Poder Judicial y miseria democrática


Ilustración de Angel Boligan

El nombramiento de los miembros del Consejo General del Poder Judicial que corresponden al Parlamento por mayorías cualificadas (tres quintos) es un problema pues conlleva que un determinado partido pueda bloquear su renovación, como en la actualidad ocurre, lo que es indicativo de que esos partidos no defienden nada más que sus intereses y en absoluto la calidad democrática, en este caso la calidad e independencia del Poder Judicial.
En la actualidad esta capacidad de bloqueo es un problema, pero es un problema coyuntural, que tendrían que resolver prestando más atención a criterios de competencia que a sus intereses. Resolverlo suprimiendo el requisito de mayoría cualificada, reduciéndola a mayoría absoluta podrá resolver la actual coyuntura, pero creando un problema mucho mayor y de más largo alcance. ¿Qué pasará cuando PSOE, o PP, o …, tengan mayorías absolutas, como las han tenido? A todos los miembros del Poder Judicial se les podrá exigir carnet del partido y juramento de fidelidad y acatamiento, como ahora lo hacen con sus parlamentarios y parlamentarias. Y pudiendo hacerlo lo harán, dado su habitual comportamiento de no mirar más que sus propios intereses.
Separar esos nombramientos del Parlamento sería necesario. Pero tampoco se puede dejar exclusivamente en manos de juezas y jueces, quienes también llevarían a cabo dinámicas de acumulación de poder que utilizarían en su propio interés. El que ese órgano sea nombrado y renovado por sorteo entre los jueces y juezas que cumplan los requisitos exigibles puede parecer absurdo, pero sería la solución menos mala y la que más garantizaría una independencia del Poder Judicial.
Pero más allá de este nombramiento y la solución que puede alcanzarse, la situación evidencia la escasa calidad democrática que padecemos y su permanente degradación. El que no haya en PSOE o Podemos ninguna voz en contra de esta arbitrariedad despótica –como no la hubo en su día en el PP, por ejemplo, en el apoyo a la Guerra (invasión) de Irak- resulta indicativo de la calidad de nuestra democracia partitocrática. Tenemos un Parlamento vacío de parlamentarios y parlamentarias, ocupado tan solo por un reducido número de marcas electorales. Los parlamentarios y parlamentarias sobran, no sirven más que para incrementar el gasto, y el bochorno. Un representante por marca electoral con el porcentaje de voto que le corresponda sería suficiente y evidenciaría la situación en que nos encontramos. Parlamentarias y parlamentarios no sirven más que para disfrazarla, para dar apariencia democrática a una realidad que de democracia tiene cada vez menos.
Lamentable, por otra parte, que el trabajo reformista del Gobierno se centre en la manera en la que protegerse a sí mismo de las embestidas de la oposición cuando afrontamos una dura crisis que no es solo sanitaria sino social, económica y ecológica y que hunde sus raíces mucho más allá que en el Coronavirus.
Hoy que las proclamas del 15M parecen viejas y olvidadas tendremos que tratar de rescatar su potencial de denuncia y transformación pues, definitivamente, no nos representan.

Chema berro, afiliado a CGT/LKN-Nafarroa




Corinnavirus, jeque y mate al rey

16 de marzo: de la cuarentena a la cincuentena. Mi cumple, ni tarta, ni regalos, mi día.

Días después me entero que Juan Carlos I el “Campechano”, entregó años atrás una maleta llena de dinero negro en Suiza. Con guante blanco se protege el rey demérito y se lava las manos frente a la amenaza del Corinnavirus. Mientras, morimos por falta de recursos sanitarios, con comercios cerrados y funerarias abiertas por defunción.

Más sabe el diablo por Villarejo que por diablo, la fortuna del bribón se cuenta por entregas pero no se entrega, huye el cobarde pecador tras sus chanchullos con los tiranos del petróleo y los empresaurios del IBEX que nos dejan en ERTE. El “Campechano” se las pira a una república, nada de anacronismos, República Dominicana, de turismo sexual con el Burdel King abierto 24 horas, a cuerpo de rey y pernada, huye antes de que le implanten el microchip de la vacuna.

Mientras por aquí, los monárquicos anti-felipistas se arman para la guerra Juancarlista, las republicanas exigen referéndum entre república o corona para Froilán y Leticia Sabater, los y las anarcosindicalistas luchan por la autogestión obrera de Nissan con planteamientos ecológicos.

Mi cumple, ni tarta, ni regalos… espero que esta Navidad los Reyes me traigan la abolición de la monarquía y una tarta para estampar a ya saben quién, el día después de su cumple.

