{"id":784,"date":"2013-08-26T12:32:55","date_gmt":"2013-08-26T10:32:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/?p=784"},"modified":"2013-08-26T12:32:55","modified_gmt":"2013-08-26T10:32:55","slug":"el-anarcosindicalismo-en-el-siglo-xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/blog\/2013\/08\/26\/el-anarcosindicalismo-en-el-siglo-xxi\/","title":{"rendered":"El anarcosindicalismo en el siglo XXI"},"content":{"rendered":"<div>\n<h2><span style=\"font-size: 16px;\"><strong>La escasa implantaci\u00f3n del anarcosinsicalismo en el mundo laboral no debe conducir al des\u00e1nimo, pero s\u00ed exige una reflexi\u00f3n profunda sobre sus causas. El anarcosindicalismo debe analizar las nuevas condiciones sociales y laborales en este tiempo que vivimos, en que el neoliberalismo est\u00e1 derribando el edificio del Estado del Bienestar dejando obsoleto al sindicalismo basado en la colaboraci\u00f3n y el pacto.<\/strong><\/span><\/h2>\n<\/div>\n<div>\n<h1>Tom\u00e1s IBA\u00d1EZ<\/h1>\n<p><a href=\"http:\/\/revistapolemica.wordpress.com\/2012\/12\/27\/el-anarcosindicalismo-en-el-siglo-xxi\/cabecera-huelga\/\" rel=\"attachment wp-att-154\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft\" alt=\"cabecera huelga\" src=\"http:\/\/revistapolemica.files.wordpress.com\/2012\/12\/cabecera-huelga.jpg?w=300&amp;h=200\" width=\"300\" height=\"200\" \/><\/a><\/p>\n<p>Por razones de car\u00e1cter esencialmente hist\u00f3rico, es en Espa\u00f1a donde el anarcosindicalismo alcanza actualmente, y de muy lejos, su mayor grado de implantaci\u00f3n en el mundo laboral. Sin embargo, sumando las afiliaciones de CGT y de CNT, dicha implantaci\u00f3n no sobrepasa el 0,2% de la poblaci\u00f3n activa y todo parece indicar que, por mucho que empeore la situaci\u00f3n econ\u00f3mica y por intensa que sea la actividad militante, su techo dif\u00edcilmente podr\u00e1 situarse por encima de un escaso 0,3%. Estos datos no deben inducirnos a tirar la toalla ni a emprender la ruta de la resignaci\u00f3n, pero s\u00ed deben incitarnos a analizar las posibles causas de esta situaci\u00f3n y a reflexionar seriamente sobre el sentido que puede tener hoy el anarcosindicalismo. \u00a0Las dificultades con las que \u00e9ste tropieza para aglutinar e ilusionar a los trabajadores nos confrontan directamente con la pregunta sobre la vigencia, o no, del anarcosindicalismo en el contexto econ\u00f3mico, social y pol\u00edtico del siglo XXI.<\/p>\n<p>Para esbozar una respuesta quiz\u00e1s convenga recordar las condiciones en las que se fue construyendo el anarcosindicalismo y repasar algunos de los cambios que han experimentando.<\/p>\n<p>Es bien conocido que el anarcosindicalismo se constituy\u00f3 en una fase del desarrollo capitalista denominada como \u00absegunda revoluci\u00f3n industrial\u00bb que se extendi\u00f3 desde las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX hasta las primeras del siglo XX, y todos sabemos que las condiciones impuestas a los trabajadores eran entonces de una extrema dureza. Se trataba de extraer del trabajador toda su fuerza de trabajo al menor coste posible sin la menor contrapartida en t\u00e9rminos de derechos sociales ni de prestaciones de ning\u00fan tipo, sin ning\u00fan marco de regulaci\u00f3n laboral, sin instancias negociadoras que mediaran entre los capitalistas y los trabajadores para sortear el enfrentamiento directo. En el \u00e1mbito laboral el capitalismo no ten\u00eda otra preocupaci\u00f3n que la de racionalizar los procesos de producci\u00f3n para reducir los costos de mano de obra y forzar el trabajador a rendir hasta el l\u00edmite de sus posibilidades bajo la constante mirada de vigilantes y supervisores.<\/p>\n<p>El anarcosindicalismo se articul\u00f3 como respuesta antagonista frente a esas condiciones concretas de explotaci\u00f3n y, nutri\u00e9ndose de influencias anarquistas, elabor\u00f3 una serie de pr\u00e1cticas de lucha, de formas organizativas y de objetivos de transformaci\u00f3n social que consiguieron aglutinar e ilusionar a un n\u00famero relativamente amplio de trabajadores en distintos pa\u00edses.