NAFARROA 1 de Mayo / Maiatzak 1a

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Hoy llenamos de nuevo las plazas. Hoy volvemos a encontrarnos para alzar la voz. El Primero de Mayo es un día marcado en la memoria colectiva de la clase trabajadora por la revuelta de Haymarket. Una vez más, el recuerdo de las luchas del pasado nos ayuda a afrontar los retos del presente. Un presente marcado por las deslocalizaciones, por los cierres de grandes empresas como BSH o Nano Automotive, y que se agrava en este momento con las guerras y conflictos en diversas partes del globo provocados por los intereses económicos de las élites.

Un presente, también, marcado por la crisis capitalista y por el empeoramiento de las condiciones de vida de nuestra clase. Hoy, trabajar no garantiza llegar a final de mes. Aunque nos den cifras de crecimiento económico, nos digan que avanzamos, que tengamos paciencia…. Bien sabemos lo que hay: que la vida es cada vez más cara, que la vivienda es inaccesible. Se encarece la cesta de la compra, la energía, los suministros… Todo sube. Todo menos los salarios. Y mientras tanto, va retrasándose de manera paulatina la edad de jubilación.

A su vez, hemos de padecer la degradación constante de los servicios públicos a la par que se invierten cifras obscenas en obras faraónicas como las del TAV: 15 millones de euros el kilómetro de vía y 170.000 de mantenimiento anual por cada uno de ellos. Y aún pretenden hablarnos de resignación. Ellos: los empresarios, la clase política, los rentistas, los fondos buitre, la banca. Resignación, dicen, los responsables de esta miseria moral.

Deslocalizaciones, pues. EREs y cierres de empresas. Recortes y el debilitamiento de los servicios públicos. Todo ello alimenta el miedo al futuro y se ha convertido en una constante que paraliza nuestra lucha por unas condiciones laborales y de vida dignas. Y esta situación no deja de ser aprovechada por empresarios y administraciones para exigir a la clase trabajadora cada vez mayor número de sacrificios.

La precariedad laboral, la inestabilidad y el miedo se traducen en un aumento constante de los riesgos laborales y psicosociales, y éstos, en un aumento de los accidentes, las enfermedades y las muertes en el trabajo. 35 trabajadores fueron asesinados el año pasado en Nafarroa, una de las tasas más altas de todo el estado. Éstas no son cifras: son nuestros muertos, son nuestras compañeras, son nuestros familiares. ¡Frente al terrorismo patronal, solo nos queda la organización y la lucha! 

En los últimos años asistimos a una extensión de los valores más reaccionarios. El racismo, el antifeminismo o el odio sobre las comunidades transmaricabibollo no son sólo discursos que se propagan por las redes sociales, sino que se materializan en forma de violencia y precariedad para los sectores más vulnerables de la clase trabajadora. Del mismo modo, el estado agudiza su represión contra las organizaciones que hacen frente a los abusos y a la miseria capitalista, como el sindicalismo de clase, las luchas por la vivienda, el antifascismo o los diferentes movimientos sociales. En Iruñerria tenemos ejemplos recientes, como la represión sufrida por quienes se enfrentaron al desahucio de Burlada o los controles policiales racistas habituales en nuestras calles.

El sindicalismo de clase debe enfrentarse sin ambigüedad al fascismo, la represión y el autoritarismo. A nivel internacional, asistimos a una escalada bélica: Palestina, Kurdistán, Venezuela, Líbano, Irán, Cuba, Ucrania… Tras estos conflictos se esconden los intereses económicos de la clase dominante, el imperialismo y el agotamiento de recursos generado por la sobre-explotación del planeta. Sus consecuencias se evidencian a diario: genocidios, muerte y empobrecimiento, y es el proletariado, de nuevo, la principal víctima de sus masacres. La injusta e injustificada guerra en Irán agrava esta situación: cada bomba que cae matando a inocentes repercute, además, en las condiciones de vida de quienes sobreviven (exilio, pauperización, enfermedad) además de en las condiciones de las personas trabajadoras, especialmente de aquellas más precarias, y mina aun más si cabe el equilibrio internacional. Frente a sus guerras, la solidaridad internacionalista es la única respuesta posible para la clase trabajadora. Y así volvemos a gritar: ¡Ni guerra entre pueblos, ni paz entre clases!

En un sistema basado en la lógica del crecimiento sin límites y en la búsqueda del beneficio individual, la legislación no sirve sino como base para esta explotación de personas y de bienes naturales. Los gobiernos y los discursos cambian, pero hay una cosa que permanece: que la única fuerza real de la clase trabajadora es la que se construye desde abajo, cuando se organiza y decide colectivamente, independientemente de intereses ajenos y poniendo en práctica el apoyo mutuo y la solidaridad de clase. Por eso, un año más, hacemos un llamamiento a organizarse en cada centro de trabajo, en cada barrio y en cada municipio por la justicia social. ¡Viva la lucha de la clase trabajadora! ¡Viva el Primero de Mayo! ¡Guerra a la Guerra!

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