Goio Gonzalez, afiliado a CGT/LKN-Nafarroa




Un virus o las personas, ¿quién salvará el planeta?

La rápida propagación del COVID-19 por todos los rincones del globo se debe exclusivamente a la acelerada globalización capitalista, huida hacia adelante que precisa de una frenética circulación de personas y mercancías, saqueo armado y tráfico de las escasas materias primas, descomunal consumo energético, contaminación y calentamiento global que hace de la Tierra un escenario cada vez más dantesco, a la que sumar una desbocada precarización laboral que impone el cortoplacismo financiero, germen de desigualdades que crecen exponencialmente al dictado de la algoritmocracia.

Por si fuera poco, expertos y expertas nos alertan de que la pérdida de funciones importantes de los ecosistemas y la biodiversidad incrementa la posibilidad de que enfermedades como el COVID-19 se propaguen rápidamente, y nos advierten que de seguir así, mutilando los ecosistemas, el riesgo de brotes más letales de virus será un hecho irremediable, que hasta podría sentenciar a muerte a toda la humanidad (sin contar con otras amenazas del cambio climático), vista la escasa capacidad sanitaria y de cuidados que disponemos, tal como dicta y gusta la economía financiera. Insisto que de esto nos avisan personas expertas, nada de “tertulianos” de esos que muestran sus conquistas sexuales mientras nos ocultan la realidad en plena conexión televisiva.

¿Nuestra extinción? Tal vez sea la solución para salvar el planeta de su mayor parásito, pero nos cabe otra: tomar conciencia de la situación en este contexto histórico, porque no es un catarro pasajero a olvidar, no. Quizás sea nuestro último cartucho. Hagamos de este confinamiento el momento de poner en su sitio nuestras contradicciones morales, nuestra forma de entender y defender la vida, de enriquecernos socialmente, de aprender de experiencias comunitarias como las de Rojava o Chiapas, de aprender de los apuntes de ecología social que nos dejó Murray Bookchin, de las aportaciones del ecofeminismo. Se trata de aprender a vivir en igualdad con nuestros semejantes, en equilibrio y armonía con el planeta del que somos invitadas e invitados, no sus amos.

Goio Gonzalez,

grupo de Comunicación de CGT/LKN-Nafarroa

 




No es coronavirus, es capitalismo

Hubo un poeta que trabajó en un matadero. Nunca se duchaba al salir de la fábrica. Olía a sudor y sangre. El sudor se perdía pero el olor a sangre cobraba fuerza. Cuando subía al autobús con las almas de todos los animales muertos que viajaban con él, las cabezas volteaban discretamente, la gente se levantaba y se alejaba de él.Hubo un poeta que trabajó en un matadero. Nunca se duchaba al salir de la fábrica. Olía a sudor y sangre. El sudor se perdía pero el olor a sangre cobraba fuerza. Cuando subía al autobús con las almas de todos los animales muertos que viajaban con él, las cabezas volteaban discretamente, la gente se levantaba y se alejaba de él.

Pero él quería oler a sangre, porque degollar a los animales y lavarse las manos le era impropio, tan impropio como lo es privatizar la sanidad, recortar y lavarse las manos.

“Si paseáis por las avenidas de la muerte, lavaros las manos”, nos dicen, “que los hospitales huelen a sangre y los vertederos se llenan de tumbas”.

Como este virus no entiende de clases, nuestro confinamiento, sobreexposición laboral, no son por nosotras y nosotros. Es por quienes nos roban protegidos con guantes blancos, por quienes se lavaron las manos. 

Cuando los cuerpos armados dejen de amenazarnos al final de este encierro, vamos a dejar de portarnos bien con el capitalismo, el genocida más respetado del mundo, el big data que no para de observarnos y controlarnos, se acabó, vamos a salir a la calle en masa para desparasitar a esta sociedad, para que devuelvan lo robado al bien común, nos llevaremos las rosas de las avenidas de la muerte, para que se repartan por todos los rincones del mundo, entre las personas más desposeídas, construyendo una red global de apoyo mutuo para recuperar un planeta al que el subdesarrollo le devuelva la vida.

Goio González, afiliado a CGT-LKN Nafarroa




27 de septiembre

A causa de una serie televisiva de moda, el desastre nuclear de Chernóbil ha vuelto a tomar alguna relevancia pública en nuestra sociedad. Décadas después, sabemos que la gestión de aquella tragedia que produjo gravísimos perjuicios humanos, sociales y medioambientales estuvo atravesada por la negación, la ocultación y las mentiras. Pues bien, todo apunta a que es idéntica la manera en la que nos están gestionando la actual crisis climática, si bien sus consecuencias pueden ser mucho mayores, de magnitudes superlativas.

