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¿Qué hay detrás del enfrentamiento entre Armenia y Azerbaiyán?

El conflicto en Nagorno Karabaj viene de largo. Tiene sus orígenes en la política de opresión nacional de Stalin, que como Comisario para la Nacionalidades en la década de 1920, entre otras imposiciones incluyó a Nagorno Karabaj, de mayoría armenia, dentro de las fronteras de Azerbaiyán.

En vísperas del colapso de la Unión Soviética, bajo el gobierno de Gorbachov, la independencia nacional fue un motor de las movilizaciones populares, y una oportunidad para que burócratas se reciclaran en líderes nacionalistas. Las movilizaciones por la independencia de Nagorno Karabaj y su reunificación con Armenia, y los pogromos anti armenios, comenzaron en 1988. En 1991, con la disolución de la Unión Soviética, la región votó por abrumadora mayoría la independencia en un referéndum, lo que finalmente desató la guerra por parte de Azerbaiyán en 1992 contra el derecho de autodeterminación nacional del enclave.

Esa guerra brutal, que dejó un saldo de 30.000 muertos y un millón de desplazados, fue suspendida por un cese del fuego en 1994 negociado fundamentalmente por Rusia, Estados Unidos y Francia (además de Armenia y Azerbaiyán) que constituyeron el llamado “Grupo Minsk”. El acuerdo mantuvo a Nagorno Karabaj dentro de las fronteras de Azerbaiyán pero bajo un gobierno armenio.

Las Naciones Unidas rechazaron el derecho a la autodeterminación nacional. Y la república independiente de Artsakh proclamada por Nagorno Karabaj, no fue reconocida por ningún país (tampoco por Armenia). Además, en el curso de la guerra, Armenia que contaba con el apoyo de Rusia, avanzó no solo sobre Nagorno Karabaj, sino también sobre una franja considerable de territorio azerbaiyano circundante, expulsando a la población local, a los que no se les permitió retornar después de los acuerdos de Minsk.

La reactivación del conflicto entre Armenia y Azerbaiyán es un hecho largamente anunciado. A mediados de julio, en un enfrentamiento fronterizo a más de 300 kilómetros de Nagorno Karabaj , Armenia mató a un general y a varios soldados azerbaiyanos. Esta escaramuza provocó una oleada de movilizaciones nacionalistas reaccionarias en Azerbaiyán, permitidas por el gobierno, que fueron creando un clima más que favorable para el relanzamiento de la guerra.

Dos días antes que se iniciaran las hostilidades, el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev, anunció la inminencia del ataque en la Asamblea General (virtual) de las Naciones Unidas, aunque pasó prácticamente inadvertido. En su discurso, Aliyev reafirmó la decisión de su gobierno de restaurar el control de Nagorno Karabaj y las regiones adyacentes. El apoyo decisivo de Turquía a Azerbaiyán hizo el resto.

La región del Cáucaso meridional, en particular Nagorno Karabaj y las zonas adyacentes, ha sido escenario de enfrentamientos de baja intensidad. Pero en términos generales, estos “conflictos congelados” como el de Armenia-Azerbaiyán, en los que formalmente ya no hay guerra pero tampoco un “acuerdo de paz” establecido, se mantenían contenidos en la antigua esfera soviética con la mediación de Rusia que sigue siendo la potencia hegemónica en la región.

Armenia está integrada en la órbita rusa. Es parte de la Unión Económica Euroasiática y de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la contraparte rusa de la OTAN por la cual el Kremlin estaría en obligación de intervenir militarmente si su territorio fuera atacado, lo que ahora no es el caso porque los enfrentamientos ocurren en Nagorno Karabaj, es decir, Azerbaiyán.

Además, Rusia tiene una base militar en Armenia, con unos 5000 soldados. A la vez, Vladimir Putin mantiene relaciones con el gobierno azerbaiyano. Les vende armas a ambos. Y sobre todo está interesado en mantener relaciones comerciales y preservar el corredor estratégico que une Irán y el sur de Asia con Rusia. Eso explica que la política de Moscú sea evitar cualquier escalada y tratar de reconducir la situación a las mesas de diálogos de paz, como ha hecho en otras oportunidades.

Sin embargo, la intervención activa de Turquía, aliada histórica de Azerbaiyán y la responsable del genocidio armenio de 1915 *, ha alterado cualitativamente la dimensión estratégica de un conflicto local hacia uno que involucre a potencias regionales, grandes y medianas con proyección global.

Plantea la posibilidad de un enfrentamiento, incluso accidental, entre Turquía y Rusia, que ya vienen rivalizando en otros escenarios como Libia y Siria. Involucra a Irán del lado de Armenia y Rusia, y al estado de Israel en el bando azerí, que tiene un interés particular contra Irán, además de negocios jugosos en la venta de armas a Azerbaiyán.

También está profundizando las divisiones dentro de la OTAN, de la cual Turquía es miembro. Se da la paradoja de que las potencias de la OTAN están alineadas con Rusia en tratar de desarmar esta bomba de tiempo y volver a un relativo status quo, en contra de la posición abiertamente beligerante del presidente turco Recep Tayyip Erdogan, que empuja hacia los extremos.

En síntesis, aunque el odio nacional que de manera reaccionaria alientan los gobiernos de Azerbaiyán y Armenia, es un incentivo más que suficiente para la guerra, diversas potencias se van alineando en uno y otro bando en función de sus propios intereses.

Fuente

* El genocidio contra el pueblo armenio, también llamado holocausto armenio, o Gran Crimen fue la deportación forzosa y el intento de exterminar la cultura armenia.​ Se calcula que entre un millón y medio y dos millones de civiles armenios fueron perseguidos y asesinados por el gobierno de los Jóvenes Turcos en el Imperio otomano, entre 1915 y 1923.

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