<\/p>\n<p>Ha transcurrido poco m\u00e1s de un siglo desde los inicios del anarcosindicalismo, pero ese periodo de tiempo ha visto acontecer multitud de transformaciones en el \u00e1mbito laboral. Parte de esas transformaciones resultaron de las propias luchas del movimiento obrero que fueron arrancando poco a poco notables mejoras de las condiciones de trabajo y de los salarios. Sin embargo, los propios logros conseguidos por las luchas del movimiento obrero fueron debilitando la fuerza y el radicalismo de esas luchas, restando espacios para quienes propugnaban la eliminaci\u00f3n del capitalismo, y abonando el campo para el desarrollo de un sindicalismo de concertaci\u00f3n, de negociaci\u00f3n y de integraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tras la Segunda Guerra Mundial, las conquistas sociales logradas durante las d\u00e9cadas anteriores recibieron el amparo y el impulso del llamado \u00abEstado de Bienestar\u00bb, que ve\u00eda en la colaboraci\u00f3n de clases y en la alianza capital-trabajo una de las principales palancas para modernizar el gobierno pol\u00edtico de la sociedad. De esta manera, unas pol\u00edticas obsesionadas con promover el crecimiento econ\u00f3mico, el incremento de la riqueza nacional, y la elevaci\u00f3n de la renta per c\u00e1pita, otorgaron un papel de arbitraje a los poderes p\u00fablicos y les empujaron a impulsar el desarrollo de un amplio conjunto de medidas en el \u00e1mbito laboral y en el campo social: instauraci\u00f3n de instancias de concertaci\u00f3n, protecci\u00f3n y asistencia mediante una compleja legislaci\u00f3n laboral, regulaci\u00f3n social de los sueldos m\u00ednimos, del tiempo y de las condiciones de trabajo, de las jubilaciones, de las bajas por enfermedad, de los despidos, etc. Los trabajadores dejaban de ser considerados como pura fuerza de trabajo y pasaban a ser concebidos y tratados como ciudadanos cuyas necesidades laborales y extralaborales deb\u00edan ser atendidas. Tambi\u00e9n es cierto que, de esta forma, \u00e9stos se transformaban poco a poco en sumisos, y a veces compulsivos, consumidores atados de pies y manos por los cr\u00e9ditos concedidos.<\/p>\n<p>Una de las consecuencias de la acci\u00f3n desarrollada por los poderes p\u00fablicos en el campo sociolaboral fue la de propiciar el auge de las grandes organizaciones sindicales de negociaci\u00f3n y de colaboraci\u00f3n de clase que se dotaron de una amplia burocracia sindical y de nutridos gabinetes jur\u00eddicos capaces de ofrecer m\u00faltiples servicios para atender los intereses m\u00e1s puntuales de los trabajadores.<\/p>\n<p>Frente a la presi\u00f3n de los poderes p\u00fablicos y a la fuerza del movimiento obrero el empresariado ajust\u00f3 parcialmente sus intereses sobre los del trabajador, no por sentimientos humanistas, claro, sino porque era lo m\u00e1s conveniente para salvaguardar y para hacer prosperar esos intereses. Cuando en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XX las pol\u00edticas neoliberales desplazaron los planteamientos del Estado de Bienestar e iniciaron la desregulaci\u00f3n del mercado laboral y el desmantelamiento de los derechos sociales ya era tarde para que los trabajadores pudiesen volver masivamente a las esperanzas y a las luchas propias de la \u00e9poca en la que imperaba el capitalismo salvaje de la revoluci\u00f3n industrial. Nuevos dispositivos hab\u00edan sido inventados e instalados para orientar a los trabajadores en otras direcciones.<\/p>\n<p>Por supuesto, no todas las transformaciones acontecidas desde la \u00e9poca que vio nacer al anarcosindicalismo se debieron a las acciones del movimiento obrero y a los intereses puramente coyunturales de los poderes p\u00fablicos. Muchas de ellas, y quiz\u00e1s las m\u00e1s importantes, provinieron de la propia capacidad de evoluci\u00f3n del capitalismo.<\/p>\n<p>Esa capacidad de evoluci\u00f3n se constituy\u00f3 en gran medida gracias a la producci\u00f3n de un extraordinario c\u00famulo de conocimientos expertos tanto sobre las caracter\u00edsticas del trabajo como sobre los propios trabajadores y sobre los mecanismos de incentivaci\u00f3n del consumo. Es as\u00ed como se fueron elaborando saberes cada vez m\u00e1s sofisticados acerca de: la organizaci\u00f3n del trabajo y de los puestos de trabajo, los canales de comunicaci\u00f3n en la empresa, los procesos de evaluaci\u00f3n y de autoevaluaci\u00f3n, las motivaciones de los trabajadores, sus relaciones entre ellos y con la empresa, las t\u00e9cnicas de incentivaci\u00f3n y de responsabilizaci\u00f3n, las t\u00e9cnicas de marketing, de publicidad y de venta, etc.