Marruecos incumple, pero solo es una subcontrata (Por Isaac Rosa)

Está más que comprobado: la externalización de servicios resulta siempre en peor calidad, insatisfacción del cliente, y finalmente un coste mayor del que se quería ahorrar. Pasa cuando una gran empresa subcontrata el servicio técnico, el call center, el reparto o la cafetería: al principio todo es estupendo, el servicio se presta con normalidad, los clientes no notan nada y sale más barato. Pero con el tiempo, la subcontrata ajusta demasiado sus costes, reduce personal o busca telefonistas en otros países. El servicio se resiente, aumentan las quejas y empeora la imagen de la empresa, que pierde clientes.

Lo mismo le pasa a Europa con la externalización de su frontera sur. Sobre el papel, el plan es genial: en vez de ser los propios países, con sus policías y ejércitos, quienes se ocupasen de aplicar sobre el terreno su restrictiva política migratoria, decidieron subcontratar a otros países africanos para que nos hagan el trabajo sucio, y además nos lo hagan fuera de la vista, lo más lejos posible de nuestras fronteras: en países de tránsito, o directamente en países de origen.

La idea es buenísima, hay que reconocerlo: el servicio se sigue prestando con normalidad, los inmigrantes son retenidos pero sin pisar suelo europeo. El cliente europeo no nota la diferencia, ni se entera de quién se encarga de mantener a raya a todas esas poblaciones forzadas a desplazarse. Y el ahorro es incalculable: no tanto ahorro económico, porque el coste de que otros países retengan personas o acepten su devolución es considerable; pero sí ahorro moral, o ahorro democrático si lo prefieren, ya que los exquisitos europeos nos ahorramos ver lo que nuestras políticas y nuestro dinero hacen con las personas migrantes: centros de detención, violencia policial, connivencia con traficantes, devoluciones sin garantías, abandonos en el desierto, violaciones de derechos humanos… Además, los escandalizables ciudadanos europeos nos ahorramos saber con qué tipo de canallas firman acuerdos nuestros gobernantes, y cuál es la letra pequeña de esos acuerdos. Teniendo en cuenta que el Mediterráneo es la frontera con mayor desigualdad del planeta, no parece mal negocio.

Pero como pasa siempre con las externalizaciones, ay, lo barato acaba saliendo caro. De vez en cuando te sale una subcontrata respondona, que quiere renegociar los términos del acuerdo y subir sus tarifas, o que tiene alguna diferencia con la empresa contratante. Y de pronto deja de prestar el servicio un par de días, como parece que ha hecho Marruecos en la frontera de Ceuta. Resultado: incumplimiento, mal servicio, quejas de los usuarios, daño reputacional.

La pregunta que deberíamos hacernos ante la llegada en pocas horas de 8.000 personas a Ceuta por la inacción de Marruecos, es: sin la colaboración de Marruecos, ¿llegarían 8.000 todos los días? ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por esa colaboración, en dinero (este mismo martes el gobierno aprobó 30 millones para la policía marroquí) pero también en política internacional (traicionando una vez más al pueblo saharaui)? ¿Cuántos miles de inmigrantes diarios nos están ahorrando otros colaboradores? ¿A qué precio?

De la subcontrata marroquí solo tenemos noticia cada vez que hay una crisis migratoria. De otras subcontratas africanas no sabemos casi nada en Europa, porque están lejos, no hacen ruido y prestan un buen servicio. De vez en cuando, eso sí, hay que replantear acuerdos, apoyar a un contendiente en algún conflicto regional o llegar a acuerdos poco transparentes. Pero ni nos enteramos. Mientras el servicio técnico te resuelva la avería, la teleoperadora atienda tu reclamación y los inmigrantes se queden al sur, muy al sur, todo correcto. Hasta la próxima crisis migratoria, en la que se le vuelvan a ver las costuras al asunto.

Si no estamos conformes, si preferimos otra política migratoria europea, una basada en el respeto a los derechos humanos (incluidos el derecho de asilo y la protección de menores), y que permita vías legales y seguras para llegar a Europa sin jugarse la vida; en ese caso debemos hacer lo mismo que cuando no estamos satisfechos con un servicio externalizado: reclamar a la empresa responsable del servicio, no a la subcontrata. Marruecos es responsable de lo que sucede hoy en Ceuta, sin duda. Pero Marruecos no te coge el teléfono cuando llamas para quejarte. Y la responsabilidad de la política migratoria española y europea no está en Rabat, sino en Madrid o Bruselas. Dirijan allí también sus quejas. Si es que no han externalizado también la atención al cliente, perdón, al ciudadano.

https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/marruecos-incumple-subcontrata_129_7947384.html

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