{"id":11232,"date":"2015-08-05T10:13:26","date_gmt":"2015-08-05T09:13:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/?p=11232"},"modified":"2015-08-05T10:13:26","modified_gmt":"2015-08-05T09:13:26","slug":"el-triangulo-de-la-bermudas-independencia-nacionalismo-y-derecho-a-decidir-por-tomas-ibanez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/archivos\/11232","title":{"rendered":"El tri\u00e1ngulo de la Bermudas. Independencia, Nacionalismo y Derecho a decidir (Por Tom\u00e1s Ib\u00e1\u00f1ez)"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/?attachment_id=11233\" rel=\"attachment wp-att-11233\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-11233\" src=\"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-content\/uploads\/sites\/21\/2015\/08\/Tom\u00e1s-Iba\u00f1ez.jpg\" alt=\"Tom\u00e1s Iba\u00f1ez\" width=\"250\" height=\"188\" srcset=\"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-content\/uploads\/sites\/21\/2015\/08\/Tom\u00e1s-Iba\u00f1ez.jpg 150w, https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-content\/uploads\/sites\/21\/2015\/08\/Tom\u00e1s-Iba\u00f1ez-80x60.jpg 80w\" sizes=\"auto, (max-width: 250px) 100vw, 250px\" \/><\/a>La actual coyuntura pol\u00edtica catalana nos apremia a explorar un s\u00edmil del famoso tri\u00e1ngulo de las Bermudas, cuyos v\u00e9rtices se denominan en este caso Independentismo, Nacionalismo y Derecho a decidir. Se trata de un misterioso tri\u00e1ngulo donde naufragan, una tras otra, las naves libertarias que se adentran ingenuamente en sus aguas al son de persuasivos cantos de sirena. El prop\u00f3sito de este art\u00edculo no es otro que el de intentar avistar algunos de los rec\u00f3nditos escollos que aguardan a esas naves, y acotar algunas de las falacias que desconfiguran unos mapas de navegaci\u00f3n convertidos de esa forma en fat\u00eddicas trampas.<\/p>\n<p><strong>La falacia de la Naci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>En su c\u00e9lebre libro \u201cNacionalismo y cultura\u201d Rudolf Rocker escribi\u00f3 hace ya mucho tiempo:<strong> \u201cTodo nacionalismo es reaccionario\u2026\u201d.<\/strong> Esa afirmaci\u00f3n, asumida por buena parte del anarquismo y que hago m\u00eda sin reservas, ha sido tildada de simplista por ignorar el amplio abanico de significados que encierra el concepto de naci\u00f3n y por limitarse al que elabor\u00f3 la narrativa del romanticismo. Conviene pues retomar la cuesti\u00f3n de la naci\u00f3n y del nacionalismo con un inter\u00e9s tanto mayor cuanto que el nacionalismo no solo representa uno de los v\u00e9rtices del inquietante tri\u00e1ngulo al que me he referido, sino que tambi\u00e9n constituye la peligrosa corriente de fondo que agita sus aguas.<\/p>\n<p>Precisemos de entrada que <strong>el hecho de denunciar la falacia de la naci\u00f3n no significa negar que las naciones existen y que el hecho nacional es incontrovertible<\/strong>. El car\u00e1cter f\u00e1ctico de las naciones se evidencia, por ejemplo, en los m\u00faltiples efectos que producen tanto en las poblaciones como en los individuos, tanto en los \u00e1mbitos pol\u00edticos y sociales como en los econ\u00f3micos. La cuesti\u00f3n no es pues la de su innegable existencia, sino la de su modo de existencia. En efecto, en un determinado periodo hist\u00f3rico un conjunto de operaciones de diversa \u00edndole trajeron al mundo algo que antes no exist\u00eda: la Naci\u00f3n, y son esas operaciones las que conviene tomar en cuenta para entender la naturaleza de esa nueva entidad.<\/p>\n<p>El peculiar modo de existencia de la realidad nacional requiere que distingamos, por una parte, las pr\u00e1cticas tanto materiales como discursivas implicadas en el proceso de su construcci\u00f3n y, por otra parte, las que aseguran su mantenimiento.