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Kontzentrazioa: El clima y las personas al centro: Reparto del Trabajo-Lan Banaketa




Klimaren aldeko gailurre alternatiboa//Cumbre alternativa por el Clima




Cambio de paradigma: El decrecimiento

Con motivo de la Cumbre por el clima (COP 27), organizada por la ONU en Egipto en el mes de noviembre, multitud de organizaciones pretenden dar a conocer los escasos resultados de cumbres anteriores y la falacia de su organización, auspiciadas en muchos casos por las propias empresas responsables de los daños medioambientales. Cuanto mayor es la concreción de los acuerdos y su importancia real, menor es el apoyo que encuentran entre los países que acuden a las cumbres. Y, sin embargo, en este contexto, parece que empieza a calar en la sociedad que es necesario un cambio de paradigma. Ni el planeta y sus recursos ni el sistema económico aguantan tal y como están concebidos en la actualidad.

Se han escrito muchos artículos sobre los males de la sociedad actual y creemos que se puede llegar a cierto consenso sobre la mayoría de ellos. En cuanto al planeta: falta de sostenibilidad, agotamiento y encarecimiento de materias primas o de bienes de primera necesidad, escasez y privatización del agua, calentamiento y cambio climático, incendios, deforestación…etc. Y en cuanto al sistema económico, por lo menos estaremos de acuerdo que no aguanta con un mínimo de la exigible justicia social, este capitalismo salvaje va dejando al margen cada vez a más personas, aumentan las desigualdades económicas (lo reflejan las estadísticas) y no se afrontan con éxito muchos de los problemas del actual modelo productivo: paro de larga duración, precariedad laboral, envejecimiento de plantillas, siniestralidad y enfermedades laborales, falta de paridad, machismo, techo de cristal, temporalidad, aumento en la edad de jubilación mientras se eleva el paro entre las personas jóvenes…

Si bien en el diagnóstico de los problemas podemos encontrar muchos puntos comunes incluso desde ideologías diferentes, no parece que haya una solución fácil para afrontarlos. Desde el sindicato CGT, creemos firmemente que como decíamos en el primer párrafo, es necesario un cambio de paradigma, hay que cambiar la mentalidad. El decrecimiento debería servir para afrontar el futuro con mejores perspectivas, tanto a nivel de las personas como a nivel de planeta.

Como clase trabajadora debemos asimilar que si queremos abordar el problema del cambio climático no podemos vivir en una sociedad donde el consumo sea una finalidad. No hay que producir y acumular cuanto más mejor, objetos, bienes, dinero… Si el ideal es una sociedad más igualitaria, y el planeta no da abasto, hay que reducir el nivel de consumo, de bienes y energía.

Si el análisis nos lleva a ver la necesidad de buscar un mundo más sostenible, habrá que ser coherentes y darnos cuenta de que no podemos mantener con nuestros actos (aunque con nuestras palabras lo ataquemos) un sistema que siempre quiere más, que siempre vende algo nuevo, que cada día nos crea una nueva necesidad. El empresariado quiere más productividad y competitividad… la clase trabajadora quiere más salario, más tiempo libre. El reparto de tareas en el hogar, el cuidado de las personas mayores sigue cayendo mayoritariamente sobre los hombros de las mujeres tanto familiar como profesionalmente.

La jornada de 8 horas tiene ya 100 años, fue un gran logro de la clase trabajadora que toca poner en cuestión. Más en estos tiempos en que la robotización nos sustituye, aumenta la productividad, las empresas multiplican las ganancias y disminuyen gastos en personal. Negocio redondo.

