Si hace dos o tres años nos hubieran dicho que en Navarra, la cantidad
de personas sin hogar iba a aumentar un 83%, en general nos hubiera costado
creerlo. ¿Aquí? Con lo bien que vivimos, no creo… Pues hoy es ya una realidad:
200 trabajadores y trabajadoras viven en las calles de Iruña. Una
realidad inadmisible para CGT/LKN Nafarroa y todos los colectivos que
formamos parte de Negu Gorriak- Derecho a techo; una iniciativa que ofrece
cobijo en invierno, a la mayor cantidad posible de estas personas en la librería
Katakrak y, a su vez, denuncia las causas que han llevado a esta situación:
racismo institucional de la ley de extranjería, crisis de acceso a la vivienda, una
brecha entre rentas cada vez mayor y, la inacción y normalización de la
situación por parte de las instituciones.
Y sí, hemos dicho 200 trabajadores y trabajadoras. Poner el foco en el
color de piel, en vez de que son trabajadores como tú y yo, nos impide
defender de manera conjunta los intereses que compartimos (y que
explicaremos en las líneas siguientes). Más concreto aún: son 200 personas a
las que la Ley de extranjería les impide trabajar hasta que no lleven, al menos,
tres años aquí. Es la primera clave para entender lo que está pasando: una
ley profundamente racista, absolutamente ajena a la realidad y más
propia de hace siglos, cuya finalidad es garantizar que haya una
ciudadanía de segunda, abocada a la precariedad y la exclusión más
absoluta y por lo tanto, más fácilmente explotable. A que te viole algún
encargado si eres mujer y necesitas recoger fresas en Huelva, que
trabajes de interna sin ningún derecho laboral reconocido, que repartas
en Glovo con la licencia de otra persona, que vendas en las calles bajo
la presión de la policía, que recojas chatarra por los contenedores, que…
Y que por supuesto, no puedas denunciar nada de ello porque al estar
en situación irregular, hacerlo te puede conducir a la expulsión del país.
Ya, pero… no soy racista, pero… son demasiadas personas las que han
venido… No. No nos engañemos. No hay un desborde migratorio como se está
tratando de transmitir, y cuyo objetivo es hacer pensar que esto no da para
más, y que por lo tanto, hay personas que sobran. No. Nuestro sistema ha sido
capaz de recibir llegadas mucho más numerosas de población. En 2022
Navarra acogió, según cifras oficiales, más de un millar de personas que huían
de Ucrania. Y no se cayó el sistema. Total normalidad. Por eso, he aquí la
segunda clave para entender qué está pasando: las instituciones locales,
provinciales y estatales se coordinaron para que así fuera. Ahora, no.
Entonces, si no hay desborde migratorio, ¿qué está pasando? Según
datos del Atlas de la Distribución de la Riqueza, publicados recientemente por
el Instituto Nacional de Estadística, en Iruñea, las rentas de las personas más
acomodadas crecen hasta cuatro veces más que en las zonas menos prósperas
y el doble que en los barrios de clase trabajadora joven. Esta es la tercera
clave: la brecha entre ricos y pobres está dando un gran salto
cuantitativo, que hace que la pobreza sea cada vez más visible y más
violenta.
En este trasvase de rentas juega un rol clave la vivienda, un derecho
básico que es negado subyugándolo a las leyes del mercado. El resultado es
el esperado: entre 2018 y 2023 el precio de la vivienda en Iruñea ha subido más
de un 35% (según datos del Informe Preliminar de zonas tensionadas
elaborado por el Gobierno de Navarra). Porcentajes similares se dan en el
alquiler. ¿Causas? La carencia histórica de viviendas de alquiler protegido, la
especulación inmobiliaria, la gentrificación del Casco Viejo (Mercaderes 18, es un claro ejemplo) o la acumulación de viviendas por parte de fondos de inversión o por la “nueva” burguesía de propietarios. Capitalismo bien engrasado que expolia a quien menos tiene.
¿Consecuencias? Un impacto brutal en la clase trabajadora, que en el mejor de los casos, se ve obligada a trasladar un porcentaje muy alto de su raquítico salario a las y los rentistas
(bien sea a través de la hipoteca o a través del alquiler); y en las clases más
empobrecidas, a vivir en una habitación toda una familia o en infraviviendas.
Conclusiones. CGT Nafarroa formamos parte de esta iniciativa porque
amamos nuestra ciudad y esta tierra, y la única forma de que continúe siendo
el lugar que conocemos, es que sea antirracista, entendido el antirracismo
como lo que es: lucha de clases en estado puro. Porque el expolio contra los
países del sur global, las guerras alimentadas por el aumento de los gastos
militares y la emergencia climática, va a seguir obligando a millones de
personas a tener que abandonar sus países. Es decir, la clase trabajadora de la
periferia, va a seguir viniendo porque reclaman su derecho a existir, al trabajo
y a su parte correspondiente de la riqueza expoliada. Quienes están hoy en la
calle, son de las nuestras, y defender sus derechos, es defender el derecho a la
vivienda, la sanidad o la educación públicas; porque las 200 personas que
están en la calle, son nuestros padres, tías o abuelas que viajaron a Alemania
en los años sesenta. O los cientos de miles que se fueron de España en la crisis
de 2008. Y son nuestros hijos o nosotras mismas, si algún día nos toca salir
con lo puesto, porque migrar es parte del ADN del ser humano desde que nace
como especie.
El momento histórico que estamos viviendo nos obliga a inventar
nuevas formas de sindicalismo, manteniendo y fortaleciendo los valores de
siempre: organización, solidaridad de clase y apoyo mutuo. Por eso son
imprescindibles nuevas alianzas, tejer una red con aquellos movimientos que
están haciendo un trabajo ejemplar en defensa de la Justicia Social: Punto de
Información Migrante (PIM), Apoyo Mutuo, SOS Racismo, París 365… Ojalá
sepamos transmitir la importancia de este momento, porque está en juego el
modelo social de los próximos años.