Se podría decir que es la deriva del capitalismo la que nos ha traído hasta este punto de difícil retorno y en gran medida es así, pero no se puede obviar la manera en la que hemos participado y participamos de este voraz y destructor modelo. Hemos confundido progreso social con opulencia, bienestar con consumo. Hemos aceptado como si de necesidades se tratara todo lo que nos han ofrecido: coches, viajes, tecnología, grandes infraestructuras… Por ello, para que la búsqueda de un nuevo modelo económico y social tenga un mínimo de credibilidad, se hace necesaria una previa transformación personal y colectiva que sea nuestro mejor argumento a la hora de extender su defensa y de exigir las necesarias medidas a quienes más responsabilidad tienen. Y no nos estamos refiriendo, únicamente, a que debamos tomar mayor conciencia con el reciclaje o con la eficiencia energética de nuestros electrodomésticos, estamos hablando de poner en cuestión la piedra angular de nuestro tiempo, la idea de crecimiento económico constante.

Lo cierto es que nos encontramos en un momento clave, en el que todavía es posible ejercer algún tipo de presión sobre la senda a tomar respecto al afrontamiento del cambio climático, la escasez de recursos y el deterioro del medio. Una vez superada la fase de negación del problema, ya se nos están presentando falsas soluciones de la mano del llamado capitalismo verde que con toda su geoingeniería e introducción de tecnologías energéticamente más eficientes sólo pretende que la máquina no se detenga, que aumente el consumo, que crezca la economía en un mundo que no es capaz de soportar el actual ritmo de explotación del medio. Que la orquesta siga tocando mientras el barco se hunde y sigamos bailando al compás del réquiem más animado y colorido que en toda la historia se ha conocido. Por ello, el ecocapitalismo, cualquier forma de capitalismo, únicamente nos puede llevar al incremento de la catástrofe y no es sino la mera antesala del ecofascismo que ya podemos entrever a través de algunas de sus ya graves manifestaciones tempranas, tales como un criminal control de fronteras o el auge de partidos de extrema derecha.

El rechazo a sus malas soluciones tiene que venir acompañado de nuestras propuestas y de nuestra voluntad transformadora. Debemos mostrar un nivel de convicción en relación a nuestras exigencias y decir no al crecimiento y al desarrollismo asumiendo el decrecimiento y el antidesarrollismo. Vivir mejor con menos. Garantizar la cobertura de las necesidades de cuidados, salud o educación. Poner la vida en el centro como promulga el ecofeminismo. Para ello, necesitamos cambiar modos de vida, recuperar espacios colectivos, reavivar la participación social y generar solidaridad así como relaciones justas y respetuosas entre personas y comunidades a través del tiempo (quienes vendrán) y del espacio (quienes están en otras latitudes y/o en otras circunstancias). Esto supone un reto increíble pero sólo podemos abordarlo empezando a andar y algunos pasos ya se están dando. Por ello, tratando de impulsar el avance en esta senda, este artículo termina reproduciendo el último párrafo del manifiesto que se está difundiendo en torno a la Huelga mundial por el clima del próximo 27 de septiembre:

En defensa del futuro, de un planeta vivo y de un mundo justo, las personas y colectivos firmantes nos sumamos a la convocatoria internacional de Huelga mundial por el clima, una movilización que será, huelga estudiantil, huelga de consumo, movilizaciones en los centros de trabajo y en las calles, cierres en apoyo de la lucha climática,… e invitamos a la ciudadanía y al resto de actores sociales, ambientales y sindicales a secundar esta convocatoria y a sumarse a las distintas movilizaciones que sucederán el 27 de septiembre.”

 

CGT/LKN-Nafarroa




Banatu Taldea: De la indignidad del paro y del reparto del trabajo

Extraído de: https://banatutaldea.blogspot.com/2019/07/de-la-indignidad-del-paro-y-del-reparto.html

En España las personas en paro son 3.015.686: estamos de enhorabuena, es la mejor cifra desde hace once años. En Navarra las cosas van mejor, las personas en paro son “solo” 30.376; también la mejor cifra desde hace once años, estamos, por tanto, doblemente de enhorabuena.

