El encuentro con Amador Martínez, Pedro Salas y Pablo Alberto Aguirre es
un día de otoño en el local de CGT de la capital alavesa. Los tres son sindicalistas
de sobrada experiencia, actitud recia, principios claros y conversación sin zarandajas. Amador trabajó en Michelin de 1978 a 2017, Pedro que lleva la voz principal de 1976 a 2018 y el más veterano, Pablo Alberto, de 1972 a 2012.
En 1980 las luchas laborales estaban en un momento de apogeo. Ese año, CNT se presentó por primera vez a las elecciones sindicales en la factoría de Michelin de Vitoria-Gasteiz. Fue el inicio de una sección sindical histórica, que con lucha y tesón consolidó una apuesta organizada anarcosindicalista que continúa hoy en día. Entrevistamos a tres militantes de Michelin que vivieron en primera persona el proceso de consolidación de CNT-CGT en unos tiempos convulsos.
¿Cómo surgió la sección de CNT en Michelin?
Pedro: Después del franquismo empezaron las secciones y en las elecciones sindicales los sindicatos que tuvieron la mayoría fueron CCOO y UGT. Muchos de nosotros estábamos en uno o en otro, pero a la hora de las reivindicaciones y de negociar los convenios se crearon muchos problemas y disensiones entre lo que realmente queríamos los trabajadores y lo que defendían las cúpulas de los sindicatos.
Hubo una gente que rompió con ellos porque había conflictos en las asambleas, fundamentalmente con CCOO que quería llevarnos al terreno de la empresa y se buscó un lugar donde trabajar sindicalmente. Después de evaluar varias opciones, la gente que estaba en la primera línea se unió a la CNT. Yo mismo rompí el carnet de CCOO y les mandamos a la mierda.
¿CNT ya existía en Vitoria-Gasteiz?
Pedro: Sí. Había gente mayor que la había reconstruido, se sumó gente que conocía las ideas, pero nosotros en ese momento el sentimiento libertario o anarcosindicalista no lo teníamos.
Fue poco a poco. Fuimos viendo el funcionamiento, la posibilidad de llevar adelante un sindicalismo reivindicativo y de acción directa, y así fuimos conociendo y asumiendo el concepto de organización.
En Vitoria había además una tradición de asamblearismo, había sido la masacre del 3 de marzo de 1976 en la iglesia de San Francisco de Asís en los que la policía asesina a cinco trabajadores…
Pedro: Sí, el 3 de marzo fue un punto de inflexión muy importante porque estuvo implicada toda la ciudadanía de Vitoria. Aquello fue una pelea del pueblo contra la represión del posfranquismo. Ese día yo estaba metido en la iglesia, tuve lesiones por la represión. La gente en ese proceso se organizó en asambleas, las cosas que se hacían se decidían ahí.
Pablo Alberto: Es curioso porque en aquella época todas las empresas estaban en lucha, excepto una, que era Michelin. Entre otras cosas porque en 1972 hubo unas huelgas terribles y había pasado por un proceso de represión muy fuerte y la gente estaba un poco acojonada. Eso luego cambió. En 1980, cuando nos presentamos como CNT, sacamos 742 votos, de un censo de 3.742 trabajadores. Entonces había una candidatura de “no afiliados”, pero eso fue cambiando hasta los conflictos posteriores a 1989. Después de 1980 el tema se polarizó entre nosotros y CCOO. En 1990 sacamos 948 votos y CCOO 859, sobre un total de 3.049 trabajadores en plantilla.
Amador: La empresa movió a esos “no afiliados” hacia CCOO, para hacer arreglos con ellos. Algo que se mantiene hasta hoy en día. Está gente, para que te hagas a la idea, tiene más afiliados que votos. Muchos lo hacen por miedo, algunos han entrado de la mano de ellos o de UGT y claro, luego cuando trabajan no dicen nada y otros a lo mejor nos votan a nosotros. Y así son luego las cosas.
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De 1980 a 1984 hay un periodo muy conflictivo en la empresa, en un contexto político muy fuerte en el País Vasco.
