Reestructuración del sector financiero: El escenario perfecto para el ERE infinito

Tras dar a conocer algunas entidades financieras su intención de acometer nuevos planes de reestructuración, eufemismo de despidos, resulta necesario enumerar y analizar los distintos factores en los que estos se apoyan, y cuya concurrencia los convierte en el escenario perfecto para que las empresas sin mayores contratiempos destruyan empleo de manera constante.

Cuatro son a nuestro modo de ver esos factores: 1) Regulación permisiva, 2) Pérdida del miedo al deterioro de la imagen y reputación de la empresa, 3) Sindicatos mayoritarios derrotados y prisioneros de las prebendas que reciben y 4) Plantillas desclasadas y en permanente estado de miedo.

Hay un evidente antes y un después en la forma en la que el sector financiero ha acometido históricamente sus procesos de reestructuración de plantillas, muchos de ellos fruto también de innumerables fusiones. A nadie se le escapa que las reformas laborales de los años 2011 y 2012 han facilitado y permitido que las empresas bancarias hayan pasado, de las tradicionales prejubilaciones con cargo integro a sus Reservas y Cuentas de Resultados, a fórmulas menos gravosas para ellas. Fórmulas que, gracias a esa regulación permisiva que facilita los procedimientos de despidos colectivos, comúnmente conocidos como ERE, trasladan parte de esos costes al Estado. Una facilidad ésta que las empresas no dejan de aprovechar ante un Gobierno cobarde que, por la vía de los hechos, la ampara y la permite, al mantener vigentes en toda su plenitud esas reformas laborales, a pesar de sus reiteradas promesas electorales de derogarlas.

En un principio, un ERE era asociado por la ciudadanía con una mala situación empresarial. Por ello, el sector financiero, en el que están depositados los ahorros de ésta, era reticente y precavido a la hora de llevar a cabo estos procesos por el riesgo reputacional que ello llevaba consigo y por el miedo implícito a la retirada masiva de fondos. Sin embargo, tras los primeros EREs llevados a cabo, los bancos y las cajas rápidamente perdieron ese miedo, al sustanciarse esos procedimientos de despidos colectivos con una mínima repercusión mediática que, en todo caso, los medios, no olvidemos quién está tras la titularidad de muchos de ellos, los calificaron interesadamente como necesarios y con nula conflictividad laboral, gracias al colaboracionismo necesario del sindicalismo mayoritario.

Y en este contexto de destrucción masiva de empleo, las personas trabajadoras nos encontramos sin un contrapeso real que reequilibre la balanza y que facilite nuestra defensa. Más bien al contrario, nos encontramos con unos sindicatos mayoritarios CCOO y UGT derrotados que han renunciado voluntariamente a jugar ese indispensable papel, desechando el uso del conflicto como elemento básico de acción sindical, y que lo han apostado todo al pacto, a la transacción y al tráfico y mercantilización de los puestos de trabajo, cosa que no hacen desinteresadamente vistos los recursos, trato de favor y prebendas que reciben de las empresas. Por tanto, han sido y son cómplices necesarios de esta situación insostenible, ya que sin su inestimable colaboración estos procedimientos de despidos masivos no se habrían llevado a cabo ni con la frecuencia, ni con la agresividad que se vienen dando en los últimos tiempos.

Finalmente, nos encontramos en un sector con una plantilla que, en gran medida, no tiene sentimiento de clase y que vive en permanente estado de shock. Una plantilla que se beneficia de derechos conseguidos por sus predecesores, que no tiene espíritu de lucha y que vive agazapada y resignada a que un ERE también acabe con ella, e incluso peor aún, que en muchos casos los justifica, viéndolos como una oportunidad para abandonar un trabajo que ha dejado de ser motivador e ilusionante para convertirse por diversas razones en un vía crucis diario.

Desde CGT trabajamos día a día, libres de peajes que pagar, para revertir esta desastrosa situación que tantos puestos de trabajo se ha llevado y se va a llevar por delante si no se actúa de inmediato, sabiendo que cada vez más trabajadores y trabajadoras se unirán a nosotros al darse cuenta de que es la única forma de parar esta sangría.

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