Durante esos últimos once años la totalidad de la clase política ha estado barajando los datos de paro, presumiendo de descensos o acusando de incrementos, escondiendo lo principal: la sangrante injusticia de considerar que cinco, cuatro, tres millones o una sola persona puedan ser descartadas, dejadas en la cuneta, decirles que para nuestra sociedad no cuentan, que no sirven y que, no sirviendo, estorban.

Para las personas que están en política el paro es un dato que, como otros, puede resultar malo, regular o bueno, no una realidad que debiera resultar insoportable.

E igualmente pudiéramos hablar de quienes ostentan una responsabilidad sindical que también viven con y de esa relatividad del paro, barajándolo como mero dato pero con el agravante de saber que con esa realidad no puede ejercerse su oficio, el de hacer sindicalismo, sino en una mediocridad indigna. Detrás del paro está la debilidad hasta la anulación del sindicalismo. Detrás del paro está la precariedad como mal menor, y el retroceso imparable de todas las condiciones laborales y salariales que, en teoría, tiene o tendría la obligación de defender.

Pero además de la actuación de lo que en algún momento se llegó a denominar “la casta”, por aproximación pudiéramos hablar de una “sociedad-casta”, la de quienes estamos o creemos estar en una zona de confort, libres de la amenaza del paro, el cual afrontamos tratando que no nos afecte en lo cercano, más que buscando una forma de atajarlo socialmente.

Ciertamente, no somos la causa directa del paro. El paro lo causa un sistema económico en el que el criterio dominante y aun exclusivo es el incesante incremento de su tasa de acumulación, y que, en su fase actual, para mantenerla tiene que exacerbar su competitividad y su carácter arrasador. Decir que el capitalismo se beneficia del paro y de sus secuelas de precariedad y deterioro de las condiciones laborales y salariales es insuficiente. No solo se beneficia, lo necesita; no es una cuestión de voluntad o ética sino mecánica o sistémica.

El problema es que el capitalismo lo invade todo. La política, el sindicalismo y nuestro ser colectivo e incluso el individual, en distinto grado, están invadidos de capitalismo y de sus valores: de individualismo, de competitividad, de inmediatismo y de sacralización del consumo y de la cantidad. No siendo los causantes no dejamos de tener, en distintos grados, responsabilidad en su dominio e implantantación.

Dentro del capitalismo el paro no tiene solución y no podemos contribuir a acercarla ni como personas ni desde el sindicalismo ni desde la política, tanto en cuanto el capitalismo nos invade. Al contrario, tras el éxito de haber reducido el paro a tres millones en una fase de supuesta bonanza, en una nueva más que probable fase de recesión partiremos de estas altas tasas de paro y de precariedad hacia cotas aún mayores.

Pero el paro puede atajarse, como se haría en una sociedad normalizada, no enferma de capitalismo, sencillamente repartiendo el trabajo, el existente, poco o mucho. Reduciendo el tiempo de trabajo, no haciendo horas extra, adelantando la edad de jubilación,… Pero para ello tendríamos que dejar de hablar de lo relativo, de las cifras y los datos, por lo menos hasta haber establecido criterios en lo principal, en acabar con la arbitrariedad, con la indignidad del paro y de toda forma de exclusión.

No basta con pedir y reclamar a instancias superiores que nos solucionen el problema. No basta con exigir algo tan sensato como la inclusión de la lucha decidida contra el paro y el pleno empleo en los acuerdos programáticos de los futuros gobiernos estatal y autonómico. Si como personas y como sociedad no damos pasos en esa dirección poco podremos esperar de lo institucional, y tampoco se lo exigiremos con la suficiente rotundidad.




La Espiral (Hordago): De gorriones y el modelo

Extraído de: https://www.elsaltodiario.com/laespiral/gorriones-modelo

Según un estudio de una prestigiosa asociación ornitológica, en España, han desaparecido treinta millones de gorriones en una década. En palabras de esta asociación “hay estudios que apuntan a la contaminación, ruido, alimentos de mala calidad, falta de refugios …” Claro está, que esto no va de gorriones. Ni siquiera de derechos animales. No. Esto va de en qué tipo de sociedad estamos sobreviviendo o mejor dicho, en qué clase de sociedad estamos pereciendo.

Cuando el modelo económico se basa en un consumo desaforado de cosas y recursos, sin mayor criterio que el de mantener no me digas qué niveles de crecimiento, para mayor gloria y acumulación capitalista, la menor de nuestras preocupaciones debiera ser la población de gorriones. Pobres. Sin embargo, son un indicador de lo rematadamente imbéciles que somos, abrazando una forma de vida que ni siquiera lo es, ya que estamos contribuyendo, entre todas, más que a una forma de vida, a la forma de muerte con más aceptación jamás contada.