<\/p>\n<p>A pesar de ser una categor\u00eda socio-hist\u00f3rica relativamente reciente, y un producto pasajero y circunstancial de la historia, <strong>la naci\u00f3n ha sido fetichizada como intemporal<\/strong>. Tanto las naciones con Estado, como las que pugnan por conseguir un Estado, fundamentan su legitimidad en su supuesta trascendencia respecto de los avatares coyunturales de su configuraci\u00f3n. En efecto, las naciones perder\u00edan mucha de su legitimidad y de su capacidad de exigir lealtades si no se presentasen como la culminaci\u00f3n de un proyecto levantado sobre innumerables sacrificios de nuestros m\u00e1s lejanos antepasados. Proyecto y sacrificios que, se dice, ya prefiguraban la futura naci\u00f3n, e incluso ya la conten\u00edan, en una forma extra\u00f1amente pre-existente a su propia creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, frente a esas concepciones organistas y esencialistas conviene recordar que, lejos de ser realidades naturales,<strong> todas las naciones se han constituido con la sangre y las l\u00e1grimas de la gente del pueblo<\/strong>. Fueron los enfrentamientos por el poder y por la riqueza, los que poco a poco fueron agrandando y agregando posesiones, juntando territorios, y colocando bajo una misma autoridad poblaciones dispares. Luchas, guerras, pactos, alianzas\u2026 hasta configurar un condado, un reino, o una rep\u00fablica, o cualquier otra estructura pol\u00edtica centralizada, que se transform\u00f3 en una naci\u00f3n cuando adquiri\u00f3 carta de naturalidad para sus s\u00fabditos.<\/p>\n<p><strong>Las naciones son un artefacto del poder, y constituyen un dispositivo de dominaci\u00f3n<\/strong> que se construye homogeneizando heterogeneidades, borrando singularidades, incluso en el plano ling\u00fc\u00edstico, y diezmando la diversidad. <strong>Es la fuerza pol\u00edtica la que transforma colectivos humanos en naciones<\/strong>, cohesion\u00e1ndolos bajo una categor\u00eda abstracta que sirve para establecer la legitimidad de un modo particular de gobernar. Al reivindicar la existencia pol\u00edtica de una determinada naci\u00f3n lo que se est\u00e1 asumiendo, impl\u00edcitamente, es la historia de sangrientos enfrentamientos por el poder, y de restricci\u00f3n de la diversidad, y se est\u00e1 legitimando tanto la l\u00f3gica que ha guiado esa historia, como el resultado en el que ha desembocado.<\/p>\n<p><strong>Las naciones no solo se han construido mediante pr\u00e1cticas materiales (guerras, tratados, anexiones, procedimientos jur\u00eddicos y administrativos etc.), sino tambi\u00e9n mediante pr\u00e1cticas discursivas que las instituyeron como tales en el espacio simb\u00f3lico<\/strong>. Ese proceso que ha sido fundamental para naturalizar la naci\u00f3n ocultando su car\u00e1cter de realidad socialmente y pol\u00edticamente construida, encontr\u00f3 potentes instrumentos en el folclore y en las narrativas populares, pero tambi\u00e9n en la literatura, en la filosof\u00eda y en las ciencias sociales. Teor\u00edas y estudios sobre la \u201cpsicolog\u00eda de los pueblos\u201d, el \u201ccar\u00e1cter nacional\u201d, el \u201cesp\u00edritu de los pueblos\u201d (Volkgeist), etc. construyeron la narrativa, o el relato, de la naci\u00f3n, dot\u00e1ndola de alma, de conciencia, de esp\u00edritu, de voluntad, de genio, de car\u00e1cter, y atribuy\u00e9ndole, en definitiva, unos rasgos humanos que facilitan que nos identifiquemos con ella e, incluso, que podamos enamorarnos de su rostro.