Rojo y Negro Televisión





Manual de lenguaje integrador no sexista



En PDF



Estatutos CGT


Estatutos - Estatutoak CGT-LKN Euskadi

Política institucional y Vagafòbia (Huelgafóbia)

No es ningún secreto que hemos entrado en una cierta recuperación del uso de la huelga y de su seguimiento. Según datos de la propia patronal CEOE, todos los indicadores del primer semestre de 2017 se han incrementado mucho respecto a la anterior, concretamente el número de horas de huelga (+ 59%) y los trabajadores / as que hacen (+101 , 6%). Esto implica que la percepción social de su existencia sea amplia, especialmente debido al impacto de diversas movilizaciones en el sector del transporte (Metro TMB, Bicing, RENFE, Aeropuerto, taxis, teleférico).

Como consecuencia de este incremento de las luchas, estamos logrando victorias, más o menos matizadas, en diferentes sectores (almacenamiento de cocacola, sector del automóvil en Saint Gobain, Metro de TMB, logística Bergé, limpieza de ciudad de la justicia y otros). En todos los casos, ni un retroceso en derechos y con buenos avances gracias a la fuerza de la plantilla. Estamos en el buen camino.

Hasta aquí, a nivel de los medios de comunicación, el tratamiento ha sido la habitual: la ocultación del conflicto en el mejor de los casos o la típica criminalización de toda la vida: centrar la información en los efectos de las huelgas responsabilizando a los trabajadores de ellos. Evidentemente, opacidad de las victorias. Como siempre, estamos ante los meros elementos de transmisión de los intereses de quien manda.

Desafortunadamente, en estos tiempos de ciertos nervios en el ámbito de la política institucional (cada uno buscando hacerse un espacio a codazos o tensionando sus en el contexto del Proceso) la presencia de todo factor relevante inevitablemente cae bajo el fuego la artillería pesada de la propaganda más burda. Y le ha llegado el turno a las huelgas.

Una huelga en solitario de la CGT en Enseñanza era indicativa de una conspiración que buscaba hacer un #PressingCUP para tumbar los presupuestos y el proceso. Estar a favor de la huelga era, pues, estar contra Cataluña y ser una especie de tonto útil del CNI. En abril se reanuda la lucha en Metro. Ahora la CGT es culpable de hacer una especie de ataque combinado contra el ayuntamiento de Barcelona y el “territorio común” por la suma de anteriores realizadas en Bus y las nuevas de Teleférico y Bicing. La criminalización de la huelga y los intentos de enfrentar plantilla y usuarios fueron la respuesta consistorial para salir airosos de lo que interpretaban como un polvo. Sin ningún problema, no dudaron en presionar para pedir la ilegalización de la huelga y activar sus contactos supuestamente neutrales, como el propio defensor del pueblo, en el mismo sentido. A los medios de comunicación conceptos negativos como ‘secuestro’, ‘amenazas’, ‘privilegios’, ‘radicales’, eran el pan nuestro de cada lunes.

Llegan más huelgas, y con la firma del convenio de Metro la pax romana del sector político de Juntos el Sí contra estas finaliza. Entran nuevas paranoias en escena. Ahora, la suma de las huelgas de Cercanías y ADIF (hechas a nivel estatal por la CGT), las del transporte de Barcelona y la de un nuevo conflicto en el aeropuerto por el personal de seguridad eran la prueba del nueve de que alguna cosa estaba pasando ‘. Una especie de comité central formado por patronal, sindicatos y las cloacas del estado actuaban con el objetivo final de joder los catalanes. Había muchos indicios: ¿por qué hacía sólo huelga el personal del Prat? ¿Por qué no negociaban las empresas? ¿Por qué había tantas huelgas en Cataluña?

A nadie importó que hay colectivos más fuertes en unas ciudades que en otras, que las empresas no negocian si no es bajo fortísima presión y que si hay más huelgas es un motivo de orgullo y de años de picar piedra para muchas afiliadas que nunca se han rendido a pesar de los duros momentos que vivimos rutinariamente. Para cierta gente, las huelgas son un elemento que sólo busca secuestrar, incomodar y en clave de privilegios o de oscuras razones que no tienen nada que ver con el ámbito laboral o de clase social. Los sindicatos nos movemos entre los conceptos de traidores, manipulados (una forma de pensar muy soberbia infantilizar otro) o ‘lacra por los servicios públicos’.

El compañero Ermengol ha introducido un concepto que ilustra bastante bien este ambiente: Vagafòbia (Huelgafóbia)

El enfoque reiterado y manipulador de toda huelga como algo negativo, incitando a la desconfianza social y mantener el aislamiento con aquellas que están luchando. Los inductores tratan las movilizaciones de las trabajadoras como uno más de los peones del juego de ajedrez en que viven. Al recibir fuego cruzado de propaganda y mentiras de unos y otros, se está contribuyendo a la deslegitimación del uso de la huelga, allanando el camino para posteriores ataques en forma de cambios legislativos o creación de consenso para unos servicios mínimos Máxima. Ya les vale pues cierto sindicalismo nunca será domesticado y es preferible debilitar al máximo para sacarlo de la partida central.

Hay que decirlo más: Vagafòbia( Huelgafóbia) . Toda construcción dialéctica que teje una connotación negativa sobre la huelga, o que reduzca a las huelguistas simples zombis en manos de no se sabe qué o que busque enfrentarse unas con otras es un ataque contra todas nosotros. Contra la clase trabajadora y sus luchas. A pesar de que el material propagandístico nos parezca relleno de claras absurdidades no podemos bajar la guardia, pues ellos disparan con cañones mediáticos y nosotros apenas con nuestras voces.

Hemos iniciado un camino de huelgas fuertes. Estamos viendo que diferentes patronales están sufriendo y cediendo cuando la presión es contundente. Sabemos pues, que debemos redoblar esfuerzos, redoblar las huelgas, redoblar la intensidad. No nos queda otra.

Hay que tener en cuenta siempre que quien haga ataques directos o indirectos a la huelga, sea del color político que sea, hace un daño que no es ni neutro ni casual. Fomenta la vagafòbia (Huelgafóbia) entre nuestra clase y debe ser combatido.

Òscar Murciano, Secretario de Acción Social de la CGT
7 de agosto de 2017

 

Comparte:
Share