Para mantener nuestra forma de muerte, sobreexplotamos los recursos del planeta como si éstos fueran inagotables; contaminamos nuestro entorno, haciéndolo cada vez más invivible, como si no nos fuese a afectar; consumimos toneladas de cachivaches electrónicos que reemplazamos por otros en cada vez menos tiempo, llenando vertederos que no van a ser capaces de asumir tal cantidad de desechos (ya no son suficientes pero siempre nos quedará África, India,… como enormes contenedores); requerimos cada vez de una mayor cantidad de energía para nuestro día a día, sin hablar del consumo de plásticos y sus efectos. Hasta un millón de especies están al borde de la extinción por la acción humana. Sin embargo, aún nos llama la atención que 30 millones de gorriones la hayan espichado en 10 años. Definitivamente somos la especie más imbécil del universo conocido.

Lo somos porque abrazamos un modo de vida que no es tal. Tres cuartas partes del planeta sirven al cuarto afortunado, que dicho sea de paso, cada vez lo es menos, lo somos menos, aunque sin comparación con los lugares más empobrecidos. Y el tiempo pasa y la solución, si la hay, está cada vez más lejos de ser factible. Cada vez más alejada de nuestras manos. No es una cuestión de ver el vaso medio vacío, es una cuestión de meternos en la cabeza la absoluta emergencia que, como especie, tenemos ante nuestras narices y no queremos ver.

Estamos entregados a un modo de vida en el que nuestro bienestar individual y nuestro aspecto, priman sobre los problemas colectivos, que nos aburren y nos obligarían de alguna forma a cierto compromiso social. No tenemos tiempo o tendríamos que dejar a ir a spinning. Para evitar cualquier tentación de vivir hacia fuera, socializando este sinsentido de existencia, corremos o meditamos o tiramos con arco, eso da igual, la cosa es que nada ni nadie altere nuestra felicidad. ¡Sólo se vive una vez!

Todo esto, que no es poco, nos tendría que llevar a una reflexión colectiva, urgente, en torno a si realmente queremos cambiar este modelo absolutamente destructor de la vida -buscando una austeridad activa en nuestra cotidianidad, menos espectáculo y más solidaridad con el prójimo- o simplemente unirnos a los gorriones, e ir poquito a poco, desapareciendo. Los gorriones no pueden reflexionar, nosotras como especie, al menos deberíamos cuestionarnos esa capacidad. Hagamos al menos el esfuerzo.




Desmontando el mito del derecho al turismo

Extraído de: http://www.briega.org/es/opinion/desmontando-mito-derecho-turismo

Hace
38 años se inventó el «derecho al turismo». Lo hizo la Organización
Mundial del Turismo (OMT) integrada en Naciones Unidas. Se proclamó en
nombre del desarrollo económico, la paz y la prosperidad de los pueblos.
Si embargo, son muchas las voces críticas que cuestionan que realmente
pueda hablarse de un derecho al turismo ya que más que buscar el
ejercicio de libertades para toda la humanidad lo que pretende amparar
son los intereses económicos de este sector empresarial.

Todo proceso económico a escala mundial que conlleve la acumulación
de capital a costa de la desposesión de una parte de la población, como
es el turismo, necesita un discurso legitimador que lo sostenga. Los
estragos que causa el turismo a las poblaciones locales que lo soportan
no podría sostenerse si no se estuviera perpetrando a costa de algo tan
importante como un derecho. La gravedad de los costes humanos, sociales y
ambientales del turismo, es directamente proporcional a la solemnidad
del discurso que lo justifica, de ahí que la OMT haya coqueteado con ir
más allá y no hablar ya del derecho al turismo como un derecho social,
sino como un derecho humano. Así lo enuncian como derecho intrínseco a
la propia naturaleza humana y que goza de la máxima protección de los
ordenamientos jurídicos y de paso dan carta de naturaleza a la OMT para
formar parte de la ONU.

Cualquier incidencia que queramos hacer sobre la realidad material
en pos de un horizonte emancipador y de justicia social conlleva
desmontar los discursos con los que se justifican las desigualdades.
Desmontar el discurso del turismo como derecho urge a fin de frenar la
acumulación de riquezas de la industria del turismo a costa de los
verdaderos derechos fundamentales de las poblaciones locales que
soportan este fenómeno.