<\/p>\n<p>Ya que he aludido a las ciencias sociales, cabe se\u00f1alar, de paso, que <strong>el discurso \u201ccient\u00edfico\u201d que constituy\u00f3 el concepto de raza en unas claves que abr\u00edan sobre concepciones racistas, corri\u00f3 paralelamente, y de forma globalmente contempor\u00e1nea, al discurso que constituy\u00f3 el concepto de naci\u00f3n en unas claves que impulsaron el nacionalismo<\/strong>. Eso explica quiz\u00e1s la multitud de \u201cconectores\u201d que permiten transitar entre esas dos construcciones y que las entrelazan estrechamente.<\/p>\n<p><strong>La naci\u00f3n no es s\u00f3lo un objeto que ha sido construido<\/strong>, es tambi\u00e9n un objeto que se mantiene por medio de determinadas pr\u00e1cticas, y que s\u00f3lo existe mientras esas pr\u00e1cticas lo producen y lo reproducen constantemente. En efecto, como sucede con todos los objetos sociales, <strong>la naci\u00f3n deja de existir cuando cesan las pr\u00e1cticas que la mantienen, y esas pr\u00e1cticas consisten, por ejemplo, en suscitar el sentimiento nacional mediante un conjunto de operaciones simb\u00f3licas.<\/strong> Las fuentes de la producci\u00f3n simb\u00f3lica de la realidad nacional van desde el sistema educativo p\u00fablico hasta las simples competiciones deportivas entre naciones, pasando por la creaci\u00f3n de un vocabulario espec\u00edfico y de emblemas identitarios.<\/p>\n<p>El enorme esfuerzo que se invierte en la creaci\u00f3n y en la constante recreaci\u00f3n de la realidad nacional en la esfera de lo simb\u00f3lico, evidencia el car\u00e1cter artificial de esa realidad, y debilita por lo tanto la fuerza con la cual el hecho nacional se impone ante nosotros como una realidad natural. Obviamente, el nacionalismo es uno de los elementos m\u00e1s eficaces para mantener la existencia de las naciones y si la naci\u00f3n necesita enmascarar su car\u00e1cter contingente y su genealog\u00eda para suscitar lealtades, esas lealtades necesitan el nacionalismo para poder brotar con fuerza.<\/p>\n<p><strong>El escollo del Nacionalismo.<\/strong><\/p>\n<p>Al igual que cuestionar la naci\u00f3n no implica negar su existencia,<strong> cuestionar el nacionalismo tampoco significa menospreciar la importancia del sentimiento de pertenencia a una comunidad<\/strong>. Es obvio que el v\u00ednculo comunitario es fundamental, y que vivir en un mismo lugar, compartir una lengua, tener experiencias comunes, desarrolla relaciones solidarias, y crea un sentimiento de comunidad que se inscribe, muy profundamente, en nuestra subjetividad, y que moviliza intensamente toda nuestra afectividad. En cierto sentido somos la lengua que hablamos y la cultura que nos impregna, sin embargo, no hay raz\u00f3n alguna para ir m\u00e1s all\u00e1 de ese simple reconocimiento.<\/p>\n<p>El hecho de que pertenezcamos a una determinada cultura no implica que debamos identificarnos con ella asumiendo de paso su trasfondo patriarcal, hom\u00f3fobo y racista. El hecho de que nos haya tocado hablar una lengua no significa que tengamos que batallar para que se preserve y a ser posible se extienda, salvo que seamos nacionalistas.<\/p>\n<p><strong>La gran astucia del nacionalismo consiste en equiparar el amor al terru\u00f1o y el amor a la naci\u00f3n<\/strong>, en trazar una equivalencia entre ellos, y en hacernos creer que constituyen un solo y mismo sentimiento. Sin embargo, el afecto por el nicho que nos ha visto nacer y crecer no es lo mismo que el amor por esa abstracci\u00f3n que es la naci\u00f3n, y extrapolar ese sentimiento a una entidad abstracta lo desvirt\u00faa y lo transforma en otra cosa.