<\/p>\n<p>El conocimiento es poder y, por supuesto, el capitalismo instrumentaliz\u00f3 esos conocimientos para generar los cambios que le permit\u00edan incrementar su propio poder. Uno de los cambios m\u00e1s importantes tuvo que ver con la constituci\u00f3n de nuevas pr\u00e1cticas de subjetivaci\u00f3n, es decir con procedimientos para conformar la manera en la que uno se percibe a s\u00ed mismo, formula sus expectativas vitales, se relaciona consigo mismo y concibe sus relaciones con los dem\u00e1s, en definitiva procedimientos para formar sujetos, y para moldear, a la vez que para satisfacer, sus aspiraciones y sus deseos tanto en su condici\u00f3n de consumidores como en la de trabajadores.<\/p>\n<p>Son, en parte, esas nuevas pr\u00e1cticas de subjetivaci\u00f3n las que han permitido que la racionalidad y las tecnolog\u00edas del mercado colonicen zonas que no obedec\u00edan estrictamente a su l\u00f3gica, tales como la sanidad, el ocio, la educaci\u00f3n, los cuidados, etc. transformando todo lo existente en posible objeto de consumo.<\/p>\n<p>Hoy, en el liberalismo avanzado de finales del siglo XX y principios del siglo XXI la forma de administrar las poblaciones, la manera de ejercer el poder pol\u00edtico y el modo de llevar a cabo la gesti\u00f3n capitalista de la econom\u00eda y del trabajo apelan cada vez m\u00e1s a la autonom\u00eda de los sujetos. Se trata de utilizar y de rentabilizar la capacidad de iniciativa y de autorregulaci\u00f3n que tienen los sujetos y de gobernarlos recurriendo a la libertad de la que disponen y que se les pide que ejerzan responsablemente. Para que esto sea posible las pr\u00e1cticas de subjetivaci\u00f3n deben construir sujetos aut\u00f3nomos, pero unos sujetos cuya autonom\u00eda sea moldeada y normalizada por saberes expertos. Son estos mismos saberes los que se utilizan para exigir permanentemente al consumidor que haga uso de su libertad de elecci\u00f3n entre los productos y las alternativas que le son ofrecidos, y para que los trabajadores pongan su capacidad de decisi\u00f3n al servicio de los intereses de la empresa. Esta promoci\u00f3n e instrumentalizaci\u00f3n de la libertad como principio de gobierno no es incompatible, al contrario, con las nuevas l\u00edneas de futuro que se est\u00e1n configurando hoy mismo y que se basan en el acento puesto sobre la inseguridad generalizada, sobre los m\u00faltiples riesgos que acechan a los individuos y las poblaciones, sobre el principio de precauci\u00f3n, sobre la incertidumbre laboral, sobre la precarizaci\u00f3n de la existencia y sobre el imperio del corto plazo con la fluidez y el cambio acelerado como tel\u00f3n de fondo.<\/p>\n<p>Si contemplamos en su conjunto el periodo que va desde principios del siglo XX hasta principios del siglo XXI vemos como los conocimientos expertos producidos durante ese periodo han hecho posible una completa inversi\u00f3n de la forma en que el capitalismo se representaba al trabajador \u00abideal\u00bb. Se ha pasado, en efecto, de una concepci\u00f3n del trabajador ideal como simple fuente de fuerza de trabajo tanto m\u00e1s \u00fatil cuanto que m\u00e1s obediente, a considerarlo como un sujeto dotado de libertad y cuya autonom\u00eda, sabiamente orientada, produce sustanciales beneficios.<\/p>\n<p>Salta a la vista que el capitalismo presenta hoy unas caracter\u00edsticas bien distintas de las que presentaba en las primeras d\u00e9cadas del siglo XX cuando los recursos econ\u00f3micos estaban invertidos, e inmovilizados durante largas d\u00e9cadas, en grandes empresas cuyo due\u00f1o era el propietario individual del capital. Hoy el capitalismo accionarial, multinacional y financiero se ha liberado de ataduras territoriales duraderas, se desplaza libremente y se mueve con extrema rapidez saltando las fronteras.