El mito del derecho al turismo como método contra la pobreza

El Código ético de la OMT dice que «la actividad turística se
organizará de modo que permita la supervivencia y el florecimiento de la
producción cultural y artesanal tradicional, así como del folclore, y
que no conduzca a su estandarización y empobrecimiento». A partir de
esta premisa la industria y los Gobiernos repiten el mantra: «el
desarrollo del turismo es bueno y crea riqueza en las poblaciones
locales». Sin embargo, la OMT nunca ha presentado informes del
desarrollo real que el turismo genera en las poblaciones de destino. La
realidad se impone y en muchos países del sur el turismo genera una gran
brecha económica entre turistas y población autóctona y favorece el
racismo y la discriminación. Y tanto en el sur como en el norte se
evidencian retrocesos en los derechos sociales de la población local:
encarecimiento de la vivienda, gentrificación, recorte de dotaciones
públicas, marginalización de los sectores sociales más vulnerables,
encarecimiento del coste de la vida y sustracción de recursos naturales.

Los organismos internacionales hacen lecturas superficiales de estas
realidades y se quedan en el eslogan de «el desarrollo turístico es
bueno y genera beneficios para la población local de forma automática y
natural».

Sin embrago en Andalucía, esta tierra a mitad de camino entre el
norte y el sur, podemos ver estos procesos en sus capitales y en sus
costas a simple vista. No obstante, el sentido común imperante dice que
hay que soportar estos «daños colaterales» en beneficio del empleo que
el turismo genera en esta tierra desindustrializada.

Sin embrago, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma
que el turismo es uno de los sectores económicos donde los derechos
laborales se encuentran más vulnerados (OIT, 2010). En su propio sitio
web, la OIT afirma que

el sector tiene la reputación de ofrecer unas malas condiciones
de trabajo debido a una serie de factores: se trata de una industria
fragmentada, integrada en su mayor parte por pequeñas y medianas
empresas empleadoras con una baja densidad sindical, y el trabajo se
caracteriza por los bajos salarios y los bajos niveles de requisitos en
materia de calificaciones, por el trabajo por turnos y el trabajo
nocturno, así como por la estacionalidad
.

El sindicato Comisiones Obreras denuncia que el 95,15% de las
afiliaciones a la Seguridad Social del sector de hostelería corresponde a
contratación temporal en muchos casos fraudulentas. Las Kellys
(camareras de piso), vienen denunciando que algunas empresas hoteleras
pagan salarios de menos de tres euros la hora. Trabajar ocho horas y
estar dada de alta es algo extendido y aceptado en el imaginario común
de las trabajadoras de la hostelería. El desarrollo turístico que crea
puestos de trabajo a cambio de desposesión parece que por ahora quita
más de lo que da.

El mito del derecho al turismo como un derecho universal

Con el afán de amparar los intereses de la industria turística bajo
los Derechos Humanos y forzar la inversión pública en este sector, los
organismos internacionales sacan el siguiente razonamiento de la
chistera:

Puesto que el artículo 13 de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos reconoce la libre movilidad y el 24 el derecho al
descanso y a vacaciones pagadas, el derecho a moverse en vacaciones no
puede ser más que un derecho humano.

Desde luego el derecho al descanso y el derecho a la movilidad son
derechos fundamentales fruto de conquistas sociales, pero la opción de
moverse durante el tiempo de descanso no es un derecho, es una opción.

Verdaderamente el derecho al turismo no es intrínseco al ser humano.
«Ser turista» es un estado circunstancial, delimitado en el tiempo. No
es una categoría humana, como sí lo es ser indígena o mujer, y no puede
ser objeto de derechos humanos específicos[1].

Además, para ser un derecho humano, debe ser universalizable su
ejercicio y la propia OMT reconoce que el 80% de los viajes
internacionales lo realizan personas de solo veinte países del mundo,
por lo que sigue siendo una cuestión de clase, etnia y colonialidad el
acceso a moverse en el tiempo de descanso.

Todo reconocimiento de derechos son fruto de procesos sociales,
conquistados por luchas emancipatorias. Debe hacernos dudar del carácter
de derecho del turismo el hecho de que la interesada en ello sea la
misma patronal que se beneficia económicamente de forma directa de dicho
fenómeno.

El derecho de arraigo al territorio es el único derecho de carácter
colectivo y fundamental que está en juego en este debate y debe ser el
límite a la práctica del turismo, esa movilidad en tiempo de descanso
que practican mayoritariamente lxs habitantes de los veinte países más
ricos del mundo.

