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Horas extra: nunca trabajamos más de más

Álex Garate trabaja en un negocio de esos indispensables en verano. En el centro del centro de Bilbao, donde los curiosos llenan las calles y callejas en busca de sombra, los vecinos ocupan las terrazas y los establecimientos se llenan en función de su capacidad ahora en la nueva normalidad. Álex debe atender a turistas, curiosos, vecinos, paseantes y otros consumidores durante 80 horas al mes. Eso deja entrever su contrato. “¿Entiendes? –pregunta Álex y sigue exponiendo– mi contrato es de 20 horas cada semana, 80 horas al mes. Una media jornada”. Baja la voz y suelta el mazazo: “El último mes llegué a las 200 horas entre las firmadas y las extraordinarias”. Álex hizo 120 horas más de lo que estipula su contrato. Y los españoles, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), 7,2 millones. Siete millones doscientas mil horas más. Todas ellas por encima de la jornada fijada.

Álex ha puesto mucho de su parte para que el dato de la serie sea histórico. “Sé que esto no es normal, pero nadie está tranquilo. Todo el mundo está más alterado, incluso mis jefes. Hay pérdidas por todos lados”, intenta contextualizar y autoconvencerse el propio Álex.

Sí, los españoles han hecho en este segundo trimestre de 2020, entre abril y junio, 7,2 millones de horas extraordinarias a la semana, remuneradas o no. Nada menos que 28,8 millones de horas fuera de contrato al mes. La EPA revela también que entre abril y junio se hicieron un 10% más de horas extraordinarias que entre

El aumento de horas extraordinarias se da por varios factores. Ángel Elías, jurista, doctor en Derecho del Trabajo, abogado laboralista y actual decano de la Facultad de Relaciones Laborales y Trabajo Social de la UPV/EHU los enuncia así: “Tiene que ver con las circunstancias de la empresa y su funcionamiento. Hay mayor cantidad de trabajo y en ese momento a la empresa le es más rentable que sus trabajadores hagan horas de más que contratar a otros miembros para reforzar su plantilla”. El experto hace una pregunta al aire: “¿Qué incentivos y qué coste tiene basarse en la plantilla que tiene?

INCERTIDUMBRE Y VULNERABILIDAD

Aun estando inmersos en una pandemia, los trabajadores han estado más tiempo en su puesto de trabajo, que no mejor. Aunque por las circunstancias parte de ese trabajo se haya realizado de diferentes formas telemáticas.

Álex se quedó en ERTE hasta finales de mayo. Y con junio llegó el pánico al futuro. Acude a su puesto de trabajo sabiendo que de las seis horas que firmó, acabará cumpliendo tres más cada día. Lo que no sabe, y por eso se aferra a las horas extraordinarias sin rechistar, es cuándo se quedará sin su puesto de trabajo. “El jefe no hace más que insistir en que las cosas están difíciles para todos”, expone Álex. De momento, de tres trabajadores en plantilla, uno se ha quedado fuera. Esas horas de más se las reparten entre el resto. “¿Lo bueno? Que, a más horas, más dinero. ¿Lo malo? Estoy quemado, psicológicamente minado y con molestias físicas. No paramos, no descansamos”, espeta el trabajador.

Se enciende la lucecita de aviso del móvil. No hay nadie en el local. Álex se asoma a su pantalla. Es un mensaje de su jefe: “Aguanta el cierre una hora más”. Álex aguanta el cierre una hora más. “¿Qué voy a hacer?”, se pregunta sin esperar respuesta. Vive solo, debe pagar el alquiler, hacer frente a otros gastos familiares y comer, claro, también comer.

El retrato de la situación, lo hace exacto, milimétrico, el experto en Derecho del Trabajo y jurista Ángel Elías: “Estas situaciones [aceptar horas extraordinarias incondicionalmente] siempre están vinculadas con la vulnerabilidad de las personas. Generalmente con personas que tienen a cargo a personas mayores o menores. Personas con incertidumbre legal, personas migrantes… Aunque se habla mucho de libertad, esta misma está siempre condicionada por la realidad”. Para entenderlo: la libertad está condicionada por las cosas del comer, del cuidar y de hacer frente a los pagos.