Pedro: Yo entré en Michelin nada más hacer la mili y no noté ninguna diferencia con el ejército. El que estaba de jefe de taller se le llamaba “contramaestre”, era como un régimen militar, luego fueron cambiando. No te podías mover de un taller a otro y si te llamaban de la oficina era para humillarte. Había gente mayor que salía llorando. Y en esa época, a través de las asambleas, de conocernos y apoyarnos, perdimos el miedo. Y una vez que pierdes el miedo se acaba todo, porque el miedo cambió de bando. Íbamos a los piquetes a la puerta de la fábrica y la gente se organizaba de manera autónoma, nadie te decía qué tenías que hacer. Eran una movilizaciones muy fuertes, porque se hacía una huelga de semana al mes, era rotativa. Y durante esos días, Vitoria entera era Michelin porque estábamos en la calle constantemente, con peleas muy gordas, en un contexto general también muy fuerte.
Pablo Alberto: Cuando inauguraron el aeropuerto lo pensamos y fuimos para allá, no se lo esperaba nadie. Estaban ahí con sus abrigos y empezamos a protestar y no se lo esperaban, les pillamos por sorpresa. Lo habíamos preparado así, sin avisar. Eso se ha perdido. Antes en los comedores se hablaba de los problemas del día a día y surgían las ganas de luchar, esto se fue perdiendo y ahora la gente anda cada uno con su móvil y así van las cosas. Ese ambiente en los tiempos del bocadillo o cuando estábamos juntos de concienciar y hablar de los problemas era muy importante.
Amador: Cuando vino Suárez nos recibió, porque se hablaba de la problemática de Michelin en la ciudad, y él dijo: “pero quién le pone el cascabel al gato”. Aquello me marcó, porque yo era un chaval y veías una combatividad tremenda, con nieve, con todo, la gente se movía.
En 1980 los Comandos Autónomos ametrallan el coche del jefe de personal de Michelin, Jesús Casanova, y ese mismo año ETA (p-m) asesina a Luis María Hergueta, jefe de oficinas técnicas.
Pedro: Así fue. Tras los atentados la empresa hizo un cierre patronal que duró 21 días y ahí hubo mucha unión entre los trabajadores. Hubo reuniones con las Cajas de Ahorro donde se consiguió parar temporalmente el pago de las hipotecas que tenían muchas familias. Fue en esos días cuando se montó un economato entre los trabajadores para la gente que tenía más necesidad.
Pablo Alberto: Se pagaba además una cuota por los que podían de forma voluntaria para la caja de resistencia.
Pedro: La máxima anarcosindicalista: dar en la medida de tus posibilidades y recibir en la medida de tus necesidades. Hubo compañeros que se pusieron en huelga de hambre en la iglesia de la Esperanza y se estuvo allí hasta que la justicia dijo que no se podía tener la fábrica cerrada.
Amador: De aquella había gente con cuatro o cinco hijos, hubo mucha solidaridad y ahí las mujeres fueron fundamentales.
Pablo Alberto: Yo estaba haciendo la huelga de hambre y los trabajadores iban por la ciudad informando de lo que estaba pasando. Hubo un ambiente muy jodido, pero también mucha unión. Juntábamos a muchísima gente en las manifestaciones, que no siempre nos autorizaban, por lo que hacíamos las famosas culebras por la ciudad, consistentes en ir circulando por las aceras alrededor de 2.000 personas, era increíble.

En esos años hay un movimiento autónomo y libertario emergente, estaba la revista Resiste, Hala Bedi Irratia, el principio del Gaztetxe…
Pedro: En Vitoria después de lo del 3 de marzo había un sentimiento muy fuerte de solidaridad con las luchas obreras, con nosotros hubo mucha, hacíamos unidad de acción. Salvo con CCOO y UGT, la izquierda abertzale o todas las organizaciones próximas al movimiento libertario nos apoyaban.
Hicimos manifestaciones enormes y es importante señalar que la participación de las mujeres fue muy importante, mucho. Ellas se presentaban en las puertas de las fábricas, en los piquetes, iban donde el gobernador o al ayuntamiento y todo eso sumaba mucho.