<\/p>\n<p>El apego a la tierra natal ni se aprende ni se ense\u00f1a, simplemente sucede en el roce diario sin que nadie deba incentivarlo ni exaltarlo, mientras que <strong>el patriotismo, inseparable del nacionalismo<\/strong>, debe ser elaborado, ense\u00f1ado e inculcado mediante sofisticadas operaciones de producci\u00f3n simb\u00f3lica de la realidad nacional y mediante sutiles adoctrinamientos. El nacionalismo debe ser generado y mantenido de forma continuada por un conjunto de dispositivos institucionales dedicados a la producci\u00f3n de subjetividad. <strong>Aceptar el nacionalismo, o m\u00e1s aun, impulsarlo, es exactamente lo opuesto a lo que constituye una forma libertaria de habitar el mundo<\/strong>.<\/p>\n<p><strong>Naciones opresoras y naciones oprimidas. La falacia de las luchas de liberaci\u00f3n nacional<\/strong>.<\/p>\n<p>La cl\u00e1sica diferenciaci\u00f3n entre los nacionalismos opresores y los nacionalismos oprimidos es plenamente acertada, sin embargo, <strong>lo que ya no parece tan atinado es que con pretexto de que el anarquismo se opone a todas las formas de opresi\u00f3n, este deba hacer suya la causa de las naciones oprimidas, involucr\u00e1ndose en las luchas de liberaci\u00f3n nacional<\/strong>. En efecto, una cosa es apoyar de forma decidida las luchas contra la dominaci\u00f3n nacional, y otra bien distinta apoyar las luchas de liberaci\u00f3n nacional. Esta es una distinci\u00f3n que se entiende perfectamente si se reformula el planteamiento simplista que dibuja como situaci\u00f3n de partida la de una naci\u00f3n oprimida que lucha por liberarse, y si se considera que lo que existe primariamente es una fuente de opresi\u00f3n, porque lo que hay, en origen, es una naci\u00f3n interesada en dominar un determinado colectivo controlando su territorio, y que tiene la fuerza suficiente para hacerlo. Ciertamente, cuando ese colectivo se subleva contra la dominaci\u00f3n nacional que padece, es obvio que hay que darle el apoyo (como bien lo vio Bakunin, por ejemplo) que tenemos el compromiso de dar a todas las luchas contra la dominaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, apoyar el combate contra la dominaci\u00f3n nacional no implica, en absoluto, que se deba apoyar tambi\u00e9n la parte de esa lucha encaminada a conseguir la liberaci\u00f3n nacional, es decir, a sustituir una forma de dominaci\u00f3n por otra, creando una nueva naci\u00f3n independiente.<\/p>\n<p>\u00bfPosici\u00f3n compleja, que exige diferenciar la lucha contra la dominaci\u00f3n nacional, y la lucha por la liberaci\u00f3n nacional, aun cuando ambas suelen estar entremezcladas y parecen implicarse mutuamente? Pues, s\u00ed, ciertamente, posici\u00f3n compleja, pero nadie ha pretendido que el anarquismo fuese simple. En cualquier caso, si hay un lugar donde ning\u00fan anarquista deber\u00eda estar es en una guerra entre naciones y entre nacionalismos.<\/p>\n<p><strong>El actual enfrentamiento entre la naci\u00f3n espa\u00f1ola (opresora) y la naci\u00f3n catalana (oprimida) es un enfrentamiento entre dos realidades artificiales que solo existen como producto de los dispositivos de dominaci\u00f3n<\/strong>, y es cuando se empieza a considerar positivamente cualquiera de esas dos adscripciones identitarias cuando se abre la puerta de par en par a una xenofobia rampante.<\/p>\n<p><strong>La levedad del argumento independentista<\/strong><\/p>\n<p>A nadie escapa que el actual movimiento soberanista catal\u00e1n es sumamente heterog\u00e9neo. Hay en su seno sectores expl\u00edcita y fervorosamente nacionalistas que exaltan las virtudes de su naci\u00f3n, pero tambi\u00e9n hay sectores que solo exhiben un nacionalismo de oposici\u00f3n que consiste principalmente en rebelarse contra determinadas pr\u00e1cticas de dominaci\u00f3n y rechazar las agresiones e imposiciones del nacionalismo espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Sin