
Tras la rebelión militar fascista contra la República, la mayor parte de Álava quedó bajo el control de los golpistas. Pocos fueron los puntos de la geografía alavesa que se libraron de la invasión fascista. Sin embargo, la respuesta Republicana evitó que la conspiración derechista triunfara en un primer momento en muchos otros lugares, generando una guerra que duraría oficialmente hasta 1939. La estrategia del terror franquista que comenzó en esa primera fase de retaguardia continuó durante décadas de dictadura. Para aniquilar cualquier oposición al nuevo régimen se llenaron las prisiones y las cunetas con miles de víctimas: asesinatos, desapariciones, cárcel, tortura, exilio.
Álava no escapó de la represión. Cargos electos, maestros, sindicalistas, militantes políticos…Entre 1936 y 1945 hubo más de 300 asesinados en Álava. A día de hoy, muchos de ellos continúan desaparecidos. El 31 de marzo de 1937, el ejército franquista comenzó el ataque contra el frente norte bombardeando Durango y causando centenares de víctimas. Esa misma noche, en la retaguardia, un escuadrón de la muerte compuesto por requetés, falangistas y guardias civiles se presentó en la prisión vitoriana de la calle La Paz. Sacaron a 16 presos de sus celdas y los llevaron maniatados a 2 camiones que les esperan en la puerta para ser trasladados al puerto de Azazeta.
Aquellas ejecuciones sumarias fueron ordenadas por el general Mola, decidió que era funcional a sus propósitos crear un terror lacerante, un miedo atroz, paralizante; se decidió fusilar a 16 hombres de bien que se hallaban encarcelados desde que produjo la sublevación. Fue el asesinato con mayor carga y significación política producida entre 1936 y 1939 en toda Euskadi.
Algunos de ellos eran cargos electos o significados militantes republicanos, socialistas, abertzales o anarquistas. Otros eran obreros que habían sido encarcelados por simpatizar con esas ideologías que el terror de Estado franquista quería aniquilar. Los asesinos estaban dirigidos por Bruno Ruiz de Apodaca, uno de los mayores asesinos franquistas de Vitoria que fue quien organizó la masacre.
Las dudas se disiparon cuando contactaron con el cura que los fascistas se habían llevado a Azazeta para acompañar a los presos antes de ser ejecutados. Maniatados de 2 en 2, habían sido llevados desde la camioneta al bosque. Fueron asesinados y enterrados en varias fosas comunes. Los 16 de Azazeta eran:
Teodoro González de Zarate, alcalde y natural de Vitoria, afiliado a Izquierda Republicana.
Francisco Díaz de Arcaya, concejal socialista en el ayuntamiento republicano de Vitoria.
José Luis Abaitua Pérez, burukide del ABB, EAJ-PNV.
Víctor Alejandre, de Valdegovía, militante del Partido Republicano Radical Socialista.
Eduardo Covo González, empleado de Telégrafos, de Vitoria.
Jaime Conca Amorós, jornalero, de Vitoria.
José Domingo Elorza San Vicente, pintor, de Vitoria, afiliado al PSOE.
Constantino González Santamaría, barbero, de Vitoria.
Francisco Garrido Sáez de Ugarte, ajustador, de Apellaniz, afiliado a CNT.
Prisco Hermua Arrízola, jornalero, de Vitoria, afiliado a CNT.
Antonio García Bengoetxea, mecánico, de Vitoria.
Jesús Estrada Ábalos, mecánico, de Vitoria, afiliado al PCE.
Daniel García de Albéniz Azazeta, labrador, de Maeztu, afiliado a CNT.
Manuel José Collel Aguilá, ferroviario de Vitoria, afiliado a Unión Republicana.
Manuel Hernández Ibañez de Garaio, ferroviario, de Vitoria.
Casimiro Cerrajería Zarranz, pirotécnico, de Vitoria, afiliado a UGT.
Al día siguiente, en la cárcel situada en la calle La Paz, comunicaron a los familiares que los presos habían sido puestos en libertad. No les dieron más explicaciones. Ni un dato; las autoridades no les revelaron ningún dato sobre el paradero de éstos.