Trabajemos menos, para trabajar todas. Nuestra propuesta pasa por la jornada de 30 horas a la semana para disminuir el paro, para producir lo socialmente necesario y ambientalmente posible y para mejorar la precariedad de tanta gente. Trabajemos menos horas para mejorar el reparto de tareas en el hogar y el cuidado de nuestra infancia y nuestros y nuestras mayores. Los beneficios empresariales de las grandes corporaciones deberían disminuir en gran medida, porque recordemos que el planeta no soporta el actual modelo. Los salarios más altos de las empresas pueden verse reducidos o no (según casos), mientras que los más bajos necesitan ser aumentados, persiguiendo siempre mayores cotas de igualdad. Repartir el trabajo nos parece una herramienta fundamental en el desarrollo de otro modelo productivo y laboral que ponga en el centro la vida y no el consumo.

Si asimilamos que debemos disminuir nuestro nivel de consumo debemos aspirar a que mejoren los salarios de las escalas más bajas, las más precarias, y si pensamos que hay que ser coherentes quienes están en las más altas escalas laborales tendrán que asimilar que para acelerar la mejora de las más bajas, deben renunciar a parte de su estatus. Es necesario disminuir las diferencias salariales, eliminar las diferentes escalas en las empresas…

Para tratar sobre este y otros temas, los colectivos que forman la Alianza por el clima proponen un mes de noviembre con actividades para la reflexión y la acción, con alternativas al actual modelo económico que provoca un cambio climático que aún podemos frenar.

El sistema actual se ha mostrado insostenible. Todavía podemos cambiarlo.




COP27, ejemplo de greenwashing

Extraído de: https://www.lavozdelaribera.es/cop27-ejemplo-de-greenwashing-por-inaki-larraneta-miembro-de-la-asociacion-accion-clima/

El próximo mes de noviembre se celebra la COP27, ese encuentro mundial de países para tratar el problema del cambio climático. A estas alturas ya son pocas las personas o corporaciones que niegan que exista dicha crisis climática, siendo éstos abanderados del negacionismo por ideología o intereses espurios. Las corporaciones de los combustibles fósiles han ocultado durante décadas que sus actividades dañaban el medioambiente, el clima y nuestra salud, escondiendo sus propios estudios en lo más hondo del más escondido cajón. Y no sólo los escondieron, en 1989 crearon algo llamado Global Climate Coalition, el cuál trabajó para bloquear cualquier legislación en materia ambiental y, a través de la desinformación, sembrar la duda en la sociedad.

No hay duda que lo consiguieron durante décadas, hasta que ya las evidencias científicas han sido tan contundentes, que no les ha quedado otra que cambiar su estrategia. Siguen optando por el engaño, en este caso haciendo parecer que están del lado de las soluciones, mostrándose a la sociedad como corporaciones concienciadas y muy preocupadas por el medioambiente, cuando la realidad es que siguen con su sucio negocio de combustibles fósiles. No es de extrañar que algunas de estas empresas, en un alarde de greenwashing (crear una imagen ilusoria de responsabilidad ecológica), patrocinen las propias reuniones de la ONU para tratar la crisis climática, las llamadas COP. Qué seguras estarán de que estas reuniones no son una amenaza para su negocio, que incluso las patrocinan. La COP25, celebrada en Madrid en 2019, fue patrocinada por Acciona, Endesa e Iberdrola, entre otras. La COP26 de Glasgow, patrocinada por otras energéticas, como la escocesa SSE y Scottish Power, entre otras empresas tan conocidas como Unilever, que juntas, sus actividades en un año registraron tantas emisiones como las de todo el Reino Unido.

La COP27 de este año será patrocinada entre otras por Coca-Cola, uno de los principales productores de plásticos del mundo, o la aerolínea Egyptair, entre otras muchas. Cualquiera podría pensar que estas reuniones no son más que una juerga entre colegas contaminadores y sería un buen guion para una comedia, a no ser porque el tema es muy serio, el cambio climático es un problema global que alcanza una perspectiva ambiental, política, económica y social, en definitiva, nos lo jugamos todo. No podemos permitir que empresas, por defender su negocio, retrasen deliberadamente las soluciones a la crisis climática y que pongan en peligro el futuro de las próximas generaciones.