embargo,<strong> quienes pertenecen a este segundo sector no perciben que su lucha reactiva por la independencia de la naci\u00f3n catalana representa el \u00e9xito de aquello que la ha reprimido, el nacionalismo del Estado espa\u00f1ol, que no va a desaparecer sino que va a conservar su principio b\u00e1sico transmutandolo en nacionalismo del Estado catal\u00e1n<\/strong>. Esto no hace sino evidenciar el car\u00e1cter hegem\u00f3nico, en el plano simb\u00f3lico, del sistema que les oprime, puesto que solamente pueden pensar la independencia bajo la forma de otra naci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Un tercer sector niega expl\u00edcitamente ser nacionalista e insiste en que lo que persigue es, simplemente, romper la dependencia del Estado espa\u00f1ol<\/strong>, y conseguir que la gente variopinta, de m\u00faltiples nacionalidades y lenguas, que habita ese territorio pueda decidir libremente la forma pol\u00edtica de su sociedad. Ese independentismo sostiene que su catalanismo, inclusivo y abierto, no es identitario, y que se siente orgulloso de su impureza \u00e9tnica. La base de su argumentaci\u00f3n es que no pretenden independizar naciones, sino, pueblos y territorios.<\/p>\n<p>Ahora bien, \u00bfde qu\u00e9 pueblo hablamos? \u00bfAcaso del pueblo trabajador? \u00bfY de qu\u00e9 territorio? \u00bfC\u00f3mo se definen sus l\u00edmites? Lo que se exige no es la independencia de una comarca, o de un determinado colectivo, sino de Catalunya, y es la independencia de esa entidad, perfilada como naci\u00f3n, la que se reclama. <strong>Ese independentismo que dice no ser nacionalista presupone la existencia de la naci\u00f3n en la misma forma en que lo hace el nacionalismo<\/strong>, y es, precisamente, porque sit\u00faa la naci\u00f3n como la unidad natural en el plano pol\u00edtico, por lo que considera que Catalunya, al igual que cualquier otra naci\u00f3n deber\u00eda poder ser independiente. M\u00e1s que hablar de independentistas no nacionalistas quiz\u00e1s ser\u00eda m\u00e1s acertado calificar ese sector como nacionalistas pol\u00edticamente reticentes a reconocerse como tales.<\/p>\n<p><strong>Un cuarto sector est\u00e1 constituido por libertarios que, sin sentir como propia la independencia de la naci\u00f3n catalana, ven el Proc\u00e9s como la oportunidad para crear una ruptura capaz de desencadenar un proceso constituyente pol\u00edticamente emancipador<\/strong>, y argumentan que hay que involucrarse en el movimiento soberanista para ensanchar la brecha que puede contribuir a abrir.<\/p>\n<p><strong>En esa misma l\u00ednea, otros acuden a la viej\u00edsima teor\u00eda del enemigo principal y de los avances graduales, para sostener que hay que derrotar primero al nacionalismo dominante, el espa\u00f1ol, aunque haya que pactar con otro nacionalismo, el catal\u00e1n, a fin de despejar la v\u00eda para ulteriores avances emancipatorios<\/strong>. Rizando el rizo, hay quien dice incluso que hay que luchar para que Catalunya consiga su independencia porque de esa forma se acabar\u00e1, por fin, la reivindicaci\u00f3n nacionalista, y se podr\u00e1 plantear los temas que de verdad importan.<\/p>\n<p><strong>Lo que las diversas posturas que no participan de un fervor nacionalista expl\u00edcito no alcanzan a ver es que la participaci\u00f3n en la lucha por la independencia conduce, inevitablemente, y sean cuales sean las motivaciones subyacentes, a imprimir un fuert\u00edsimo impulso al nacionalismo<\/strong>. No se puede participar en el independentismo sin excitar unos sentimientos nacionalistas que han demostrado ser tan peligrosos que todas las opciones progresistas huyen de esa etiqueta como de la peste.