<\/p>\n<p>Sin embargo, frente a los enormes cambios que han experimentado tanto el capitalismo como los modos de administraci\u00f3n de las poblaciones, y los dispositivos de dominaci\u00f3n, el anarcosindicalismo se ha transformado bien poco. El resultado es que se ha configurado un escenario donde el anarcosindicalismo, formado en un capitalismo que aparece hoy como arcaico, no acaba de encontrar su lugar. Es m\u00e1s, resulta bastante razonable pensar que si el anarcosindicalismo no hubiese nacido a finales del siglo XIX, en aquellas peculiares condiciones que lo propiciaron, ser\u00eda del todo imposible que pudiera nacer hoy en el seno de las actuales condiciones econ\u00f3micas y sociales. Tan s\u00f3lo se mantiene por la inercia que acompa\u00f1a al hecho de estar ya constituido y porque la heterogeneidad propia de todos los periodos hist\u00f3ricos hace que junto con las nuevas modalidades de la econom\u00eda y de la pol\u00edtica a\u00fan pervivan formas m\u00e1s antiguas que le ofrecen un suelo donde arraigar y mantenerse, aunque ese suelo se vaya reduciendo a medida que las antiguas modalidades van siendo sustituidas.<\/p>\n<p>Dec\u00eda al inicio que los datos sobre la escasa implantaci\u00f3n del anarcosindicalismo no eran motivo para tirar la toalla ni para caer en la resignaci\u00f3n. Mal andar\u00edamos, en efecto, si se tuviese que evaluar las convicciones en funci\u00f3n del n\u00famero de personas que las mantienen. La l\u00f3gica del n\u00famero sirve para el juego parlamentario pero no es de recibo en el \u00e1mbito axiol\u00f3gico. As\u00ed, por ejemplo, mientras existan relaciones de dominaci\u00f3n no importa que sean pocos o muchos quienes pugnen por subvertirlas, y tampoco importa que su lucha consiga finalmente erradicarlas. Mejor dicho, todo eso importa mucho a efectos pr\u00e1cticos, claro, pero desde el compromiso con una perspectiva libertaria como marco ideol\u00f3gico el valor de esa lucha es independiente del \u00e9xito que coseche y del respaldo que reciba. Desde esa perspectiva el deseo y la exigencia de un cambio social radical, ll\u00e1mese revoluci\u00f3n o como se quiera, es irrenunciable y las pr\u00e1cticas que inspira conllevan un valor en s\u00ed mismas tanto si ese cambio es factible como si no lo es.<\/p>\n<p>\u00bfSirve este mismo razonamiento para el anarcosindicalismo? Se podr\u00eda sostener en efecto que mientras perdure la explotaci\u00f3n de los trabajadores la propuesta anarcosindicalista seguir\u00e1 teniendo pleno sentido sean pocos o muchos quienes la propugnen. Sin embargo esto no es del todo as\u00ed porque el anarcosindicalismo no se presenta solamente como una propuesta de lucha contra la dominaci\u00f3n econ\u00f3mica y por la construcci\u00f3n de una sociedad sin explotaci\u00f3n, sino que define, adem\u00e1s, un sujeto protagonista de esa lucha y de esa transformaci\u00f3n, es decir: los trabajadores, a la vez que se ofrece como el instrumento id\u00f3neo para articular esa lucha y para configurar la futura organizaci\u00f3n de la sociedad.<\/p>\n<p>El problema es que los cambios que se han producido durante los cien \u00faltimos a\u00f1os en las sociedades econ\u00f3micamente dominantes hacen que ni el proletariado de esas sociedades pueda ser considerado hoy como el sujeto de la revoluci\u00f3n, ni que el anarcosindicalismo pueda llegar a ser una gran fuerza capaz de aglutinar una parte significativa de los trabajadores y de ilusionarlos con una perspectiva de cambio social radical y global. Sin embargo, la convicci\u00f3n de que ser\u00e1n los trabajadores quienes dar\u00e1n un vuelco radical a la sociedad, y de que el anarcosindicalismo constituye el instrumento adecuado para conseguirlo constituyen dos elementos definidores del anarcosindicalismo. La pregunta es por lo tanto la de saber si el anarcosindicalismo puede prescindir de esos dos elementos b\u00e1sicos pero que han perdido hoy toda credibilidad, y si, aun as\u00ed, puede sostenerse.<\/p>\n<p>Mi convicci\u00f3n es que el activismo anarcosindicalista es absolutamente irrenunciable en el seno del mundo laboral pero que debe reajustar sus perspectivas desde una clara conciencia de la limitaci\u00f3n de su horizonte y de sus posibilidades en la sociedad actual. Debe aceptar sin tapujos el hecho de que su espacio concreto de intervenci\u00f3n en el mundo laboral de las llamadas sociedades posindustriales se ir\u00e1 haciendo cada vez m\u00e1s exiguo, y debe abandonar la idea de que el proletariado protagonizar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda la revoluci\u00f3n. El anarcosindicalismo se puede sostener pese a todo pero con la condici\u00f3n de que d\u00e9 un vuelco en direcci\u00f3n a un presentismo radical. Su discurso debe reorientarse para focalizarse decididamente sobre el presente y para resaltar el valor que representa el anarcosindicalismo para el aqu\u00ed y ahora, sin que esto signifique rebajar un \u00e1pice su denuncia del sistema vigente y el rechazo de cualquier componenda con este.