El 79% de las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión Europea son debidas a la quema de combustibles para usos energéticos o de transporte, según datos de Eurostat. España, junto con otros cinco países de la UE, acumulan alrededor del 66% de emisiones del continente. Y unas 90 empresas son responsables de casi las dos terceras partes de las emisiones mundiales.

Tampoco podemos olvidar que aparte de las consecuencias del cambio climático, nuestro modelo de sociedad basado en los combustibles fósiles provoca guerras por su control, desastres medioambientales, muertes por contaminación y crisis energéticas como la que estamos viviendo este año y que se prevé un invierno donde los índices de pobreza energética escalen a niveles alarmantes.

La revolución energética es el único camino y esta revolución debe estar en manos de la ciudadanía para que sea una transición justa, democrática y que realmente proteja el medioambiente del que dependemos para vivir. Necesitamos prescindir de los combustibles contaminantes, incluida la nuclear, y lo podemos conseguir desterrando el despilfarro energético, asumiendo el ahorro y eficiencia energética, con una profunda reforma del sistema eléctrico, del transporte y cubriendo nuestras necesidades reales con energías renovables.

No podemos dejar que quiénes nos han llevado hasta aquí sigan retrasando las soluciones, poniendo en grave peligro un futuro digno para las presentes y futuras generaciones. Desde la Alianza por el Clima de Navarra, de la que formamos parte, organizaremos en Pamplona-Iruña una COP27 alternativa, una cumbre por la vida, con actividades dirigidas al empoderamiento de la ciudadanía. El momento es ahora y es nuestro momento, el de toda la sociedad.

Iñaki Larrañeta. Miembro de la asociación Acción Clima




klimaren aldeko ekintza globala//Acción Global por el clima




OTRO MUNDO ES NECESARIO, ¿POR DÓNDE EMPEZAMOS?

A principios de siglo, en el Foro social Mundial, en Porto Alegre (qué nombre más sugerente), teníamos la confianza y la esperanza puesta en que “otro mundo es posible”. 20 años después, tras ver que los tristes escenarios de cambio climático descritos por el IPCC se quedaban cortos, que somos vulnerables a nuevas enfermedades, que se nos agotan los combustibles fósiles, los materiales, que las guerras pueden llegar a la puerta de casa, vemos que, además de posible, otro mundo es necesario.

Además la brecha entre ricos y pobres aumenta, dentro y fuera de nuestras fronteras. En 2021, los ingresos acumulados de las cuatro principales compañías energéticas españolas crecieron un 34% respecto a 2020, obsceno. ¿Quién puede defender este paradigma injusto e insostenible social y ambientalmente? No serán las grandes corporaciones ni los gobiernos que las defienden, a través de la firma de injustos acuerdos como EL TRATADO DE CARTA DE LA ENERGÍA. No podemos esperar, a que los propios guardianes lo autorregulen, no podemos esperar que lleguen los desastres anunciados con un clima que supere en 3,3 ó 5,7ºC las temperaturas medias de la época preindustrial.

Es necesario cambiar, avanzar hacia un sistema cercano, sencillo, de contención. La buena noticia es que ese nuevo sistema nos acerca a una bien entendida “calidad de vida”, centrada en la vida, en las personas, en el ser, no en el tener. La gran pregunta, es ¿cómo se inicia ese tránsito necesario, urgente? No está exento de dificultades, serán necesarios mecanismos de ajuste y compensación, pero sabemos el camino, para reducir las brechas y las emisiones de CO2

– Empecemos con la alimentación, la salud. La agricultura ecológica, la dieta baja en carne, ganadería extensiva, productos de temporada y cercanía. El sector primario, la PAC, deben ser los aliados frente a las grandes corporaciones. La tierra para alimentar a las personas, no para biodiesel, alimentar ganado, o algodón para camisetas que duran un día de San Fermín.

– Una jornada laboral de 32 horas, que permita la conciliación familiar y el disfrute de lo cercano y el equilibrado reparto de los cuidados

– Los impuestos, progresivos, proporcionales a las rentas. Tasas de carbono que favorezcan los productos y servicios cercanos y neutros en carbono.

