar el procedimiento judicial. También estipula que el delito solo puede ser denunciado después de más de seis meses de haber sido cometido.

Este domingo el gobierno, bajo la presión de la calle, derogó finalmente el decreto. Sin embargo, a pesar de la derogación, las manifestaciones más masivas desde el inicio de las protestas tuvieron lugar en la noche del domingo. En todo el país se estima que marcharon entre 500.000 y 600.000 personas, siendo 300.000 en la capital, Bucarest, ocupando las calles aledañas al Parlamento exigiendo la dimisión del gobierno.

La corrupción es un fenómeno extendido e inherente al capitalismo a través de los lazos existentes entre el poder político y las clases dominantes, siendo España uno de los pises más corruptos de la Europa del Sur. En Rumanía y en otras naciones del Este de Europa son “Estados de Derecho fallidos” donde el pueblo en general no pueden confiar en las instituciones (Justicia, Parlamento) que están completamente supeditadas a los gobiernos y oligarquías.

La complicidad que existe entre la Justicia y las grandes fortunas locales y empresas multinacionales se presenta de forma totalmente abierta, sin ningún escrúpulo. A pesar de esto, entre 2014 y 2016, 1.171 personas han sido condenadas, incluidos parlamentarios, concejales y altos funcionarios solo por el cargo de abuso de poder, una de las infracciones más comunes.

Muchas de las personas que siguen en las calles votaron en diciembre a los candidatos del Partido Socialdemócrata y sus aliados. Estos vencieron con el 45 por ciento de los votos en los comicios legislativos poseyendo una cómoda mayoría en el Parlamento. El primer ministro, Sorin Grindeanu, que lleva apenas un mes en el poder, dijo en la televisión: “No dimitiré, hemos ganado las elecciones con millones de votos”.

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