<\/p>\n<p><strong>Tampoco se pude participar en el proceso independentista arguyendo que su eventual \u00e9xito no dar\u00e1 necesariamente lugar a la creaci\u00f3n de un nuevo Estado<\/strong>. Aunque no lo afirmo con total seguridad, creo que no existe en el planeta ning\u00fan espacio geogr\u00e1fico que no pertenezca a un determinado Estado.<strong> Eso hace que la independizaci\u00f3n de cualquier territorio desemboque, necesariamente, en la construcci\u00f3n de un nuevo Estado<\/strong>, porque esa es la condici\u00f3n para que un territorio configurado como una unidad geopol\u00edtica independiente pueda encajar en su entorno y relacionarse con las entidades pol\u00edticas que lo estructuran y que tienen todas ellas la forma de un Estado. La independencia de Catalunya no deroga a esa regla y desembocar\u00e1, si se consigue, en la creaci\u00f3n del Estado catal\u00e1n (federal o centralista), opinen lo que opinen los independentistas anti estatalistas (una confederaci\u00f3n supra-estatal de regiones, al estilo de lo que algunos contemplan en Euskadi no suprime el aparato estatal).<\/p>\n<p>Por suerte, eso no condena todo proyecto de independencia.<strong> La condici\u00f3n de posibilidad de una independencia que no suponga la creaci\u00f3n de un nuevo Estado radica en que no se tome un territorio como objeto a independizar, sino una determinada configuraci\u00f3n pol\u00edtica.<\/strong> Por supuesto, esa configuraci\u00f3n se mueve necesariamente en un determinado espacio, pero no hace de ese espacio su principio vertebrador ni lo convierte en la entidad a independizar. Con lo cual su entorno relacional no est\u00e1 constituido por los dem\u00e1s Estados, sino por otras conformaciones pol\u00edticas afines, situadas o no en su mismo espacio geogr\u00e1fico. Son, por lo tanto, criterios pol\u00edticos (modos de vida, de intercambios, de proyectos etc\u2026) y no criterios de ubicaci\u00f3n territorial los que deben definir la entidad en busca de independencia, si esta no quiere acabar tomando la forma de un Estado.<\/p>\n<p><strong>El espejismo del derecho a decidir<\/strong><\/p>\n<p>Dirigente de la CUP, partidario de un Estado catal\u00e1n y aliado con un partido neoliberal nacionalista y corrupto como es CiU, un insigne militante independentista como <strong>David Fernandez manifestaba hace poco que \u201cla cuesti\u00f3n de la autodeterminaci\u00f3n no apunta nada m\u00e1s que a la capacidad de autogobernarnos, de que el futuro de este pueblo, en clave democr\u00e1tica, lo decida su gente\u201d.<\/strong> Una declaraci\u00f3n con la que aparentemente solo podemos estar de acuerdo. La autodeterminaci\u00f3n constituye, en efecto, un principio pol\u00edtico que ampara el derecho a la libre reuni\u00f3n y separaci\u00f3n por encima de cualquier imposici\u00f3n, es decir, en definitiva, el derecho a decidir libremente.<\/p>\n<p>Sin embargo,<strong> si el derecho a decidir constituye un valor indiscutible, su contextualizaci\u00f3n en un \u00e1mbito particular y la manera en que se usa, s\u00ed que se prestan a discusi\u00f3n porque la afirmaci\u00f3n de su valor descansa sobre una trampa.<\/strong><\/p>\n<p>Veamos, un principio general como es el derecho a decidir adquiere un determinado valor y un determinado significado en el seno de un marco axiol\u00f3gico donde puede ser evaluado y comparado con los otros valores que lo componen. Ese mismo principio general trasladado a otro marco adquiere un significado distinto y especifico que exige una nueva valoraci\u00f3n. <strong>La trampa consiste en tratar el mencionado principio general como si su valor y su significado siguiesen siendo los mismos que los que tiene en el marco puramente axiol\u00f3gico, ocultando y enmascarando el hecho de que al extraerlo de ese marco y trasladarlo a un contexto distinto adquiere otra significaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>\u00bf<strong>Qui\u00e9n puede no apoyar fervorosamente el derecho a decidir? \u00bfPero, verdad que si lo insertamos en un contexto empresarial el derecho que tienen las multinacionales a decidir libremente sus fusiones y separaciones ya no resulta tan valioso ni tan indiscutible?