– Productos y materias primas de cercanía que reduzcan la necesidad de transporte de mercancías. Movilidad en transporte público y en bicicleta, el dinero público para servicios públicos neutros en carbono de transporte de mercancías y viajeros, no para coche privado, no a la falacia del coche eléctrico particular.

– Vacaciones sin avión, tal vez sin coche, a tiro de piedra, nuestro entorno es maravilloso para los de fuera, también lo será para nosotras. Empecemos nosotras el camino, es una senda, no hay autopistas, ni TAV, ni hidrogeno que nos salve. Recuperaremos la esencia del ser y la felicidad de lo sencillo. Ahí está la esperanza. Este es el norte que debería guiar la “Navarra pionera”.

Desde Ekologistak Martxan apostamos por esta buena vida e invitamos a acompañarnos el viernes 23 de septiembre a la movilización internacional que convoca la juventud de Fridays for Future y a la cumbre internacional por la vida que realizaremos en noviembre, durante la celebración de la COP27 en El Cairo, la cumbre por el clima. Ambas las apoyamos con actos en Navarra impulsadas desde Alianza por el Clima.

Ekologistak Martxan




El camino que nos queda

Extraído de: https://reasna.org/el-camino-que-nos-queda/

La imaginación es la capacidad que nos permite no sólo ser seres creativos, sino relacionar conceptos y así idear soluciones. Como toda capacidad también se trabaja y desarrolla. Michael Ende nos advertía de su importancia en La Historia Interminable: si queríamos salvar Fantasía, no podíamos permitir que la Nada se adueñara de nosotras. Por desgracia la Nada es poderosa, y basta precisamente no hacer nada para que avance destruyendo todo a su paso, lenta y continua, nos devora si no reaccionamos a tiempo. Enfrentarse a la Nada de Ende era finalmente enfrentarse a una misma, quienes leímos el libro lo sabemos bien. ¿Podríamos hacer un paralelismo entre la obra de este magnífico escritor y nuestro presente colectivo? Al fin y al cabo, nuestra sociedad se enfrenta cara a cara a sus sombras y al parecer nos cuesta mucho menos imaginar un colapso distópico, esa Nada que avanza, que imaginar un cambio de estructura, un cambio de sistema hacia sociedades basadas en el cuidado mutuo y el bien común.

A diferencia de la novela, la Nada en este lado del libro está exponsorizada, y cuenta con todo tipo de recursos para mantenernos en ese estadio entre el shock, la incredulidad y el miedo en el que no terminamos de reaccionar. No hay amuletos ni dragones blancos, pero sí muchos frentes abiertos. Son gigantes poderosos los que alimentan nuestra Nada. Estos gigantes han querido hacernos creer que sólo somos inocuas y previsibles personitas, y que estamos irremediablemente aisladas aunque tengamos mucha cobertura. Nos han hecho creer que cualquier planteamiento social alternativo al capitalismo es interesado o naif, y en cualquier caso, estéril. Que aceptemos que “el mercado” es así y ya estaría. El Mercado, ese gigante inmaterial que como los hombres grises de Momo, por seguir con el universo Ende, se alimenta del tiempo de las personas, nuestro recurso último más querido, mientras nos engaña con campañas de estudiado marketing para que creamos, que eso tan importante, la vida, está a buen recaudo. Nos repiten, de paso, que nunca existieron los gigantes, y que por lo tanto nadie nunca pudo ganarlos. Y que bueno, de existir, quiénes somos nosotras para hacerles frente, seamos serios. Imaginar herramientas prácticas y dinámicas cercanas que neutralicen esta nuestra Nada es, sin embargo, nuestra mejor baza. Y el gigante lo sabe.