[1]Deconstruyendo el derecho al turismo, Jordi Gascón. Universidad de Lleida




La Espiral (Hordago): Efemérides contra la explotación y la precariedad laboral

Extraído de: https://www.elsaltodiario.com/laespiral/efe

Acabamos de conmemorar dos fechas señaladas en el calendario de la
reivindicación. Por una parte, el 28 de abril, día mundial de la salud y
la seguridad en el trabajo y, por otra, el 1 de mayo, día de los y las
trabajadoras que surge de la conmemoración y denuncia del asesinato en
1886 de los llamados “Mártires de Chicago” por su participación en las
movilizaciones en las que exigían la jornada laboral máxima de 8 horas
diarias.

Ambas efemérides parecen seguir teniendo mucho sentido pues tanto la
salud en el trabajo como las condiciones laborales se mantienen en
continuo retroceso de mano de la desregulación creciente de las
relaciones laborales, la flexibilidad, la temporalidad,… en suma, lo que
llamamos precariedad laboral, la cual, a su vez, se suma a otras
precariedades en los ámbitos de la vivienda, la salud, el ocio, el
transporte, el consumo, …

Si bien todo ello es cierto y, por ello, bien debiéramos dar un mayor
contenido de lucha y compromiso a estas jornadas que han ido derivando
en lo meramente testimonial, más cierto es que hoy en día se siguen
dando situaciones de vulneraciones extremas de las condiciones de
trabajo y de vida tales como las que han motivado otra nueva efeméride,
la de la masacre de Bangladesh, el 24 de abril.

En 2013, más de 1100 trabajadoras murieron y más de 2000 resultaron heridas al derrumbarse el edificio en el que trabajaban, el Rana Plaza, en condiciones deplorables en cuanto a duración de jornada, seguridad de las instalaciones, salario, etc, elaborando ropa para marcas como Mango, Beneton, Inditex, Primark o El Corte Inglés.

No obstante, no parece que el sindicalismo actual dedique excesiva
atención a dicha tragedia pues ni la denuncia ni la visibiliza, mucho
menos hace nada para que no se vuelva a repetir. Son organizaciones
pequeñas, defensoras de los derechos sociales las que están llevando a
cabo la tarea de pelear contra el olvido, un olvido que nos llevaría a
la negación en la práctica de los hechos, como si aquello nunca hubiera
ocurrido, como si nuestra ropa no estuviera manchada de sangre, sudor y
lágrimas. Lamentablemente, no actuar en este terreno no paga un precio
en la competencia intersidical como sí lo haría no salir a la calle, por
ejemplo, el 1 de mayo.

Este año, en Iruña, han sido Setem, la Campaña Ropa Limpia, Martes al
Sol y Traperos de Emaús los agentes que han llevado a cabo un acto de
denuncia y de recuerdo el 24 de abril frente a una tienda de Mango. En
el mismo reclamaban medidas concretas como la renovación del Acuerdo de
Seguridad y contra incendios en la fábricas de Bangladesh, interpelando
al Gobierno y Patronal de Bangladesh y también a las marcas de ropa,
responsables de la situación.

Por otra parte, parece que, haciendo frente a la represión y las
dificultades, en Bangladesh está proliferando un movimiento sindical
protagonizado por mujeres que luchan por dignificar sus trabajos y sus
vidas. Algo en lo que solidariamente se debería implicar el movimiento
obrero que se reclama internacionalista.

Pero no sólo debemos dirigir nuestras miradas a dirigentes, empresas, incluso sindicatos. Tenemos que ver en qué contribuimos individualmente y como sociedad con nuestras formas de consumo para que estas relaciones infames de producción-consumo se sigan dando de una forma tan injusta. Debemos hacer una lectura crítica de la realidad, de cómo nos la presentan y de cómo la aceptamos, en caso contrario, podemos ver con estupor cómo la conmoción y la aflicción es mayor para Notre Dame que para el Rana Plaza. Algo que nos define.

Cartel anunciador de la movilización que se convocó en Iruña




La Espiral (Hordago): Decir “que viene Vox” es llamarle

Extraído de: https://www.elsaltodiario.com/laespiral/decir-que-viene-vox-llamar-mentiras-fake-news-abascal

Tengo la impresión que Vox no debe convertirse en el centro de nuestras preocupaciones, y que no lograremos desterrarlo del escenario político y social combatiendolo, sino cumpliendo nuestro papel, esto es, haciendo nuestras tareas político-sociales.