DECIR ‘NO’ A LAS HORAS EXTRA

El jurista apuesta por una renta básica incondicional que ayude en la redistribución de una riqueza que actualmente es, a su criterio, “injusta”. Con una renta así, el pavor a perder un trabajo donde se te impone de manera normalizada alargar las jornadas laborales, desaparece. Permaneces en el trabajo si hay unas condiciones justas y por supuesto, legales. “Una garantía por ser personas, para vivir dignamente. Ello nos daría la libertad de no aceptar condiciones laborales abusivas”, dice Elías, jurista. Con una renta básica incondicional, Álex, por ejemplo, no tendría que hacer 120 horas de más. O al menos tendría la libertad para buscar un empleo con mejores condiciones.

“Cuando hablamos de mercado en las relaciones laborales, hablamos de poder de negociación y depende de la situación de la que parte cada uno: generalmente en peor condición, la parte del trabajador”, explica el Ángel Elías. El miedo y la incertidumbre que se han abierto camino durante la pandemia hacen que los trabajadores asuman las horas de más sin levantar la voz. No hay espacio para la negociación en una situación en la que solamente tienes opciones de perder.

El artículo 35.2 del Estatuto de los Trabajadores recoge que el número de horas extraordinarias no podrá ser superior a ochenta al año

La denuncia a la Inspección de Trabajo cuando se superan las ochenta horas extra anuales y la reclamación de cantidad por vía judicial en el caso de las impagadas son los caminos para hacer frente a unos abusos que se producen habitualmente mediante amenazas para llevar a cabo algo que, sobre el papel, es voluntario. El miedo, siempre presente en las relaciones laborales”. Así lo escribía y describía el periodista Jose Durán Rodríguez en 2015. Y en efecto, en 2020, el miedo sigue presente. Así se perpetra el mayor robo de la historia: con miedo.

OBLIGACIÓN DE REGISTRO

Desde que las empresas tienen la obligación de registrar las horas de entrada y salida, es decir, la jornada laboral de cada trabajador, las horas extra no remuneradas han descendido un 23%. Pero aún suponen el 59% de las horas de más recogidas por la EPA. Casi 3,8 millones de horas extraordinarias a la semana no son pagadas. Los trabajadores, en España, hacen 15,2 millones de horas de más que no reciben una contraprestación.

Nada ha frenado estás jornadas laborales de más. Ni siquiera el Real Decreto Ley 8/2019, de 8 de marzo, de medidas urgentes de protección social y de lucha contra la precariedad laboral en la jornada de trabajo, es decir, el registro obligatorio de la jornada.

Para hacer frente a la posible imposición de horas extraordinarias, Ángel Elías, experto en Derecho del Trabajo sostiene que es vital que la plantilla donde se halla el trabajador “esté más organizada” o incluso “representada por algún sindicato”. “Ello favorece la capacidad de control, de presión, de negociación y toma de medidas”, aclara el experto.

Son muchos millones de horas extraordinarias, pero el doctor en Derecho del Trabajo indica que “más allá del dato”, el esperpéntico dato, lo que alarma es que es la representación “de que algo por debajo falla”.

España se convirtió el 1 de octubre de 1919 en el primer país europeo que implantó la jornada laboral de ocho horas. Tras 43 días de huelga y más de 3.000 detenidos, los obreros de La Canadiense de Barcelona lo habían conseguido. Estamos en otro momento de la historia. Quizá trabajemos mucho, pero no coronamos el ranking de la eficiencia. “En este momento de la historia el problema no es producir más sino repartir mejor”, enuncia Ángel Elías, jurista. Pero Álex abrirá hoy el negocio sabiendo que cada día que baja la persiana del local suma. Y que sus 180 horas de más acaban en una bolsa de 28,8 millones de horas extraordinarias cada mes.

https://www.elsaltodiario.com/laboral/record-horas-extra-encuesta-poblacion-activa-nunca-trabajamos-mas-de-mas

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