Una ‘aldea gala’ resiste en Airbus Puerto Real: “Al obrero lo hace débil la desunión”

“Quién lucha, puede perder. Quién no lucha, ya perdió”, se puede leer en una gran pancarta. La frase de Bertolt Brecht está escrita en una esquina de la lona, en la que se bautiza la acampada como el “campus de la dignidad”. A las puertas de la planta de Airbus en Puerto Real, una treintena de empleados resiste y mantiene una protesta que durará hasta que “se garantice el empleo”.

En esta pequeña aldea gala, en la que hay tiendas de campaña y una carpa bajo la que pasan las horas durante el día, con una mesa y varias sillas, se turnan para alargar la concentración. En una lona van apuntando los días que llevan. 35 en este momento. En otra están los nombres de las subcontratas que trabajan para Airbus, “que van a morir, sí o sí”, vaticinan. Como muchos puestos de trabajo. Aún no se sabe cuántos.

Entre ERTE de larga duración, movilidad interna y medidas voluntarias se prevé amortiguar los cientos de despidos que podían traer el cierre de Puerto Real. Airbus llegó a anunciar que ejecutaría más de 15.000 despidos en 2020, 1.600 de ellos en el país, aunque Alberto Gutiérrez, presidente de la multinacional en España, apuntó recientemente que se ha reducido esa cifra “de forma considerable”, y que ahora hay 460 empleos sin dilucidar su futuro.

La factoría, que tiene los días contados tal como se la conoce ahora mismo, puede convertirse en un centro aeronáutico 4.0 gestionado por el Gobierno de España, que es como han venido a llamar a los planes de futuro para la planta de Puerto Real. La empresa, el Ejecutivo nacional, CCOO y UGT acordaron hace unos días ésta como una “solución satisfactoria” para todas las partes, pero muchos empleados no están de acuerdo. Y los sindicatos que no participaron en el acuerdo, claro.

 “Lo vemos como un chantaje”, dice Cata —llamado así por su apellido, Catalán—. Él lleva 17 años en Airbus, trabajando en el Centro Bahía de Cádiz (CBC) de El Puerto de Santa María, que no se ve afectado directamente por el cierre, aunque participando en la acampada expresa su solidaridad con sus compañeros. “Cuando me engañan o veo cosas que no están claras, no distinguimos entre El Puerto y Puerto Real, todos somos Airbus. Y esto es una cadena, si cae una, con el tiempo caerá la otra”, expresa.

Cata pasó parte de su infancia en tierras alemanas. Su padre, gaditano, y su madre, gallega, emigraron en los años 60 a Alemania, y allí se conocieron, tuvieron hijos y estuvieron casi 40 años. Él no quiere revivir lo mismo con su familia, por eso lucha. “Mi padre siempre decía que cada uno es de dónde le dan de comer, pero echaba de menos su tierra, era un enamorado de Cádiz”, recuerda.

“El obrero siempre sale perdiendo. Somos la parte débil… (piensa), aunque no creo que lo seamos, nos hace débil la desunión. Si estuviésemos más unidos tendríamos más poder”, añade. A Cata le queda la duda de saber cómo habría reaccionado Airbus si se llega a ejecutar la huelga convocada en las plantas españolas, finalmente desconvocada. “Si el acuerdo actual es bueno o malo, el tiempo lo dirá”, agrega Cata, miembro de UGT, aunque los presentes en la acampada matizan que es una protesta “sin siglas”. De hecho, no hay pancartas de ningún sindicato ni colectivo.

El presidente de Airbus España, Alberto Gutiérrez, dijo hace unos días que la planta de Puerto Real es “económicamente insostenible”, tras la cancelación de la producción del modelo A380 y la baja actividad de aviones de fusilaje anchos o de doble pasillo. Algo que no entienden los empleados. “Pero si hacemos un plan de unificación, en una planta sí hay trabajo. Y en El Puerto estamos desbordados. No se explica”, añade Cata.

En la acampada lo acompañan otros empleados, como Tomy, trabajador de Airbus Puerto Real, que después de acabar su jornada laboral, se suma a la protesta. En la factoría lleva 17 años, durante los que ha visto cómo se han ido “perdiendo derechos” y, sobre todo, “estabilidad”. “Nadie es estable”, comenta. “Los salarios de los que entran nuevos son menores”, dice. Hace años, los trabajadores eran fijos a los dos años, ahora tardan hasta 8 o 9, tras su paso por ETT (Empresas de Trabajo Temporal) y estar tres o cuatro como eventuales en la propia compañía, con suerte.

“Nuestros mayores pelearon más”, dice Tomy, quien lamenta que “hay poca conciencia social, nadie tiene idea de lo que se puede perder si se cierra la planta, por lo que aporta al tejido industrial y a la economía local”. Su compañero Cata comparte este pensamiento: “Nuestros queridos viejos lucharon por ellos y por la generación siguiente, por un futuro en la Bahía. La generación actual lucha por el yo. Y no miramos mas allá, para dejar futuro digno a nuestros hijos, se han perdido las ganas de luchar”, dice. Él, que tiene dos hijos, de 10 y 6 años, asegura que, laboralmente, “Cádiz está muerto”.

“Éste es el sitio dónde tenemos que estar, reivindicando los puestos de trabajo y un futuro para la industria en la Bahía”, comenta Juanlu, otro de los acampados. Trabajador del CBC de El Puerto desde 2011, no entiende la paralización de las movilizaciones anunciadas en un principio. Miembro de CGT, pero huye de las siglas, como sus compañeros. “Hemos perdido derechos laborales, el fundamental es escuchar la voz de los trabajadores, ya no se ven asambleas participativas”, señala. “La gente tiene miedo a hablar”.

“Tenemos que estar todos involucrados con la desaparición de Puerto Real”, señala Juanlu. Aún queda por saber dónde se integrarán los empleados de la factoría que serán reconocidos, y cuántos se quedarán, de la empresa y de compañías auxiliares. “No sabemos qué pasará, habrá movimientos voluntarios, pero desconocemos con qué condiciones”, agrega.

“La suma de los dos efectos es que hoy por hoy tenemos una infrautilización de la planta. Más del 50% de la planta no está siendo utilizada, no pensamos que la recuperación en doble pasillo no se produzca hasta el 2023 y esto hace que económicamente la situación de la planta sea insostenible”, contaba hace unos días Alberto Gutiérrez, presidente de Airbus España.

El Gobierno, desde febrero, ha estado manteniendo reuniones con UGTCCOO y la dirección de Airbus para llegar a la conclusión de que Puerto Real, gracias a fondos europeos, puede convertirse en un centro aeronáutico 4.0, “que van a ser sumamente necesarios no solamente hoy, sino de cara al futuro”, en palabras de Gutiérrez.

“Esta propuesta nos permitirá iniciar el diálogo con los representantes sociales para avanzar en el proceso de negociación con la empresa y llegar a una propuesta definitiva lo antes posible. Esto es fundamental si queremos garantizar la presencia y el empleo en la región de Cádiz”, señaló el presidente de la multinacional en España. Desde la pequeña aldea gala instalada en Puerto Real estarán muy atentos a los próximos movimientos.

https://www.lavozdelsur.es/actualidad/sociedad/aldea-gala-resiste-en-airbus-puerto-real-obrero-hace-debil-desunion_260288_102.html

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