Siguiendo con otros mitos, muchas personas creen que las democracias y los sistemas de control y garantías nacionales e internacionales se autorregulan como lo hace “el mercado”. Otras, un poco más descreídas, comprendemos que la baraja que decide las partidas importantes que ahora mismo se juegan (energía, agua, alimentación y recursos) está más que nunca en las manos de los dueños del mayor gigante nunca visto: el capitalismo.

El año 2020 no debería ser, al menos no sólo, el año del covid, sino el año en el que el agua empezó a cotizar en bolsa. Los mercados de futuros juegan con la alimentación y la salud humana en un sistema de apuestas en el que gana siempre el mejor postor, la lógica del bussines as usual. Esto en realidad no es nuevo, millones sufren hambre en el mundo, sed, guerras, explotación. Pero estamos en un contexto en el que el pico de producción de energías fósiles como el petróleo hace ya unos años que fue superado. La tecnología es omnívora, nos dice el gigante, y picotea por prácticamente toda la tabla periódica. El problema es que los materiales críticos, esos que califica un organismo oficial europeo en función del riesgo en su suministro y la importancia de su papel en la economía, crecen exponencialmente: en 2010 eran 14, en 2020 ya fueron 30. El costo de su extracción también crece de la misma manera. Parece que le vemos las costuras al planeta.

La emergencia climática es la guinda de esta tormenta perfecta: el hiperdesarrollismo de las sociedades ricas industrializadas no sólo se ha basado en el expolio colonialista depredador de otros territorios con el que asegurar la invulnerabilidad del gigante, también es el responsable de un cambio climático a escala planetaria que se traduce en falta de agua e inseguridad alimentaria para nuevos millones de personas. Amén de desastres naturales o de la llamada sexta gran extinción.

Pareciera que estuviéramos avocadas a la gran derrota final de la humanidad frente a sí misma. Desconectar este dispositivo que es el sistema capitalista pinta entre difícil y muy difícil, pero, citando a otro gran personaje que nada tiene que ver con Ende: “no contaban con mi astucia”. Y no me cabe duda: necesitamos astucia e imaginación para salir de esta y posibilitar otras formas de relacionarnos entre nosotras y con el entorno. Lo queremos todo y ya no podemos seguir procrastineando. Que cada día sea un ejercicio práctico que nos siga haciendo caminar hacia la utopía, esa en la que al final vencemos a la Nada.

Desde la Economía Solidaria apostamos por seguir construyendo sociedades basadas en la equidad, el trabajo digno, la sostenibilidad ecológica, la cooperación, el compromiso con el entorno y el reparto justo de la riqueza. Necesitamos nuevos indicadores para un desarrollo a escala humana, que como el modelo energético ha de ser local y descentralizado. El próximo viernes 23 de septiembre el movimiento Fridays For Future y Alianza por el Clima llamamos a la movilización por una sistema energético democratizado y porque primero somos las personas, no los beneficios. Imaginemos los caminos que necesitamos recorrer, desbrocemos la Nada, sembremos esperanza siendo el cambio que queremos ver, o no nos quedarán muchas páginas por leer.

A mi al menos, ante este capítulo histórico, me hacen falta nuevas referencias.

June San Millán




23 de septiembre: justicia climática, solidaridad y seguridad

China sufre una ola de calor extraordinaria, tanto por las elevadas temperaturas como por la persistencia de la misma, con los caudales de sus ríos más importantes en mínimos y sus hidroeléctricas apenas operativas. Al otro lado del Karakórum, en Pakistán, las lluvias del monzón han sido de proporciones colosales, con consecuencias devastadoras: más de 1200 muertos, 33 millones de desplazados e innumerables infraestructuras arrasadas.

En la península ibérica hemos soportado las inundaciones de principios de año, intensas olas de calor, precipitaciones inusualmente escasas y, en varias provincias levantinas, agresivas tormentas con abundante aparato eléctrico, fuertes vientos, lluvias torrenciales e incluso granizo en forma de enormes pelotas de hielo cayendo del cielo a más de 100 km/h.