Pablo Alberto: Michelin éramos como una isla, porque en todos los sitios estaban CCOO y UGT o sindicatos nacionalistas, como ELA o LAB. Los únicos que teníamos una línea muy distinta éramos nosotros.
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¿Cómo fue el apoyo de CNT-CGT a partir de las detenciones y cárcel en 1984?
Pedro: Ese apoyo fue fundamental, las cosas como son. Nosotros no podíamos pensar que hubiera tanta represión, piensa que te puede pasar algo en una manifestación, que te detengan, pero no que haya compañeros que vayan a la cárcel. Pillaron a cuatro o cinco compañeros y ahí fue fundamental tener apoyos.
El apoyo por parte de la Organización a nivel estatal fue enorme, desde el primer momento tuvimos el respaldo del SP del Confederal con Pepe March a la cabeza, poniendo a la Organización a nuestro servicio en lo que hizo falta, tanto económicamente como dándonos visibilidad en todas las territoriales, donde nos facilitaban a través de charlas el poder explicar nuestra situación dentro y fuera de la Organización. A cualquier lugar que íbamos la gente era muy solidaria, en Cataluña, en Andalucía, en Galicia o por otros lados.
La relación con la CNT de Hernani, donde estaba la Secretaría de Euskadi, fue fundamental para el conocimiento de lo que es la CNT-CGT, hacíamos muchas charlas de formación donde participaban todos los sindicatos a nivel de Euskadi. Al mismo tiempo ya en Vitoria hacíamos ciclos de charlas, por ejemplo con Félix Carrasquer, que estuvo una semana y fue buenísimo, una pasada. Hacíamos cursos de formación prácticamente todas las semanas, también con proyecciones de cine…
Pablo Alberto: El ambiente que había aquí y el que había a nivel del Estado con el sindicato era muy bueno.
Amador: La fuerza que salía de aquí y la solidaridad que tuvimos de fuera ni nosotros nos la creíamos. Eso es lo que nos hacía fuertes frente a la multinacional, también frente a CCOO que estaban aplicados en hacer lo que la empresa quería.
Pedro: En un artículo de prensa salió que para las detenciones de los trabajadores de Michelin, CCOO tuvo mucho que ver. Nos podía haber tocado a cualquiera aquello. Nunca abandonamos a los compañeros en la cárcel, se iba a las visitas y a moverlo por todos lados. El movimiento solidario que hubo fue impresionante gracias a la Organización, el Secretariado Permanente estuvo en todo momento, con Pepe March a la cabeza.
Cómo creéis que se valora con el paso del tiempo a CGT Michelin.
Pedro: Siempre nos hemos hecho respetar, con argumentos y las cosas claras. Cuando hubo negociaciones o había que hablar con Michelin siempre se han dado alternativas, siempre.
Amador: El problema Michelin no lo tiene con CGT, el problema lo tiene con los mansos que no se saben ni por dónde van a ir. Ningún gobierno te va a solucionar el problema, te tienes que pelear lo tuyo, tienes que juntarte con más gente, luchar desde el puesto de trabajo, eso lo tienen que ver los jóvenes. Nosotros estábamos una semana de huelga y ahora hay mucha tontería.
Pablo Alberto: Piensa en el ambiente general que hay, la mayoría de la gente joven ya no va a los sindicatos. Eso sí, quejas muchas.
Pedro: Lo que se creó aquí con la sección sindical de Michelin yo creo que ha sido único, porque había cualquier conflicto, aunque no fuera nuestro, y había gente que estaba dispuesta a ser solidaria. Esta misma sede la compramos después de los juicios a los compañeros, porque mucha gente aportó dinero para las fianzas, cuando se recuperó, porque todo quedó en nada, muchos sindicatos de todo el Estado de CGT nos dijeron de que era para nosotros y pudimos cambiar el piso donde estábamos a este local. Así que para nosotros, CGT ha sido y es muy importante. Y todo esto que aquí relatamos es una milésima parte de la historia de la Sección Sindical de CGT en Michelin
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