<\/strong><\/p>\n<p>El derecho a decidir que se esgrime en el marco del Proc\u00e9s no se formula en abstracto, ni concierne cualquier \u00e1mbito de decisi\u00f3n, es el derecho que se tiene, porque se es una naci\u00f3n, a decidir independizarse o no en tanto que naci\u00f3n. <strong>Si resulta, adem\u00e1s, que esa autodeterminaci\u00f3n est\u00e1 auspiciada desde el poder, vehiculada mediante urnas institucionales, y limitada a un \u00fanico tema decidido por las elites gobernantes, solo puede ser un simulacro de autodeterminaci\u00f3n y una instrumentalizaci\u00f3n descarada del proclamado derecho a decidir.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfAutodeterminaci\u00f3n?, por supuesto, pero de verdad, sin seguir los pasos de las instituciones. Transformaciones en m\u00faltiples \u00e1mbitos, llevadas a cabo directamente por los colectivos concernidos. Un derecho a decidir que se limite cambiar una bandera por otra y a crear un nuevo Estado-Naci\u00f3n no nos concierne, ni puede motivar nuestra lucha.<\/strong><\/p>\n<p><strong>A modo de conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p><strong>Est\u00e1 claro que debemos luchar contra el nacionalismo espa\u00f1ol, y que uno de los yugos de los que nos tenemos que liberar es la opresi\u00f3n del Estado espa\u00f1ol. Pero no porqu\u00e9 esa opresi\u00f3n nos constri\u00f1a en tanto que miembros de una naci\u00f3n, de un pa\u00eds, de un pueblo, de un territorio, o como se le quiera llamar, sino porque es un instrumento de dominaci\u00f3n y queremos romperlo, pero sin darle la satisfacci\u00f3n de reproducir mim\u00e9ticamente sus propios principios basados en \u201cel hecho nacional\u201d.<\/strong><\/p>\n<p>No se trata de entorpecer la independencia de Catalunya, pero tampoco de ayudar a que acontezca, se trata de no ocultar el enga\u00f1o que supone para los de abajo que se les venda la moto de que esa lucha merece su colaboraci\u00f3n, y evidenciar el substrato nacionalista sobre la que descansa.<\/p>\n<p>Muy probablemente no podamos evitar ser andaluces o catalanes, y quiz\u00e1s ni siquiera nos apetezca evitarlo, pero lo que s\u00ed podemos evitar es transformar esa caracter\u00edstica identitaria en un elemento primordial. <strong>Porque lo importante es el peso que concedemos en nuestras se\u00f1as de identidad a la adscripci\u00f3n a una lengua, a un territorio, o a una naci\u00f3n, as\u00ed como, el peso que representan esas adscripciones en los valores que asumimos, o en la acci\u00f3n pol\u00edtica que desarrollamos.<\/strong><\/p>\n<p>Ese peso va desde cero hasta el infinito. Como es sabido, desde<strong> el anarquismo se le concede un peso que se sit\u00faa muy cerca de cero, mientras que el peso que le dan, por ejemplo, los nacional-socialistas, tiende hacia el infinito<\/strong>. El punto exacto donde nos situamos, entre esos dos polos extremos, depende de nuestro grado de nacionalismo, consciente o inconsciente.<\/p>\n<p>En Catalunya, debemos elegir entre arroparnos, ya sea materialmente, o solo simb\u00f3licamente, en una estelada, o bien luchar desde las ideas libertarias. Y, a partir de ah\u00ed, que cada cual elija leg\u00edtimamente lo suyo. Ahora bien, <strong>si hacemos lo uno, si nos involucramos en el Proc\u00e9s, no podemos hacer lo otro, que consiste en luchar para erradicar todas las formas de la dominaci\u00f3n, porque eso ser\u00eda tan incompatible como arroparnos en la bandera espa\u00f1ola en lugar de desairarla con desprecio y, al mismo tiempo, proclamarnos anarquistas.