Inundaciones en  Nueva Zelanda y Texas, sequías extremas en Colorado y en el Cuerno de África, en buena parte de Europa Occidental, en Argentina el río Paraná agoniza … La lista es tan larga como desgarradora. Las pérdidas (humanas, animales no humanos, ecosistemas…) superan nuestra capacidad de registro y reconocimiento. 

Si bien encontramos expresiones extremas del desorden climático en curso en todos los continentes, son, indudablemente, aquellos territorios que menos han contribuido históricamente al calentamiento global los que con más severidad están padeciendo sus impactos. El caso de Pakistán es sintomático. Si atendemos a las emisiones acumuladas o históricas ―CO2 emitido desde la época preindustrial ―Pakistán supera los 5.000 millones de toneladas. En el caso de España, el CO2 acumulado emitido a la atmósfera excede los 14.000 millones de toneladas. Globalmente, EE.UU. destaca como el principal actor contaminante en términos históricos, con un 33% de las emisiones de CO2. Le siguen la Unión Europea (incluyendo al Reino Unido) con un 21% y China con un 18%. Pakistán ha aportado un 0,3%.

En 2022 apenas superamos los 1,1 grados de aumento de la temperatura media global respecto a los niveles preindustriales. ¿Qué tipo de meteorología podemos esperar con 1,5 grados de aumento?  ¿Y con 2? ¿Hasta dónde se acentuarán los períodos de sequía, las lluvias torrenciales, los vientos huracanados, las pelotas como puños de granizo cayendo a velocidades endiabladas?

¿Estamos preparados para hacer frente a fenómenos cada vez más extremos, cada vez más frecuentes? ¿Cómo podemos garantizar la vida organizada en un contexto de clima descontrolado y agresivo? Recordemos que nuestras sociedades, a lo largo de todo lo que llamamos historia (hace, al menos, 8000 años) se han configurado y desarrollado en un entorno climático y natural sumamente estable y predecible. Y no olvidemos, desde nuestras urbanas torres de marfil, que seguimos dependiendo de los mismos ciclos para nuestras cosechas.

Necesitamos tirar del freno de emergencia para detener, de modo ordenado pero urgente, esta máquina de destrucción que se llama capitalismo. Un sistema adicto al crecimiento y la expansión continua, agotando todos los recursos a su alcance. Nuestra economía no puede seguir creciendo. Porque necesitamos reducir las emisiones de forma drástica y continuada ―la producción y el consumo creciente significan aumento de emisiones. Pero también porque los combustibles fósiles se agotan: la producción de diésel, piedra angular de la actividad económica capitalista, lleva en pronunciado declive varios años, y así va a continuar. También el gas, el carbón y el uranio han alcanzado ya o se acercan a su pico de producción. Reclamamos, así, que se afronte la verdad de la encrucijada histórica en la que estamos inmersos, y se comunique de manera clara y objetiva. Reclamamos también esa reducción drástica de las emisiones y medidas contundentes encaminadas a detener la pérdida de biodiversidad (nuestro mejor baluarte frente a plagas, pandemias y desastres naturales). Y, afrontemos la realidad, no reduciremos las emisiones lo suficiente para garantizar alguna posibilidad de evitar la catástrofe sin abandonar la pretensión de un automóvil privado en cada hogar, es decir, sin poner fin a la industria del automóvil; sin renunciar al turismo de masas y los viajes lowcost, esto es, sin terminar con los vuelos domésticos y con buena parte de los internacionales; sin un cambio a una dieta baja en proteína animal y de alimentos ecológicos y producción local, en suma, adiós al modelo industrial dependiente de piensos e insumos químicos y extensas redes logísticas internacionales. Quizás también debamos pensar en Internet y su huella de carbono, enorme y cada vez mayor. Todo esto sin contar el desmesurado uso de minerales de la tecnología avanzada, creciendo a un ritmo exponencial.

Y aquí, en el Norte Global, debemos abanderar la lucha por la justicia climática, por solidaridad con los que están padeciendo los efectos de aquello que no provocaron; y también por nuestra propia seguridad, cada día más en entredicho.

