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El proyecto político del movimiento libertario

Los procesos de análisis y debate entre las diferentes organizaciones, colectivos, grupos y personas que se sienten vinculadas al movimiento libertario han supuesto siempre una asignatura compleja de abordar y difícil de resolver.

Más allá de la coordinación en temas y acciones puntuales, existe en nuestra historia más reciente una dinámica patente y normalizada sobre la atomización y dispersión del propio movimiento.

Los intentos para romper estas dinámicas, para establecer espacios donde poder razonar, debatir experiencias y extraer conclusiones, si proceden, suelen ser pequeños oasis dentro de la infinidad de espacios y prácticas en las que está inmerso el movimiento.

Podríamos recordar, entre otras, las cinco citas de Buscando el Norte (Valencia, Sant Boi, Luarca, Madrid y Barcelona), e incluso, propuestas de carácter internacional que supusieron espacios para el debate pero escasos progresos a nivel organizativo. En este sentido, y por la repercusión que tuvo en su momento, el artículo de diciembre de 2014 de Carlos Taibo, ( http://www.carlostaibo.com/articulos/texto/?id=500# ) animaba a la reflexión y invitaba, en base a nuestra propia responsabilidad sobre el colectivo, directamente a la creación de nuevas estructuras confederales y abiertas a la sociedad.

Desde entonces, organizaciones como Embat en Cataluña ( http://embat.info ) o Apoyo Mutuo en Madrid ( http://apoyomutuo.net ) han acogido multitud de activistas sociales vinculadas a las prácticas libertarias y realizado innumerables presentaciones de las sus actividades e iniciativas como podemos comprobar en sus webs.

Por el contrario, algunos intentos de sumar organizaciones y colectivos en plataformas organizativas, como la propuesta de finales de 2015 de Juventudes Libertarias en Valencia de establecer un Frente Común Libertario sobre cinco ejes de trabajo, han pasado sin pena ni gloria entre gran parte los grupos que podían haberlas considerado y debatido abiertamente para intentar una inicial marcha.

En el mismo sentido podríamos hablar de cómo suelen ser las relaciones entre las organizaciones que se reclaman herederas del anarcosindicalismo, más allá de como dijimos anteriormente en acciones concretas, o la cantidad de discusiones sobre la “pureza anarquista” que seguimos encontrando en la red y que, principalmente, sirven para seguir alimentando tensiones y enfrentamientos.

Aunque para algunas personas y colectivos el movimiento libertario es incompatible con un proyecto político, lo cierto es que la actividad transformadora en lo social, que se apoya desde este movimiento, debe responder, obviamente, a la necesaria articulación de estrategias, a corto y medio plazo, que tengan como finalidad la construcción de una sociedad libertaria. Estas acciones, por lo tanto, responderán a los objetivos establecidos y acordados bajo las premisas o principios que abogue desde el propio movimiento (asamblearismo y nula jerarquización, solidaridad y apoyo mutuo, acción directa, etc.).

Esta metodología es netamente política. Asimismo, pensar que estos principios no responden a criterios políticos es rizar el dogmatismo a niveles supremos. Dicho esto, es constatable, que en la construcción de esos espacios de análisis y debate políticos aún quedan muchos pasos a realizar en muchos lugares, recientemente se presentaba en Zaragoza aunar ( http://aunar.org/ ) pero también falta un apoyo decidido de muchas organizaciones y colectivos para consolidar y visualizar lo que, por otro lado, muchas personas observamos respecto a la infinidad de iniciativas y proyectos que nacen dentro de la “galaxia” libertaria o funcionan bajo los principios organizativos ( políticos) de la misma.  Sumando argumentos que podemos encontrar en las webs anteriormente reseñadas sobre la importancia y necesidad de estas estructuras organizativas.

Añadiríamos dos más. El primero de carácter emocional, simbólico, y un segundo de índole histórica y estructural. Releyendo el soberbio ensayo ‘Los anarquistas españoles’ de Murray Bookchin, podemos encontrar un capítulo final de conclusiones donde el autor se pregunta sobre los factores que influyeron en la CNT y por extensión en todo el movimiento libertario de aquella época, porque se será iniciado semejante proceso revolucionario.

Las conclusiones que se apuntan son variadas pero existe una que Murray considera esencial. Esta apuntaría hacia la creencia generalizada de que estaban contribuyendo a la creación de una nueva sociedad basada en los valores que tanto ansiaban conseguir. Esta creencia constructiva animó y rellenar de ilusión a millones de personas en el sentimiento de pertenencia a un movimiento común de mayor envergadura, independientemente de la filiación individual a ateneos, grupos o sindicatos, su espacio vital rural o urbano, o los corrientes que más profesaban.

Lógicamente, fueron conscientes o no de ello, el estado emocional individual influye en la construcción de lo colectivo de una forma determinante. Por el contrario, cuando se somete a las personas a unas condiciones extremas resulta mucho más complejo que establezcan vínculos de solidaridad entre ellas ya que la lucha por la supervivencia adquiere un carácter alejado de cualquier racionalidad y provoca la búsqueda de salidas totalmente individualizadas, un salves quien pueda y como pueda.

El segundo argumento entronca, por un lado el contexto histórico en el que nos movemos y la necesidad estructural del poder para seguir perpetuándose pase lo que pase con el actual modelo capitalista globalizado (o sea, independientemente de que su colapso tarde 5 o 50 años) con la lógica de cómo “vemos” desde cada una de nosotros el mundo que nos rodea, y principalmente, como lo van absorbiendo las nuevas generaciones.

Desde estas premisas no podemos más que estar alarmadas y preparadas respecto al crecimiento exponencial de las organizaciones y partidos ultraderechistas en muchos lugares del continente europeo, en la más que evidente confirmación de que los estado-nación siguen y seguirán condicionando nuestras vidas y, finalmente, en la reflexión que hay que construir y consolidar alternativas sólidas a las nuevas estructuras totalitarias que se están afianzando en el subconsciente colectivo.

No querer darnos cuenta de la “magia atrayente” que ejerce el poder, de su supuesta eficacia para sacarnos de “abismo” social donde nos encontramos y, además, de “protegernos” de la hostilidad del mundo que nos rodea es no acabar de entender cómo ese poder “enamora” a la gente y, sobre todo, a las generaciones que inician su camino. El fascismo disperso, difuso, ambiental del que habla Antonio Méndez Rubio en su libro ‘Fascismo de Baja Intensidad’ es un hecho a tener muy en cuenta. y son esos micro fascismos individuales, personales, pequeños, los que alimentan la bestia.

Finalmente la suma de esfuerzos en apoyo de nuestras acciones y proyectos multiplica su eficacia y su difusión en más capas de la población. En esta consideración, tener un proyecto político común es fundamental si queremos salir del aislamiento al que se nos somete (y en ocasiones nos sometemos) y poder dar alternativas viables al sistema económico social (político) de dominación llamado capitalismo.

* Extraído del Noticia Confederal de marzo 2017, revista de la CGT del País Valenciano

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