<\/p>\n<p>En este sentido el anarcosindicalismo debe configurarse como un sindicalismo cuya radicalidad se plasme en el hecho de fomentar y de practicar la protesta y la resistencia contra todo retroceso de las condiciones de trabajo, y frente a todos los atropellos infligidos a la dignidad del trabajador. Pero no porque ese sea el camino para desbancar el capitalismo sino porque esos actos de lucha y de resistencia conllevan en s\u00ed mismos su propia justificaci\u00f3n y su propia recompensa. Resistir, protestar, plantar cara, organizarse y luchar no son cosas que necesiten abrir sobre perspectivas m\u00e1s amplias para cobrar valor, sino que encuentran en s\u00ed mismas su plena justificaci\u00f3n. Es precisamente cuando se postula que esos actos encuentran su finalidad \u00faltima en la revoluci\u00f3n cuando la creencia, bastante generalizada y constantemente alentada por el Poder, de que no hay alternativa al sistema actual incita a la pasividad. Por el contrario si se aprecia claramente que la resistencia es un valor en s\u00ed mismo entonces el hecho de que haya o no haya alternativa global al sistema no puede constituir motivo para la inhibici\u00f3n.<\/p>\n<p>Ese presentismo radical que pasa por agotar subversivamente todo lo que puede dar de s\u00ed el presente, conduce a situar la acci\u00f3n social por lo menos en un pie de igualdad con la acci\u00f3n sindical, y empuja el anarcosindicalismo a salir cada vez m\u00e1s al exterior del recinto laboral. No solamente porque es en conexi\u00f3n con los movimientos sociales de todo tipo como se pueden abrir perspectivas para crear una alternativa a la sociedad actual, sino tambi\u00e9n porque es en conexi\u00f3n con estos movimientos como se puede intentar ofrecer aqu\u00ed y ahora espacios de relaciones y de vida distintos, que se rijan por otros valores, que susciten otros deseos, que alumbren otras subjetividades, y que constituyan un aliciente suficiente para dar la espalda a los valores del sistema. Puesto que ya no tiene mucho sentido situar en un futuro protagonizado por la clase obrera los principales motivos para abrazar la lucha anarcosindicalista, se trata ahora de crear espacios y alternativas fuera de la l\u00f3gica del sistema en todos los \u00e1mbitos donde esto sea posible, salud, educaci\u00f3n, econom\u00eda alternativa, etc. El reto en estos tiempos est\u00e1 en saber compaginar la movilizaci\u00f3n y la defensa de los trabadores con la realizaci\u00f3n concreta de peque\u00f1as, pero bien reales, alternativas al sistema que aporten a la gente satisfacciones m\u00e1s ilusionantes y m\u00e1s gratificantes que las que ofrece la l\u00f3gica mercantilista imperante.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escasa implantaci\u00f3n del anarcosinsicalismo en el mundo laboral no debe conducir al des\u00e1nimo, pero s\u00ed exige una reflexi\u00f3n profunda<\/p>\n","protected":false},"author":24,"featured_media":785,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7,184],"tags":[],"class_list":["post-784","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cgt","category-memoria-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/784","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/users\/24"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=784"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/784\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":789,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/784\/revisions\/789"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/media\/785"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=784"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=784"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/nafarroa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=784"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}