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Lo que importa (el administrador loco)

Piensa por un momento en el color que menos te gusta, el más horroroso; el que, cuando lo miras, te dan ganas de cerrar los ojos porque te hace daño a la vista.

¿Lo tienes? Imagínate ahora que llegas al portal de tu casa y te encuentras que lo han pintado precisamente ¡de ese color horrible! ¡Todas las paredes y el techo igual!

Una vecina te explica que a ella también le resulta vomitivo, pero que algo había que hacer porque la pintura ya estaba vieja y en la última reunión se acordó que era necesario. El nuevo administrador profesional que había sido elegido por unanimidad tomó nota y, parece ser, que ha sido elección suya. Tu reacción indignadísima, evidentemente es inmediata:

  • Una cosa es que decidamos pintar el portal y otra muy distinta es que haga las obras sin que se nos consulte antes en otra reunión los presupuestos ni el color ni nada. ¡Es un atropello intolerable! Ahora mismo le voy a telefonear y se va a enterar.

Ves comprensible el enojo y la reacción ante una decisión que consideras que debe ser tomada contando con tu opinión y la del resto de las personas afectadas. ¿No?

Entonces, ¿Porqué admitimos que un gobierno “administrador” decida cuál va a ser tu jubilación, tu salario mínimo, cuánto va a pagar cada vecino de comunidad (incluso haciendo que los pisos más grandes paguen menos que los pequeños) en qué, cuándo y cuánto dinero se va a gastar de lo que le pagas mensualmente, todo ello sin consultarte nada en absoluto?

¿Porqué nadie monta en cólera ni le resulta extraño que cada cuatro años nos obliguen a elegir a ese “administrador” profesional sin posibilidad de que administremos el portal los vecinos y vecinas en las reuniones de toda la vida sin administrador externo?

El vecindario del “portal común” tiene tan arraigado el hábito de delegar las decisiones que le afectan en personas que ni siquiera están implicadas, que asume con total naturalidad que se determine algo que les perjudica mientras el administrador paga a empresas de sus amistades obras innecesarias con el dinero de la caja de la comunidad.

Por eso hay quien sufre más cuando pierde su equipo de fútbol que cuando le retrasan la edad de jubilación, cuando una pareja de famosos rompe su relación que cuando se vacía la hucha de la Seguridad Social, quien es capaz de pagar por un partido de fútbol más que lo que le cuesta hacer huelga para defender su salario mensual, a quien le importa más la elección de los Oscar o Miss Universo que las elecciones sindicales en su propia empresa.

Mientras esas sean las prioridades de las personas honradas, no es de extrañar que las disposiciones las tomen otras personas, tal vez no tan honradas, que sí van a tener en cuenta sus propios intereses y se considerarán legitimadas a hacerlo porque, al fin y al cabo, la administración se eligió por unanimidad en la “reunión de vecinos y vecinas”.

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