La Declaración Universal de Derechos Humanos recoge que los seres humanos deben comportarse fraternalmente los unos con los otros, y que éstos tienen derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. En Alianza por el Clima, diferentes colectivos sumamos esfuerzos para apoyar la movilización internacional impulsada por Fridays for Future el próximo 23 de septiembre, defendiendo la acción climática y reclamando esos derechos básicos, en el contexto de una situación climática descontrolada, unos gobiernos irresponsables y un aparato mediático que, con su silencio cómplice, contribuye a avanzar por la senda del precipicio.

 

Nacho Casado

Extinction Rebellion Iruña




Educando en el cambio climático

Una de las actuaciones comúnmente reconocidas como imprescindibles en la lucha contra el cambio climático debe implantarse en el ámbito educativo. La educación de la población joven en temas como los orígenes y consecuencias del cambio climático o sobre las posibles actuaciones en diferentes campos debe estar presente en los estudios. Así se ha entendido desde la UE y así se ha procurado incluir en los nuevos currículos de la LOMLOE, si bien de forma todavía insuficiente ya que en ocasiones se encuentran en asignaturas a las que no todo el alumnado accederá o chocan con otros contenidos contrapuestos, como la búsqueda de crecimiento sin fin de nuestro sistema económico.
En cualquier caso se ha producido un avance en cuanto a la inclusión de contenidos relacionados con la lucha contra el cambio climático y otros medioambientales, aunque aún hay margen para una mejora, que podría llevarse a cabo por parte de las Comunidades Autónomas, que tienen la posibilidad de ampliar el temario.
Pero para llevar a cabo estos cambios se hace necesaria la formación del profesorado, tal como se incluyó en la Ley de Cambio Climático y Transición Energética de nuestra comunidad, lo que a su vez requiere la inclusión en los próximos presupuestos de los gastos asociados a la misma. Así como el aumento en la partida de sueldos del profesorado de cara a permitir que en todos los centros escolares exista la coordinación en sostenibilidad que elabore el plan de sostenibilidad de cada centro y los recursos para que dichos planes puedan hacerse efectivos y coordinados. Todo esto, recogido en la citada ley, tendría que plasmarse también en las próximas cuentas públicas de Navarra.
Otro tema que relaciona a nuestra juventud con el cambio climático son los incendios ocurridos este verano en nuestro territorio. Incendios que privarán a las generaciones más jóvenes de esos espacios naturales. La zona que más hectáreas perdió en el fuego fue la de Valdizarbe y El Perdón, con más de 5.000 Ha entre área forestal, pastos y arbustos. Más al sur, en la Ribera, las dos localidades que sufrieron en primera línea los incendios de junio fueron Valtierra y Arguedas. El fuego se extendió por 1.810 hectáreas de zona forestal, pastos y arbustos, además de por el Parque de Senda Viva.
En este sentido, la necesaria e inmediata reforestación que se hace necesaria podría ser una nueva oportunidad de sensibilizar y concienciar a toda nuestra Comunidad Educativa con un gran plan de reforestación de todos los miles de hectáreas que han sido pasto de las llamas en la zona media. En Etiopía lograron plantar 350 millones de árboles en 12 horas; ¿hasta dónde podríamos llegar las y los navarros? Nos estamos refiriendo al mayor desastre ecológico de toda nuestra historia moderna. En aquellos momentos, en Navarra había 6 incendios simultáneos, y los recursos no eran suficientes. ¿Cómo vamos a prevenir emergencias de este calibre en el futuro? Es una pregunta a la que todas y todos, como sociedad, debemos aportar respuestas desde los ámbitos individuales y colectivos y, a los que la Educación no debería ser ajena; a fin de cuentas, estamos hablando de futuro y nuestra asociación acoge a profesorado que pugna por ofrecer un futuro “respirable” y habitable a nuestros jóvenes.
Otro tema controvertido es el greenwashing o lavado de cara por parte de empresas contaminadoras que se quiere llevar a las escuelas; como el programa educativo “ Zinkers” de Repsol, que puede que tenga aportaciones interesantes, pero nunca incluirá críticas a las actividades de empresas como la que la financia. Críticas imprescindibles cuando se abordan estos temas, muy relacionados con la quema de esos combustibles fósiles que provee la empresa, generadores del calentamiento global.
Con todos estos temas en la palestra, desde Teachers for Future consideramos que se hace necesaria una llamada de atención a nuestras autoridades para que se tomen verdaderamente en serio estos y otros problemas cuyas soluciones son ya muy urgentes. Y por eso convocamos a la comunidad educativa navarra a participar en las movilizaciones que se llevarán a cabo el 23 de septiembre y durante la semana del 14 de noviembre en nuestras calles, organizadas por Alianza por el Clima Navarra para llamar la atención sobre ellas y proponer y exigir soluciones realistas ya.