Entiendo que Vox es el partido que dice a gritos sus grandes verdades
que son rotundas mentiras, y que apuesta por imponerlas (por imponerse)
de forma tan autoritaria como sea necesario y sus fuerzas se lo
permitan. Su terreno de juego es el del enfrentamiento frontal, verbal y
físico, necesitando de sparrings para su ejercicio.  Pero cuando el
conjunto de las fuerzas políticas no dice la verdad abre espacio a las
mentiras rotundas de Vox. Cuando la democracia es una democracia
sometida, y se necesita cada día más autoritaria, abre paso a cualquier
forma de autoritaritarismo, fascismo incluido. Si, además, esa política
democrática es una política secuestrada que no resuelve los problemas de
la gente, abre paso a esas soluciones falsas derivadas de esas mentiras
rotundas.

Venimos de un modelo de sociedad definido como “estado del
bienestar”, que nos ha garantizado prestaciones y niveles de consumo
elevados en unas sociedades enriquecidas debido a la capacidad del
capitalismo para extraer crecientes beneficios de la expropiación de
recursos naturales y humanos en otras partes del planeta. Naturalmente,
ese modelo económico contribuyó a una desactivación política y social, a
una democracia reducida al voto y a la existencia de unas libertades
que no necesitaban ejercerse, meramente formales. Por tanto, comodidad y
libertad parecen guardar cierta incompatibilidad.

Esa fase expansiva del capitalismo ha llegado a su fin, algo que
tendríamos que haber aprovechado para profundos cambios de rumbo, pero
no lo hemos hecho sino que hemos permitido que derivase, como promesa de
recuperación, a una fase intensiva de acumulación, que tampoco tiene
salida y que no puede abocarnos sino a alguna forma de colapso, caótico y
generador de sufrimiento en un grado difícil de prever.

Ninguna propuesta política apuesta por ese cambio de rumbo, sino por
la recuperación del anterior: brotes verdes, exigencia provisional de
sacrificios para recuperar un futuro de superabundancia… promesa, en
definitiva, de mantenimiento de la sociedad del despilfarro, sin
plantearnos, con una cierta seriedad, las exigencias de ese cambio de
rumbo hacia un cierto grado de austeridad digna, igualitaria y
universalizable. Una sociedad vivible, una economía al servicio de las
personas, capaz de satisfacer nuestras necesidades, fuera de la primacía
de la acumulación de beneficios. Opción que tendríamos que haber
ejercido hace tiempo, pero que nos somos capaces de plantear ni tan
siquiera cuando quiebra el modelo inverso, el de la acumulación de
beneficios y los incrementos de inversión y desarrollismo.

Pero cuando no somos capaces de plantear una opción alternativa
porque resulta dura y poco vendible, abrimos paso a las mentiras
rotundas de Vox. Cuando no somos capaces de rescatar la política y de
devolverle un impulso democrático (participativo), abrimos paso al
autoritarismo de Vox. Cuando no somos capaces de trabajar por una
sociedad justa e igualitaria en contra de la competitividad y el
individualismo abrimos paso a la guerra entre pobres, que es lo que
vende Vox y con lo que trata de tentarnos cuando nuestros miedos miran a
quienes son más pobres que nosotros.

A Vox no le venceremos entrando al enfrentamiento creciente. Es su
terreno y nos acerca al terreno de la imposición, a lo autoritario.
Tampoco optando por otras opciones “menos malas” (eso a lo sumo
permitiría retrasarles, pero les sigue preparando el terreno). Solo
podremos vencerles trabajando en otro terreno, en el de la primacía de
la igualdad y de la democracia implicativa, o sea, modificando el humus
en el que Vox puede aflorar. Una especie de no prestarles una forma de
atención que los convierta en centro de la situación. Esa
excesiva atención, esa no actuación por reacción no es ninguna forma de
indiferencia. Vox es un partido perverso, que se basa en el
individualismo cainita y autoritario que existe en nuestra sociedad y al
hacerlo aflorar lo alimenta.

Aun no siendo la única, la propuesta autoritaria de Vox es perversa
porque se corresponde en política con el endurecimiento económico a que
está abocado a corto plazo nuestro modelo capitalista.  Es perversa
porque en un hipotético escenario futuro post-colapso va a hacer que
entren con fuerza y prevalezcan los comportamientos más individualistas y
belicosos. El entrenamiento en la guerra de pobres nos conducirá a una
guerra entre las personas, todas contra todas. En
definitiva,  están haciendo trabajar mucho a Satanás, obligándole a
cavar a destajo para hacer un infierno más profundo y oscuro, en
correspondencia a la sociedad-infierno a la que nos conduce Vox.