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ahora bien, si las naciones han sido hechas, tambi\u00e9n pueden ser deshechas, y uno de nuestros cometidos consiste, precisamente, en deshacerlas. Debemos ser resueltamente nacionalicidas, luchar contra la funci\u00f3n pol\u00edtica que cumple el concepto de naci\u00f3n y denunciar los enormes recursos de todo tipo que se invierten en la construcci\u00f3n simb\u00f3lica, y en el mantenimiento de la realidad nacional, tanto si se trata de naciones con Estado como sin Estado, porqu\u00e9 en tanto que participes de las ideas libertarias no es que queramos una naci\u00f3n sin Estado, es que no queremos ni un Estado ni una naci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Tomas Ib\u00e1\u00f1ez. Libre Pensamiento 83. Verano 2015<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify\">La actual coyuntura pol\u00edtica catalana nos apremia a explorar un s\u00edmil del famoso tri\u00e1ngulo de las Bermudas, cuyos v\u00e9rtices se denominan en este caso Independentismo, Nacionalismo y Derecho a decidir. Se trata de un misterioso tri\u00e1ngulo donde naufragan, una tras otra, las naves libertarias que se adentran ingenuamente en sus aguas al son de persuasivos cantos de sirena. El prop\u00f3sito de este art\u00edculo no es otro que el de intentar avistar algunos de los rec\u00f3nditos escollos que aguardan a esas naves, y acotar algunas de las falacias que desconfiguran unos mapas de navegaci\u00f3n convertidos de esa forma en fat\u00eddicas trampas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\"><strong>La falacia de la Naci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En su c\u00e9lebre libro \u201cNacionalismo y cultura\u201d Rudolf Rocker escribi\u00f3 hace ya mucho tiempo: <strong>\u201cTodo nacionalismo es reaccionario\u2026\u201d.<\/strong> Esa afirmaci\u00f3n, asumida por buena parte del anarquismo y que hago m\u00eda sin reservas, ha sido tildada de simplista por ignorar el amplio abanico de significados que encierra el concepto de naci\u00f3n y por limitarse al que elabor\u00f3 la narrativa del romanticismo. Conviene pues retomar la cuesti\u00f3n de la naci\u00f3n y del nacionalismo con un inter\u00e9s tanto mayor cuanto que el nacionalismo no solo representa uno de los v\u00e9rtices del inquietante tri\u00e1ngulo al que me he referido, sino que tambi\u00e9n constituye la peligrosa corriente de fondo que agita sus aguas.<\/p>\n","protected":false},"author":191,"featured_media":11233,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-11232","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-temas"],"publishpress_future_action":{"enabled":false,"date":"2026-10-28 05:43:04","action":"change-status","newStatus":"draft","terms":[],"taxonomy":"category","extraData":[]},"publishpress_future_workflow_manual_trigger":{"enabledWorkflows":[]},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11232","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/191"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11232"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11232\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11233"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11232"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11232"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.cgt-lkn.org\/bizkaia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11232"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}