Codés Echalecu Elso, Teachers for Future Navarra




Movilicémonos por un mundo mejor, aún es posible, por Iñaki Larrañeta

Algunos pensarán que es una utopía imposible. Ya se han encargado de que lo pensemos, de que se instale el “es lo que hay” y que el pesimismo invada el discurso. Ya se han encargado también de que muchas personas no puedan ni pensar en ello, ocupados en intentar llegar a fin de mes o con suerte seguir como están. Tampoco los datos científicos y lo que está ocurriendo nos lo ponen fácil: récord de olas de calor en intensidad y duración, inundaciones, incendios y sequías. Vemos aumentar los precios de todo, porque ese “todo” necesita de energía barata que ya no tenemos en abundancia. Esto también nos lo llevan tiempo avisando, hasta la propia industria de los combustibles fósiles, pero hemos preferido ignorarlos a todos.

Aún así otro mundo mejor es posible. Y lo es porque no hay que inventar nada nuevo, tenemos la tecnología e inteligencia suficientes para cambiar el rumbo de nuestras sociedades. Podemos hacerlo mejor en todos los campos. Sabemos construir edificios que casi no necesitan energía para vivir con comodidad, sabemos cómo cultivar alimentos mientras regeneramos y cuidamos la tierra alimentándonos mejor. Podemos movernos de forma muchísimo más sostenible, sabemos cooperar en vez de competir, cuidarnos en vez de destrozarnos en guerras inútiles, en definitiva, construir una sociedad en la que merezca la pena vivir consumiendo muchísima menos energía.

Y sí, otro mundo mejor es posible. Aunque haya fuerzas poderosas que lo nieguen defendiendo sus oscuros intereses, pero no hay fuerza que pueda parar la voluntad popular y cada vez somos más las personas que hemos decidido cambiar. Algunas llevando a cabo proyectos sostenibles de todo tipo, otras sumando fuerzas en asociaciones para que cada vez seamos muchas más. Un ejemplo de estas últimas es la Alianza por el Clima, en la que más de 15 asociaciones navarras de diferente índole nos hemos unido para llevar la voz de la emergencia climática a la sociedad, dejando muy claro que solo a través del ahorro, las energías renovables, la electrificación y la eficiencia energética conseguiremos paliar los efectos del cambio climático. Queremos deciros que no estáis solas ni solos, que compartimos los mismos miedos y esperanzas.

Y qué mejor momento para empezar a actuar que el 23 de septiembre en Pamplona Iruñea, donde estaremos apoyando la movilización internacional de Fridays For Future, una organización juvenil que defiende la acción climática por todo el planeta. Este será el inicio de un otoño cargado de reivindicaciones y movilizaciones sociales por un mundo más verde y justo. Si tú sientes también que hay que moverse, ¡súmate! Porque otro mundo mejor aún es posible.

Iñaki Larrañeta Beorlegui, voluntario de Greenpeace Navarra y miembro de Acción Clima